Concentración por el colectivo LGTB de Chechenia

miércoles, 26 de abril de 2017

Ayer, en la plaza de la Constitución de Málaga, hubo una concentración organizada por asociaciones y entidades LGTB, pidiendo que se investigue lo sucedido en Chechenia contra la población LGTB.

A esta manifestación, se unía el ayuntamiento de Málaga, cuyo representante al acto fue el propio alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre. Se pretendía con ello, dar apoyo y solidaridad a las personas homosexuales y bisexuales que fueron perseguidos en Chechenia.

Se leyó un manifiesto donde se comunicaba la solidaridad pero, además, se exigía investigaciones ante esos hechos, y así  poder ser llevados ante la justicia los responsables de esa barbarie. Se solicitaba, también, explicaciones a Rusia por todo lo sucedido y que los culpables no queden sin ser juzgados.
Además, se demandó al Gobierno español que condene la violación de derechos humanos en Chechenia, como también las declaraciones de odio que realizaron las autoridades de esa república hacia el colectivo LGTB.

Tras la lectura del manifiesto, un colectivo de transexuales también mostraba su apoyo al colectivo LGTB en Chechenia, aprovechando para  manifestarse ante la gran pasividad que hay en todas las entidades, tanto gubernamentales como educativas, ante todo lo referente a la transexualidad.

Pudimos escuchar testimonios propios de transexuales donde se plasmaba la no conformidad y el poco respeto hacia ellos, exigiendo la concienciación y que promuevan la aceptación en la sociedad de este colectivo.

Escrito por Arwenundomiel

Película: La chica danesa

martes, 25 de abril de 2017
Director: Tom Hooper
Reparto: Eddie RedmayneAlicia VikanderAmber HeardMatthias Schoenaerts,Ben WhishawSebastian KochEmerald FennellVictoria EmslieAdrian Schiller,Jeanne AbrahamRebecca RootCosima ShawEleanor HafnerAlicia Woodhouse,Ole Dupont
Género: BiografíaDramaHistoria
Año: 2015
Duración: 120 min.
Sinopsis: Inspirada en la historia real de Einar Mogens Wegener, también conocido como Lili Elbe. Este ilustrador/a danés de principios del siglo XX está considerado/a, oficialmente, como el primer destinatario/a de una cirugía de cambio de sexo, cinco operaciones en dos años de corte experimental que, en última estancia y tras no dar el resultado esperado, le acabaron causaron la muerte en 1931.
La cinta, de igual manera que ocurre en la novela, se centra principalmente en la historia de amor que vivió Einar/Lili con la pintora e ilustradora erótica danesa Gerda Wegener, quién abandonó su exitosa carrera para apoyar a su pareja sentimental.

Comentarios:
En dos palabras: me encantó. Ya me habían hablado de ella, y bastante bien por cierto.
Película basada en una historia real, dándome muchísimo sentimiento. La historia que trata es realmente preciosa. Un amor inmenso e incondicional de la esposa Gerda, quien apoyaría siempre a su esposo en el deseo de cambiarse de sexo. Te hace pensar si realmente existe ese tipo de amor tan enorme, tan sincero, y con tanta entrega. Sinceramente, os diría que sí, que sí existe, y en esta película también nos lo narra. Particularmente a mí, aunque el protagonista es Einar/Lili, la que me ha centrado toda la atención fue su mujer. Maravillosa donde las haya.

Increíble interpretación de Eddie Redmayne que, desde que lo vi en la película de La teoría del todo, lo sigo desde entonces. Mis más sincera enhorabuena por este trabajo.

Os la recomiendo que la veáis sí o sí. Seguro que la veré varias veces más, con lágrimas en los ojos siempre.
Escrito por Arwenundomiel



Bueno, comentaros lo maravillosa que me ha parecido esta película aunque, he de decir, que me pasé buena parte de las dos horas llorando a moco tendido.

Si habéis leído la biografía de Einar Wegener, encontraréis algunos fallos dentro de la trama de la película pero, al fin y al cabo, si la hicieran al pie de la letra, duraría al menos 5 horas.

Escrito por Nika

Juguete erótico: Bolas tailandesas anales Flexi Felix

martes, 18 de abril de 2017

Bolas tailandesas anales Flexi Felix de Fun Factory

Este divertido gusanito será un buen amigo para vuestros juegos eróticos. Aumentará esa sensación de placer en el momento del orgasmo, o úsalo también como forma de dilatación del músculo, en vista a una penetración de mayor tamaño.

El material con el que está hecho, silicona de grado médico, hace que sea muy flexible y suave al tacto.
Sus bolas, desde el extremo a su cabeza, va aumentando de tamaño para así ayudar mejor a su introducción en el ano.
Los ojos del gusano es una perfecta sujeción para tirar de él hacia fuera en el momento que decidamos.
Su cabeza, bastante ancha, impide que el juguete pueda introducirse por completo en el ano, evitando así problemas a la hora de la extracción.


Para usarlas analmente, se necesitará lubricación, ya que el esfínter del ano no lubrica por sí solo. Se recomienda lubricante con base de agua (Flexi Felix, al ser de material de silicona, mejor NO usar lubricante con base del mismo material).

Su uso más usual es introducirlo poco a poco, con ayuda de mucha lubricación, mientras estamos en los preliminares. Se deja introducido mientras estamos en los previos. Es una sensación agradable. Se puede tirar de él de vez en cuando, provocando que se dilate un poco el esfínter y luego se contraiga, sacando y volviendo a meter bolas. En el momento próximo al orgasmo, se van extrayendo lentamente, estimulará los músculos anales y aumentará la sensación de placer en ese orgasmo.

Utilízalo también para dilatar el músculo si lo que se tiene pensado es una penetración posterior de mayor tamaño, puede ser un excelente juego de preliminares.

Por supuesto, como con cualquier juguete, nuestra imaginación nos podría dar más formas de jugar con él. Solo es animarse, probar y disfrutar de ello.

Ficha técnica:

Marca: Fun Factory
Material: Silicona de grado médico                                             
Textura: Suave, blanda, abultada
Longitud: 31 cm.                                                                           
Longitud penetrable: 5,5 cm.
Diámetro: Variable (de 1,7 cm. a 2,5 cm.), crece en tamaño desde el extremo.
Número de bolas:  bolas ovaladas.
Necesidad de lubricación (1 a 5): 4                                                                                    
Lubricante compatible: Base de agua.
Propiedades: Libre de látex, hipoalergénico, no poroso, sumergible 
                      en agua.                                                                        
Mantenimiento: Lavar con agua tibia y jabón neutro.
Nivel de experiencia: Iniciado                                                                           

Escrito por Arwenundomiel
Fuente: Sex Coolture

Relato: "Un café y un polvo" Parte 16 (Capítulo 48)

jueves, 13 de abril de 2017
Ir a:     Inicio          Capítulo 47       "Un café y un polvo"

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PARTE 16. CUANDO EL RÍO SUENA, AGUA LLEVA.

CAPÍTULO 48. HABLARLO NO SIEMPRE AYUDA.

LUCIA
Desde ese día, donde todos supieron mi decisión de tener a mis pequeñas, todo había cambiado. Creo que fue el punto de inflexión de un antes y un después de la vida de todas nosotras, no siempre para bien.

Habían pasado varias semanas. Martina y Alba seguían sin hablarse. Mi hermana, gilipollas como siempre, pasaba las noches fuera de casa. Martina, encabezonada y con un cambio de actitud bastante notorio, se negaba en rotundo hablar del tema para solucionar la situación. Yo, en medio de ambas, intentando poner orden a todo eso. No quiero ni puedo decantarme por ninguna. Alba es mi hermana. Sé cómo es, por todo lo que ha pasado. Sé que es necesario que cambie un poco porque termina echando de su vida a todo el mundo. Esa fuerza, ese genio, ese pronto… es su esencia. Lo que debería es saber encauzarla mejor.

Martina siempre ha sido un amor desde que la conozco. Paciente, racional, afable. En todo este tiempo, no ha parado de pasarle cosas. La han violado, su violador es la pareja de su madre, la muerte de Cati… y sé que hay cosas mucho más graves, pero que no me quiere contar. No es de extrañar que Martina ya no sea la misma. Es más dura. Parece haber puesto un muro alrededor de ella para su defensa. Esa confianza que le tenía a todo el mundo, ha desaparecido. No le culpo. Confió en personas que después le han hecho mucho daño.

Yo sigo pensando en tener a mis bebés. Manu está conmigo en esa decisión. Fue entendible la reacción de ese día. Se marchó en el momento que se lo dije. No quiso huir, buscaba estar solo para poder asimilar todo lo que le venía encima. Tenía que sopesar todo el remolino de sentimientos que le estaban volviendo loco.
Ese día, donde Alba estampó la copa de vino en la pared, Manu regresó a casa. No por la amenaza que mi hermana le hizo de cortarle los huevos como me dejara sola en esos momentos, sino porque estaba enamorado de mí. Quería a estas niñas que eran fruto de nuestro amor. Quería estar conmigo siempre. No suelo equivocarme. Sé que lo que me dijo es lo que realmente sentía… y siente. Ahora está viviendo conmigo en casa de Alba. Él no quiere que diga eso, teme como a una vara verde a mi hermana, evitando tener cualquier desencuentro con ella. Manu prefiere que diga que pasa todo el tiempo posible conmigo, solo eso. Es tan idiota que no quiere deshacer la maleta con su ropa. Sus cosas de aseo siempre las guarda en su neceser, y la ropa sucia las lleva a casa de su madre para lavarlas allí. Le horroriza que Alba llegue a pensar que él también se ha instalado en su casa. Me hace gracia su forma de actuar, es adorable.

— ¡Qué bien huele en esta cocina!

La expresión de Martina me hizo reír y sacarme de mis pensamientos.

— El hambre agudiza los sentidos, Martina. Prepara la mesa, por favor. Esto está casi listo.
— Claro. ¿Cuántos somos para comer?
— ¿Alba viene a comer?
— No lo sé, ni me importa.
— ¡Martina, por favor! No podéis seguir así. Es absurdo.
— Lu, no insistas. Sé que es tu hermana y que la quieres, pero ya estoy harta de ser siempre la que de su brazo a torcer. Debe aprender a no ser tan egoísta y a controlarse, al menos, con las personas de su entorno. Sinceramente, creo que eso nunca ocurrirá.
— ¡No digas eso! La conoces tan bien como yo. Exteriormente es todo lo que dices, pero sabes que interiormente es una niña tierna, temerosa de sus monstruos y que necesita su refugio de paz. Eso se lo da sus amigas, su familia y, sobre todo, tú.
— Yo también necesito mi refugio de paz, Lu. ¿O eso nadie lo entiende? Todas me decís que lo intente arreglar con Alba, pero nadie se atreve a decírselo a ella. ¿Por qué? ¿Es que yo no merezco ese refugio?
— ¡Claro que sí! Ambas os lo merecéis. Por eso, quiero que os arregléis y empecéis a entenderos de una vez.
— Con Alba es imposible. De hecho, tengo las maletas preparadas. Vuelvo al piso que compartía con Gabi.
— ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo?
— Que me voy, Lu. No aguanto estar aquí, ver a Alba y no dirigirnos la palabra. Saber que hay noches que no duerme ni en casa. ¿Eso para qué lo hace? ¿Para joderme más de lo que estoy? ¡Eso no es arreglar una mierda!
— Necesitáis estar a solas. Os falta mucha comunicación y privacidad. ¡Joder! No me había dado cuenta hasta ahora. Almu y yo nos vamos de nuevo a casa de mi madre. Ustedes lo arregláis solitas en casa y punto.
— ¡Ni se te ocurra mudarte de nuevo! Además, ya está decidido y hablado con Gabi. Se lo diré, de todos modos, a Alba. Lo que me faltaba es que encima se enterase por terceras personas de que me he ido.
— No quiero ni imaginarme cómo se lo va a tomar cuando se lo digas.
— Me da igual como se lo tome. Es su problema, no el mío.
— No te da igual, y lo sabes.

ALBA
¡Para qué mierda iba a irme mejor las cosas! Si pueden complicarse más, pues porqué no. Problemas y más problemas. Después, me dicen en mi puta cara, que siempre estoy estresada, cabreada y que no se puede hablar conmigo sin que termine alzándole la voz.

La decisión de Lucía me tenía alterada. Esta niña no terminaba de enterarse de la responsabilidad que conllevaba tener dos crías con solo diecisiete años. Mi casa era una puta residencia de adolescentes. Por más que quisiera enmascarar la situación el capullo de Manu, estaba claro que se había instalado allí también. Siempre decía, que una persona vive en un lugar cuando su cepillo de dientes está en el baño de dicho lugar. Me hacía reír el muy gilipollas, estando, varias veces, a punto de repicarle que también se dice cuando todas las noches se le oye gemir junto con sonidos extraños de cama. La verdad, es que no sé porqué no se lo he soltado ya para que no me chulee tanto con el cepillito de los cojones. Mi madre no terminaba de salir de esa depresión en la que había caído tras la muerte del cabrón de mi padre. Y Martina… Ella era mi tendón de Aquiles. No podía estar sin ella, pero con ella tampoco. Llevábamos semanas sin dirigirnos la palabra. Ya no dormía en mi habitación, la sustituyó Almu, y menos mal, porque Lucía y Manu eran como conejos. El preñado ha tenido que revolucionarles las hormonas. Martina comenzó a dormir en la habitación más pequeña de la casa. No la había habilitado para nada en concreto, y ella se encargó de darle su uso. Quería acercarme a ella, pero era como un témpano de hielo, insensible, no mostraba interés en mis palabras. Era como estar hablando con las paredes. Lo que más me jodía es que me decía que era yo la que estaba así con ella. ¡Pero de qué coño hablaba! Si era ella la imperturbable. Estar en esa situación era inaguantable. La casa me pesaba sabiendo que Martina estaba a pocos metros de mí y no podía, ni tan siquiera, hablarle. Mandaba a Almu que durmiera con ella, huyendo de mi propia casa. Iba a casa de Doris, de Carmen, de María… Hubo un par de días que aparecí en una habitación desconocida, acompañada de una chica que no sabía ni su nombre. ¡Los putos cubatas y las putas ganas de olvidarme de todo!

Esa mañana, había quedado con Maxi, la chica que iba a intentar averiguar algo sobre la irreguralidad de las cuentas de mi trabajo. Llevaba varias semanas mandándome emails y mensajes al whatsapp. En ellos, se podía ver que algo no cuadraba pero no terminaba de decirme el qué. Conociéndola, sabía que había llegado a descubrir todo el pastel, que estaba jugando conmigo, dándome pequeñas dosis de lo que había averiguado. No tenía el coño para gilipolleces, citándola en mi oficina hoy a las cinco de la tarde. No había ido ni a comer a mi casa. Me compré un sandwich mixto en el bar de al lado y, mientras iba recopilando toda la información que me fue enviando en todas estas semanas, me lo fui devorando casi sin darme cuenta.

Unos golpecitos en la puerta, me hicieron quitar la vista de entre todos los papeles que ya había acumulado. Era Pilar, la secretaria. Se asomaba tímidamente al estar la puerta entreabierta.

— Alba, ya está aquí Maxi. ¿La hago pasar?
— Sí, por supuesto. Hazla pasar y cierra la puerta, por favor.
— ¡Claro! Maxi, pase, por favor. La está esperando. — Pilar abrió de par en par la puerta para que entrara, siempre tan servicial — Alba, disculpa.
— Dime.
— Te recuerdo que en un cuarto de hora tengo que marcharme. Ya te había pedido permiso.
— Sí, sí. No te preocupes. No espero a nadie más.
— De acuerdo, gracias. Buenas tardes — Pilar se despidió cerrando sigilosamente la puerta.

Maxi se fue acercando a mi mesa, con ese contoneo que siempre le caracterizaba. Ella sabía de su atractivo, de su poder de seducción, le gustaba jugar con esas armas. Le sonreí, no podía hacer otra cosa al ver a una persona tan bella.

— Maxi, siéntate, por favor. — le señalé la silla justo enfrente de mi mesa — He impreso toda la documentación que me has ido enviando.
— ¡Vaya! Qué formal te has vuelto, con todo lo que hemos vivido juntas.

Maxi no me hizo ni puto caso. Siguió andando hacia mí, hasta ponerse justo en frente. Me cogió de la barbilla y me besó en los labios. Fue un roce de labios y con mucha intención. Su mirada lo decía todo.

— Prefiero sentarme aquí — colocándose en la esquina de mi mesa. — Así puedo ver mejor.
— Ya veo… — volví a sonreírle.
— ¡Venga, cielo! No seas tan suspicaz. Para ver mejor toda la documentación.
— ¡Sí, claro! Bueno… vamos al lío, Maxi. Está claro que, con todo lo que me has mandado, tú ya lo has descubierto todo.
— ¿Ahhh, sí? ¿Y en qué te basas para decir eso?

Me miraba juguetona, mordiéndose el labio inferior mientras cruzaba las piernas en un movimiento exageradamente sexy. Sin darme cuenta, mi vista estaba en su entrepierna cuando se acomodó, dándome cuenta que no llevaba bragas. Tuve un escalofrío.

— Alba, ¿estás centrada en los documentos o en que no llevo bragas?
— ¡Coño, Maxi! ¿Por qué haces esto?
— ¿El qué?
— ¡Provocarme! Estamos aquí por trabajo…
— También puede ser por placer, ¿o ya no te acuerdas de lo bien que lo hemos pasado?
— Hace tiempo de aquello, Maxi.
— Porque tú quisiste. Podíamos haber seguido con lo que teníamos.
— No teníamos nada. Solo follábamos.
— Pero lo disfrutábamos mucho.
— La verdad es que eran unos polvos increíbles.
— Ves…

Cogió mi mano, colocándola en la parte interior de su muslo. Notaba su calor, ese calor de la excitación en estado puro. Mi mano cobró vida, comenzando a acariciárselo. Mis ganas eran de ir más allá, mi mente desea saber todo ese misterio.

— Maxi, cuéntamelo todo.
— Mis labios están sellados hasta que me los abras tú.
— ¡No seas capulla! Dímelo y terminemos con esto.
— No seas capulla tú, y termina lo que has comenzado — dijo mientras miraba como le acariciaba los muslos. — Acábalo y lo sabrás todo.

Lo cierto es que no puse mucha resistencia. Estaba muy cachonda, Maxi siempre supo ponerme así. La tenía encima de mi mesa, abierta de piernas, instándome a saborearle. Mis ganas de volverla a probar ganaron a mi mente, la cual me pedía centrarme en el trabajo. Ahora, mi trabajo era ella. Le abrí los labios, como Maxi quería, pero esos labios húmedos de la excitación, resbaladizos. Con mis dedos fui masturbándola lentamente. Comenzaron a oírse los primeros gemidos, abriéndose más a mí. Deslicé mi silla, acercándome hasta tener su sexo frente a mi cara. Ya la olía, sentía ese calor que irradiaba, quería volver a probar su sabor. Mi boca besó su sexo. Continué con mi lengua jugando con su clítoris ya inflamado. Zigzagueé en él, lo acaricié de arriba abajo, de abajo arriba. Maxi se tumbó más hacia atrás, apoyándose con sus codos en la mesa. Su respiración era agitada, igual que la mía. La iba a hacer mía. Con mi dedo corazón hice un recorrido por todo su sexo, mientras mi lengua continuaba su juego clitoriano. Quería estar dentro de ella.

— Alba, necesito hablar contigo.

La puerta se abrió de repente mientras escuchaba esa frase. ¡Esa voz! Me levanté a la velocidad de un rayo, mirando hacia esa dirección. No me equivocaba, era Martina.
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Arwenundomiel

Poesía: No hubo cena romántica

martes, 11 de abril de 2017
Era una noche fría como mi cama.
Tú vestías con tu mejor sonrisa.
Yo con todos mis miedos.
Cogí mi telescopio y te miré.
Observé la estrella más hermosa del firmamento.
Brillabas con luz propia y desprendías un calor especial.
No hubo cena romántica.
En aquel pub me estrellé contra tu vaso.
Quería beber de ti pero mis monstruos me sujetaban.
Creo que se quedaron en aquel pub, emborrachándose a mi costa.
No fue en el lugar más bonito, pero sí en el ambiente más cálido.
Te aprovechaste de la ausencia de mis monstruos.
Te acercaste y me besaste.
Me invitaste a dar un paseo por tu universo.
Y joder, que bonito era.
Ahora sueño con aquellos paisajes.
Quiero un billete de ida sin retorno.



Escrito por Kroki

Relato: Respira...

jueves, 6 de abril de 2017
Observo cómo entra en mi piel, cómo aparecen esas pequeñas gotas de sangre tras el recorrido lento por mi muslo. Puedo localizar el dolor, controlar su intensidad, su porqué… Siento alivio en estos momentos, la paz interior que necesito para sobrellevar esta mierda de vida. Vuelvo a dar otro buen trago a este asqueroso whisky que encontré en casa. Esto es lo que quería, lo que buscaba… Un momento de control, de tranquilidad, de calma. Se me nubla la vista. Alzo la botella, como medianamente puedo, sonriendo al ver que casi me lo bebí todo. Paso de “rallarme”. Estoy completamente borracha y me siento de puta madre. La cuchilla penetra en mi muslo de nuevo, consigue que me sienta dueña de lo que siento. Presiono un poco más, lo quiero más profundo. ¡Joder, me he pasado en el corte! Lo controlo. Sé que puedo dominar la situación. Mi corazón se acelera. La cabeza me da vueltas. No consigo atinar con la herida para intentar limpiarla. Mi mano tiembla. Arcadas, pérdida de visión, mareo, inconsciencia.
— ¡Gracias a Dios!¡Está viva! ¡Sandra, llama a una ambulancia!
Los gritos de mi madre me hacen volver de mi letargo. Me va a estallar la cabeza. Le siseo para que amaine sus chillidos. Está de rodillas, frente a mí. Intento recordar lo sucedido, el por qué estoy sentada en el suelo ensangrentado de mi baño. Siento como me da palmaditas en la cara, como me besa la frente, las mejillas...
— No, Vero, no te vuelvas a dormir. Despierta, cariño. Soy mamá. ¡No te quedes ahí mirando!¡Llama de una vez!
— Es que… No… No sé dónde llamar. No sé qué número…
— ¡Al 112! ¡YA!
En ese instante lo recordé todo. Mi madre lograría que mi cabeza estallara en mil pedazos con sus berridos, pero consiguió que me ubicara. Me acordé de ese vomitivo whisky, el sabor perduraba en mi boca, y las heridas… Cinco ¿o fueron seis? Mi mano fue como una exhalación a mi muslo. No quería que viera mis cortes, mis otras cicatrices, mi otra vida.
— No quiero que llames a nadie, Sandra. Cuelga — logré decirle a mi novia, que no sé qué mierda hacía allí y, mucho menos, con mi madre.
— ¡Que llames te he dicho!
— ¡NO!
Grité con las pocas fuerzas que me quedaban, apretándome el muslo inconscientemente. Me produje tal dolor, que volví a desmayarme.
— ¡De nuevo en el mundo de los vivos!
Me besó en los labios. Me aparté inmediatamente, mi boca debía saber a rayos. Miré a mi alrededor. Me encontraba en mi habitación, tumbada en la cama, con mi novia sentada a mi lado. Me habían puesto el pijama y, por el tacto, supuse que me habían curado y vendado las heridas.
— No llamaste, ¿verdad? ¡Me mandarían directamente a un loquero y yo no estoy loca! ¿Entiendes?
— Tranquilízate, mi amor. No, no los llamé. Sé que no estás loca, pero también sé que necesitas ayuda... ¡Pero ya!
Cerré los ojos en señal de asentimiento. Sabía que Sandra tenía razón, pero me daba pavor enfrentarme a todo. Le agarré la mano. Ella hacía que me sintiera más segura de mí misma, me hacía pensar que podía vencer a mis monstruos.
— ¿Y mi madre?¿Se quedó sin voz en uno de esos gritos de loca fumada?
— ¡No digas eso, imbécil! — su sonrisa era aire puro para mis pulmones. Me hacía volver a vivir, a tener ganas de seguir luchando, a poder enfrentarme a todo y a todos. — Tu madre estaba muerta de miedo. La obligué a tomarse una tila. Bueno… Creo que lleva tres o cuatro ya. Tuve que contárselo todo para que no llamara a la ambulancia, lo siento.
Al oír sus palabras, un sudor frío recorrió toda mi columna. Mi gran secreto desvelado a la mujer que, de ahora en adelante, me guardaría en una urna de cristal, no me dejaría sola ni para ir al baño. No lo comprendería. Su hija es la hija perfecta, a la que todo el mundo quiere y admira. No le pueden hacer bullying en el instituto por ser callada y tímida. No puede ser golpeada e insultada solo porque sus compañeras se divierten grabándolo todo. No pueden gritarle “¡bollera de mierda! ¡Tú lo que necesitas es una buena polla que te folle bien!” porque, su hija, no puede ser lesbiana… Todo mi cuerpo tembló solo con imaginármelo. En ese instante, me abrazó como si no hubiera un mañana. Estoy segura que en mi cara se pudo reflejar todo mi miedo. Yo se lo agradecí en el alma, juro que sí, pero esto ya no tenía arreglo ni vuelta atrás.
De repente, la puerta de mi habitación se abrió. Me separé de ella en un microsegundo. Con un manotazo la obligué a levantarse, alejándola de mí. Mi corazón iba a mil y mis pensamientos ya ni te cuento. Quise incorporarme pero mi madre entró rauda, impidiéndolo.
— Tranquila, cariño, cálmate. Sandra, vuélvete a sentar junto a ella — la obedeció sin rechistar. Mi madre, siempre metomentodo, nos cogió las manos para que las juntáramos. Nos miró con esa ternura que siempre, desde pequeña, vi en sus ojos.— Ya me ha contado que estáis juntas desde hace unos meses. ¿Por qué creíste que no lo comprendería? Siempre hemos hablado de todo, y sabes que no tengo ningún problema con todo esto.
— Lo sé, mamá. Supongo que me agobié con… — Se me hizo un nudo en la garganta impidiéndome continuar.
— Shhh… Tranquilízate. Sé por todo lo que estás pasando, Sandra me lo ha contado. No entiendo por qué no has acudido a mí en cuanto empezó todo.
— Creí que podría solucionarlo sola. Bastante tienes con sacarnos adelante.
— Eso es una tontería, Vero. Somos una piña, tú y yo, bueno… Y Sandra — sonreímos las tres — Vamos a salir juntas de todo esto, ¿entiendes? Ya pedí cita con el director del instituto y…
— ¡Ni se te ocurra llevarme a un loquero, mamá! —  la interrumpí. Esa mirada cómplice que cruzaron mi madre y Sandra, lo decía todo.
— Mi amor, sabes perfectamente que hoy te has pasado. No has podido controlarte. Los cortes que te has hecho son casi para ponerte puntos.
— Sí, lo sé.
Bajé la mirada. Mi novia volvía a tener razón. Lo único que creía controlar, en mi mierda de vida, se me escapaba de entre los dedos también.
— ¿Eso es un sí?
No podía resistirme a su sonrisa. Era tan única, tan sincera, tan ella. Afirmé con la cabeza y, sin esperarlo, me encontré con sus dulces labios besando los míos. A mi madre se le escapó una lágrima. La vi rodando solitaria por su mejilla mientras yo, sin miedo al rechazo, me entregaba a ese maravilloso beso.
En ese instante me sentí libre, sin complejos, querida, apoyada. Ya podía respirar con normalidad, sin ahogos, sin esa opresión en el pecho que no me dejaba vivir. Nunca, en mi puta vida, me había sentido tan en paz. Ahora sí tenía claro lo que quería, ME QUERÍA A MÍ.
FIN
Escrito por Arwenundomiel