Relato erótico: Ella

jueves, 20 de abril de 2017
Todo ocurrió en un segundo. Mi boca penetró en la suya como un puñal que se clava en las entrañas, y mi lengua buscaba impaciente su sabor. Poco después​, estábamos desnudas, una frente a la otra, mirándonos con ojos encendidos, deseosas de tocar cada rincón de nuestros cuerpos.


La atrapé con mis brazos y la conduje hasta la pared de la habitación. La cogí en brazos, hasta que entrelazó sus piernas a mi cintura, provocando que su coño me rozara, abrasándome la piel con el calor que ella desprendía. Enseguida noté como mi sexo se convertía en un mar embravecido, así que no me pude contener. Me introduje los dedos hasta lo más profundo de mi ser, mientras le lamía los pezones erectos y duros como el hielo. Ella no paraba de gemir al ritmo de mis movimientos así que, sin previo aviso, desmontó de mi cintura, cogió mi mano llevándola a su boca y chupó el dulce néctar que recorría mi piel.


Eso terminó de encender las brasas de mi cuerpo y la tiré sobre la cama. Ella me miró con fuego en los ojos y se abrió de piernas, dejándome libre el camino que llevaba hasta su clítoris duro y enrojecido. Sin más, me abalance sobre ella y empecé a chupar y chupar y chupar, chupando hasta que sus gritos y gemidos sonaron ahogados por el placer que estaba experimentando. Pero yo no quería que acabara. Quería que siguiera disfrutando, gozando de un éxtasis infinito, así que paré y me incorporé cogiendo sus manos y pasándolas por encima de su cabeza para poder atarla. La besé desde la frente hasta la punta de los dedos de los pies, viendo como su vello se erizaba al paso de mis labios, de mi lengua, de mis dedos. Me aseguré de excitarla al máximo, de que estuviera tan húmeda que ni el calor del infierno pudiera secarla. Fue entonces cuando saqué el arnés, me lo puse y la penetré. Una embestida, dos, tres… y así hasta que las gotas de su humedad recorrieron mi dildo, hasta que gritó mi nombre, hasta que su voz entrecortada me decía que no podía más, que quería correrse.


La desaté para que sus manos sudorosas pudieran tocarme mientras que yo seguía penetrándola cada vez más fuerte. Quería que llegara al clímax y hacer caso a su deseo. La cogí de la cintura y la senté en mis piernas sin salirme de su interior. Acto seguido, empezó a moverse, arriba y abajo, arriba y abajo, como si de una experta amazona se tratara. Cada vez iba más rápido. Su respiración se agitaba, sus gemidos eran música para mis oídos y cada vez más fuertes, más seguidos, lo cual significaba que el final estaba cerca, tan cerca que se corrió. Se corrió una vez, dos… Sus espasmos eran fuertes y sus gritos ensordecedores. Un mar brotaba de su coño dejándome las piernas empapadas.


De repente, desperté… Noté que estaba húmeda y muy excitada. Miré al otro de la cama y allí estaba ella, dormida y completamente desnuda. La miré y una sonrisa traviesa se dibujó en mi cara porque solo había una cosa que podía hacer.

FIN

Escrito por Vane

3 comentarios:

  1. Bueno pues como mi pareja, he de decir que estoy orgullosa de que escriba cosas así, normalmente solo lo comparte conmigo, y me encanta que también lo haga con vosotras.

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    1. A nosotras también nos encanta que haya decidido colaborar con nuestro blog y, he de decir, que con muy buena acogida. Enhorabuena Vane. Gracias por comentar Nika

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    2. Gracias a vosotras por acogerme tan bien.Jamas pensé que lo haría,pero me animé y estoy muy contenta con el resultado.

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