Relato: "Un café y un polvo" Parte 16 (Capítulo 48)

jueves, 13 de abril de 2017
Ir a:     Inicio          Capítulo 47       "Un café y un polvo"

<------------------------->
PARTE 16. CUANDO EL RÍO SUENA, AGUA LLEVA.

CAPÍTULO 48. HABLARLO NO SIEMPRE AYUDA.

LUCIA
Desde ese día, donde todos supieron mi decisión de tener a mis pequeñas, todo había cambiado. Creo que fue el punto de inflexión de un antes y un después de la vida de todas nosotras, no siempre para bien.

Habían pasado varias semanas. Martina y Alba seguían sin hablarse. Mi hermana, gilipollas como siempre, pasaba las noches fuera de casa. Martina, encabezonada y con un cambio de actitud bastante notorio, se negaba en rotundo hablar del tema para solucionar la situación. Yo, en medio de ambas, intentando poner orden a todo eso. No quiero ni puedo decantarme por ninguna. Alba es mi hermana. Sé cómo es, por todo lo que ha pasado. Sé que es necesario que cambie un poco porque termina echando de su vida a todo el mundo. Esa fuerza, ese genio, ese pronto… es su esencia. Lo que debería es saber encauzarla mejor.

Martina siempre ha sido un amor desde que la conozco. Paciente, racional, afable. En todo este tiempo, no ha parado de pasarle cosas. La han violado, su violador es la pareja de su madre, la muerte de Cati… y sé que hay cosas mucho más graves, pero que no me quiere contar. No es de extrañar que Martina ya no sea la misma. Es más dura. Parece haber puesto un muro alrededor de ella para su defensa. Esa confianza que le tenía a todo el mundo, ha desaparecido. No le culpo. Confió en personas que después le han hecho mucho daño.

Yo sigo pensando en tener a mis bebés. Manu está conmigo en esa decisión. Fue entendible la reacción de ese día. Se marchó en el momento que se lo dije. No quiso huir, buscaba estar solo para poder asimilar todo lo que le venía encima. Tenía que sopesar todo el remolino de sentimientos que le estaban volviendo loco.
Ese día, donde Alba estampó la copa de vino en la pared, Manu regresó a casa. No por la amenaza que mi hermana le hizo de cortarle los huevos como me dejara sola en esos momentos, sino porque estaba enamorado de mí. Quería a estas niñas que eran fruto de nuestro amor. Quería estar conmigo siempre. No suelo equivocarme. Sé que lo que me dijo es lo que realmente sentía… y siente. Ahora está viviendo conmigo en casa de Alba. Él no quiere que diga eso, teme como a una vara verde a mi hermana, evitando tener cualquier desencuentro con ella. Manu prefiere que diga que pasa todo el tiempo posible conmigo, solo eso. Es tan idiota que no quiere deshacer la maleta con su ropa. Sus cosas de aseo siempre las guarda en su neceser, y la ropa sucia las lleva a casa de su madre para lavarlas allí. Le horroriza que Alba llegue a pensar que él también se ha instalado en su casa. Me hace gracia su forma de actuar, es adorable.

— ¡Qué bien huele en esta cocina!

La expresión de Martina me hizo reír y sacarme de mis pensamientos.

— El hambre agudiza los sentidos, Martina. Prepara la mesa, por favor. Esto está casi listo.
— Claro. ¿Cuántos somos para comer?
— ¿Alba viene a comer?
— No lo sé, ni me importa.
— ¡Martina, por favor! No podéis seguir así. Es absurdo.
— Lu, no insistas. Sé que es tu hermana y que la quieres, pero ya estoy harta de ser siempre la que de su brazo a torcer. Debe aprender a no ser tan egoísta y a controlarse, al menos, con las personas de su entorno. Sinceramente, creo que eso nunca ocurrirá.
— ¡No digas eso! La conoces tan bien como yo. Exteriormente es todo lo que dices, pero sabes que interiormente es una niña tierna, temerosa de sus monstruos y que necesita su refugio de paz. Eso se lo da sus amigas, su familia y, sobre todo, tú.
— Yo también necesito mi refugio de paz, Lu. ¿O eso nadie lo entiende? Todas me decís que lo intente arreglar con Alba, pero nadie se atreve a decírselo a ella. ¿Por qué? ¿Es que yo no merezco ese refugio?
— ¡Claro que sí! Ambas os lo merecéis. Por eso, quiero que os arregléis y empecéis a entenderos de una vez.
— Con Alba es imposible. De hecho, tengo las maletas preparadas. Vuelvo al piso que compartía con Gabi.
— ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo?
— Que me voy, Lu. No aguanto estar aquí, ver a Alba y no dirigirnos la palabra. Saber que hay noches que no duerme ni en casa. ¿Eso para qué lo hace? ¿Para joderme más de lo que estoy? ¡Eso no es arreglar una mierda!
— Necesitáis estar a solas. Os falta mucha comunicación y privacidad. ¡Joder! No me había dado cuenta hasta ahora. Almu y yo nos vamos de nuevo a casa de mi madre. Ustedes lo arregláis solitas en casa y punto.
— ¡Ni se te ocurra mudarte de nuevo! Además, ya está decidido y hablado con Gabi. Se lo diré, de todos modos, a Alba. Lo que me faltaba es que encima se enterase por terceras personas de que me he ido.
— No quiero ni imaginarme cómo se lo va a tomar cuando se lo digas.
— Me da igual como se lo tome. Es su problema, no el mío.
— No te da igual, y lo sabes.

ALBA
¡Para qué mierda iba a irme mejor las cosas! Si pueden complicarse más, pues porqué no. Problemas y más problemas. Después, me dicen en mi puta cara, que siempre estoy estresada, cabreada y que no se puede hablar conmigo sin que termine alzándole la voz.

La decisión de Lucía me tenía alterada. Esta niña no terminaba de enterarse de la responsabilidad que conllevaba tener dos crías con solo diecisiete años. Mi casa era una puta residencia de adolescentes. Por más que quisiera enmascarar la situación el capullo de Manu, estaba claro que se había instalado allí también. Siempre decía, que una persona vive en un lugar cuando su cepillo de dientes está en el baño de dicho lugar. Me hacía reír el muy gilipollas, estando, varias veces, a punto de repicarle que también se dice cuando todas las noches se le oye gemir junto con sonidos extraños de cama. La verdad, es que no sé porqué no se lo he soltado ya para que no me chulee tanto con el cepillito de los cojones. Mi madre no terminaba de salir de esa depresión en la que había caído tras la muerte del cabrón de mi padre. Y Martina… Ella era mi tendón de Aquiles. No podía estar sin ella, pero con ella tampoco. Llevábamos semanas sin dirigirnos la palabra. Ya no dormía en mi habitación, la sustituyó Almu, y menos mal, porque Lucía y Manu eran como conejos. El preñado ha tenido que revolucionarles las hormonas. Martina comenzó a dormir en la habitación más pequeña de la casa. No la había habilitado para nada en concreto, y ella se encargó de darle su uso. Quería acercarme a ella, pero era como un témpano de hielo, insensible, no mostraba interés en mis palabras. Era como estar hablando con las paredes. Lo que más me jodía es que me decía que era yo la que estaba así con ella. ¡Pero de qué coño hablaba! Si era ella la imperturbable. Estar en esa situación era inaguantable. La casa me pesaba sabiendo que Martina estaba a pocos metros de mí y no podía, ni tan siquiera, hablarle. Mandaba a Almu que durmiera con ella, huyendo de mi propia casa. Iba a casa de Doris, de Carmen, de María… Hubo un par de días que aparecí en una habitación desconocida, acompañada de una chica que no sabía ni su nombre. ¡Los putos cubatas y las putas ganas de olvidarme de todo!

Esa mañana, había quedado con Maxi, la chica que iba a intentar averiguar algo sobre la irreguralidad de las cuentas de mi trabajo. Llevaba varias semanas mandándome emails y mensajes al whatsapp. En ellos, se podía ver que algo no cuadraba pero no terminaba de decirme el qué. Conociéndola, sabía que había llegado a descubrir todo el pastel, que estaba jugando conmigo, dándome pequeñas dosis de lo que había averiguado. No tenía el coño para gilipolleces, citándola en mi oficina hoy a las cinco de la tarde. No había ido ni a comer a mi casa. Me compré un sandwich mixto en el bar de al lado y, mientras iba recopilando toda la información que me fue enviando en todas estas semanas, me lo fui devorando casi sin darme cuenta.

Unos golpecitos en la puerta, me hicieron quitar la vista de entre todos los papeles que ya había acumulado. Era Pilar, la secretaria. Se asomaba tímidamente al estar la puerta entreabierta.

— Alba, ya está aquí Maxi. ¿La hago pasar?
— Sí, por supuesto. Hazla pasar y cierra la puerta, por favor.
— ¡Claro! Maxi, pase, por favor. La está esperando. — Pilar abrió de par en par la puerta para que entrara, siempre tan servicial — Alba, disculpa.
— Dime.
— Te recuerdo que en un cuarto de hora tengo que marcharme. Ya te había pedido permiso.
— Sí, sí. No te preocupes. No espero a nadie más.
— De acuerdo, gracias. Buenas tardes — Pilar se despidió cerrando sigilosamente la puerta.

Maxi se fue acercando a mi mesa, con ese contoneo que siempre le caracterizaba. Ella sabía de su atractivo, de su poder de seducción, le gustaba jugar con esas armas. Le sonreí, no podía hacer otra cosa al ver a una persona tan bella.

— Maxi, siéntate, por favor. — le señalé la silla justo enfrente de mi mesa — He impreso toda la documentación que me has ido enviando.
— ¡Vaya! Qué formal te has vuelto, con todo lo que hemos vivido juntas.

Maxi no me hizo ni puto caso. Siguió andando hacia mí, hasta ponerse justo en frente. Me cogió de la barbilla y me besó en los labios. Fue un roce de labios y con mucha intención. Su mirada lo decía todo.

— Prefiero sentarme aquí — colocándose en la esquina de mi mesa. — Así puedo ver mejor.
— Ya veo… — volví a sonreírle.
— ¡Venga, cielo! No seas tan suspicaz. Para ver mejor toda la documentación.
— ¡Sí, claro! Bueno… vamos al lío, Maxi. Está claro que, con todo lo que me has mandado, tú ya lo has descubierto todo.
— ¿Ahhh, sí? ¿Y en qué te basas para decir eso?

Me miraba juguetona, mordiéndose el labio inferior mientras cruzaba las piernas en un movimiento exageradamente sexy. Sin darme cuenta, mi vista estaba en su entrepierna cuando se acomodó, dándome cuenta que no llevaba bragas. Tuve un escalofrío.

— Alba, ¿estás centrada en los documentos o en que no llevo bragas?
— ¡Coño, Maxi! ¿Por qué haces esto?
— ¿El qué?
— ¡Provocarme! Estamos aquí por trabajo…
— También puede ser por placer, ¿o ya no te acuerdas de lo bien que lo hemos pasado?
— Hace tiempo de aquello, Maxi.
— Porque tú quisiste. Podíamos haber seguido con lo que teníamos.
— No teníamos nada. Solo follábamos.
— Pero lo disfrutábamos mucho.
— La verdad es que eran unos polvos increíbles.
— Ves…

Cogió mi mano, colocándola en la parte interior de su muslo. Notaba su calor, ese calor de la excitación en estado puro. Mi mano cobró vida, comenzando a acariciárselo. Mis ganas eran de ir más allá, mi mente desea saber todo ese misterio.

— Maxi, cuéntamelo todo.
— Mis labios están sellados hasta que me los abras tú.
— ¡No seas capulla! Dímelo y terminemos con esto.
— No seas capulla tú, y termina lo que has comenzado — dijo mientras miraba como le acariciaba los muslos. — Acábalo y lo sabrás todo.

Lo cierto es que no puse mucha resistencia. Estaba muy cachonda, Maxi siempre supo ponerme así. La tenía encima de mi mesa, abierta de piernas, instándome a saborearle. Mis ganas de volverla a probar ganaron a mi mente, la cual me pedía centrarme en el trabajo. Ahora, mi trabajo era ella. Le abrí los labios, como Maxi quería, pero esos labios húmedos de la excitación, resbaladizos. Con mis dedos fui masturbándola lentamente. Comenzaron a oírse los primeros gemidos, abriéndose más a mí. Deslicé mi silla, acercándome hasta tener su sexo frente a mi cara. Ya la olía, sentía ese calor que irradiaba, quería volver a probar su sabor. Mi boca besó su sexo. Continué con mi lengua jugando con su clítoris ya inflamado. Zigzagueé en él, lo acaricié de arriba abajo, de abajo arriba. Maxi se tumbó más hacia atrás, apoyándose con sus codos en la mesa. Su respiración era agitada, igual que la mía. La iba a hacer mía. Con mi dedo corazón hice un recorrido por todo su sexo, mientras mi lengua continuaba su juego clitoriano. Quería estar dentro de ella.

— Alba, necesito hablar contigo.

La puerta se abrió de repente mientras escuchaba esa frase. ¡Esa voz! Me levanté a la velocidad de un rayo, mirando hacia esa dirección. No me equivocaba, era Martina.
<------------------------->


Ir a:     Inicio          Capítulo 47       "Un café y un polvo"          Capítulo 49

Arwenundomiel

8 comentarios:

  1. Bueno vaya lío,esto ya empieza a tener un desenlace...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un desenlace y, parece ser, un tremendo lío. A ver como continúa todo. Gracias por comentar.

      Eliminar
  2. Por fin volvieron Alba y Martina... Que lindo se va a poner esto!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad es que esto tiene pinta que se va a liar parda. Gracias por tu comentario.

      Eliminar
  3. Creo que esto se va a liar y luego comienza el desenlace, eeeh otro cap después de muchoo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Parece que este capítulo da mucho de que hablar, ehhhh??? Vamos a ver en qué acaba todo. Gracias por comentar.

      Eliminar
  4. Aún van a publicar más capítulos????
    La espera es tormentosas....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, no lo hemos dejado. Lo que ocurre, es que nos ha coincidido con la convocatoria del I Concurso de Relatos Lésbicos, donde he sido la organizadora de todo el evento. En cuanto se termine y se haga la entrega de premios, volveré con la historia de Alba y Martina.

      Eliminar