"¿Qué pasó con los sentimientos de papel?" (Carta 5)

miércoles, 19 de octubre de 2016
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                                                                  Uno de los días en los que el mundo llora.

Querida Elisa,
Siento no haber podido contestar antes. Leí tu carta hace varias semanas, pero no he podido sentarme a contestarte hasta el día de hoy.
Llevamos unos días ajetreados. De esos días en los que la gente no sabe quién es, ni qué quiere, ni a dónde va. Y supongo que soy otro de los extraños casos. He tenido unos días en los que he estado desorientada, perdida y agobiada, y admito que incluso me costaba pensar en vosotras.
Ha habido un virus en todo el poblado, mi amigo Marcos está grave y la verdad, creo que los chamanes ya no saben qué hacer. Las personas caen como moscas y la muerte te rodea, ni siquiera he podido llorar. Esta mañana, he ido a ver a Marcos. Él también se está escribiendo letras con su mujer, ¿te acuerdas de ella? Se llama Sofía y tienen una niña preciosa de siete años, Clara. Solíamos llevar a las niñas juntas a natación, en el pueblo de mis padres. Junto con esta carta te adjunto otra, aunque esté escrita por mí, todo lo que pone ha salido de Marcos. Te he puesto la dirección de Sofía en un papel aparte, te pido que se la hagas llegar.
¿Sabes? A veces pienso en que solo quiero volver. Irme de aquí, abrazar a María y besarte a ti. Hacerte el amor en nuestro jardín y luego quedarme dormida, rodeada por tus brazos. Estoy harta de esto, solo hay destrucción y hambre, y ya no sé lo que he venido a hacer aquí, exactamente. Las clases se han parado, he perdido a varias alumnas, y ellas a su vez, a padres, amigos o abuelos. Así no hay quién explique nada, es comprensible, ¿no crees?
Esta mañana he salido a pasear. Es el primer día en el que he sentido que tenía un momento libre. Y ya sabes que caminar a veces me marca la diferencia entre seguir y no seguir. He caminado por un camino de barro, ayer llovió y aquí enseguida aparece el fango. Creo que el mundo llora con nosotros. Y eso, me reconforta, porque siento que me da permiso para estar triste. Como decía, todo estaba lleno de fango, y antes de que me diera cuenta, el barro me llegaba casi hasta las rodillas y me manchaba por completo los pantalones blancos.
Quizá sea una guarrada, pero ¿sabes lo que he hecho? He caído de rodillas. Y el fango me ha absorbido hasta dejar solo al descubierto mi cabeza y mis brazos. Y ahí dentro, comida por el barro, he llorado.
Y ya sabes que yo siempre creo que la vida a veces te pide seguir. Hoy lo ha hecho, porque justo a mi lado, entre todo el barro. Había una flor azul, una enorme flor azul, tirada sobre el barro. Aquí no hay flores azules, pero ahí estaba ella, tirada. Tan preciosa, tan brillante. Me he puesto de pie y la he cogido. Y las dos, rodeadas de barro, nos hemos vuelto a mi habitación, nos hemos limpiado y te estamos escribiendo.
Tengo las fotos que me enviaste colgadas por la pared de mi cuarto, con un trozo de cuerda. He colocado la flor en un jarrón con agua.
Aún no me voy, estoy aquí. Sé que todo saldrá bien. Es una tontería, pero tengo que seguir.
Cuéntame cómo han ido estas últimas semanas, supongo que estaréis de vacaciones en el pueblo. Por eso he escrito la carta dos veces. Igual que la de Marcos. Te llegará a los dos sitios, o eso espero.
Y dile a mi madre, que sí, hemos vuelto a la antigua. A la época del amor romántico. Y que así, al menos sé, que te tengo arropada con mis letras, igual que tú me tienes a mí entre las tuyas.

                                                            Diana.

P.D: Te adjunto una foto de la flor.


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       Carta 6
Escrito por Buzzys

Relato "Un café y un polvo" Parte 12 (Capítulo 37)

jueves, 13 de octubre de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 36       "Un café y un polvo"

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PARTE 12. PORQUE NADIE VIVE CON UN LIBRO DE INSTRUCCIONES.
CAPÍTULO 37. SI SE ROMPE UNA DE LAS REGLAS ANTERIORES... DESAPARECERÉ.

"-¿Cómo era vuestro amor?
-Era raro, Nina. Era raro. -me miró con una clara expresión de confusión en la cara.
-¿Por raro quieres decir que era diferente?
-No. Quiero decir que era raro.
-Oye, papá... si no quieres hablar... podemos dejarlo aquí.- las lágrimas corrían por sus mejillas, igual que la lluvia por la ventana en la que él perdía la mirada. Mi padre no contestó y yo me levanté de la silla, dispuesta a marcharme. No quería molestar.
-La primera vez que vi a tu madre... - me giré y le miré, esperando que dijese algo más.- la primera vez...- bajó el tono de voz, como si hablase para sí mismo.- pensé que era la mujer más hermosa que había visto nunca.- yo no decía nada, sabía que le estaba costando hablar. Mi padre jamás había hablado de sus sentimientos. Y mucho menos le había visto llorar delante de mí, antes.- ¿Sabes? Ella no se veía así, se veía fea y sin gracia.- pensé en mi madre y me costó imaginarlo, mi madre siempre había sido de esas mujeres que la gente se gira a mirar en la calle. Imaginarla desprotegida ante el espejo era algo que ni se me había pasado por la cabeza.
-Pero si es una de las mujeres más...- no me dejó terminar.
-Lo sé. Pero la gente es mala, Nina. La gente no sabe el daño que puede hacer.- yo me callé y me imaginé a mi madre llorando cada noche porque no le gustaba como era. Inconscientemente una lágrima rodó por mi mejilla. Él seguía mirando por la ventana y me enjugué la lágrima, en un rápido movimiento. - Tu madre era como ese viento suave que se te cuela en el interior de la ropa y te acaricia la piel. Era fuerte como la sensación que te inunda el pecho en un primer beso...- se quedó callado lo que me pareció una eternidad.- He visto como miras a Alba. - se levantó de la silla y me miró fijamente.- He visto como te mira. Sois como una bocanada de aire para la otra, os buscáis con la mirada y sonreís cada vez que vuestros ojos se encuentran. - se metió las manos en los bolsillos y volvió a mirar por la ventana.- Ella dejó de quererme hace tiempo, yo ya sabía lo de Mateo, en algún momento ella me miró como le mira a él. Siento no haberlo evitado, esperaba que se diera cuenta en algún momento de que él no la mira así... Lo siento, Nina, lo siento.- yo asentí mientras la imagen se me nublaba por las lágrimas. Se acercó y me abrazó y yo escondí mi cara en su chaqueta, aspirando el olor característico de mi padre. Siempre olía a menta. 
-Tranquilo- murmuré."



MARTINA
Me paseaba histérica por el salón, Alba no había contestado a mi mensaje.

-¿Quieres calmarte? Quizá no lo haya leído. -Gabi se sentó en el sofá con un tazón de cereales.
-Claro que lo ha leído. Sale en leído.- vi cómo escondía una sonrisilla disimulada.- ¿Y tú de qué te ríes?
-De nada, de nada. Tú cálmate.
-Eso es muy fácil decirlo. - me dejé caer en el sofá.
-¿Por qué no te vistes con otra cosa mientras contesta? Estoy harta de verte con ese albornoz cochambroso.
-Imbécil.- me levanté del sofá.- Es que me siento cómoda.
-Pues siéntete cómoda con otra cosa, anda.- Gabi me sonreía irónica. Los nervios me comían, así que decidí ir a vestirme. Pero no había dado ni un paso cuando sonó el timbre. -Venga, abre.
-¿Quién será? ¿Esperas a alguien?- le pregunté. Abrí la puerta y pretendía girarme rápidamente hacia el cuarto. Pero ver a Alba en la puerta me dejó paralizada. Qué inoportuna era siempre… Me quedé mirándola a los ojos y noté como mi corazón me golpeaba el pecho, como si quisiera avanzar hacia ella. Diría que la abracé, pero prácticamente me lancé hacia sus brazos y escondí la cara en su cuello. Aspirando el olor a crema hidratante, que siempre tenía.
-Hola, pequeña - me susurró. Noté que me derretía por dentro. Necesitaba a Alba en mi vida. Parecía que el mundo nos quería separar cada semana, pero el destino volvía a unirnos continuamente. Estaba hecha para mí. Y yo estaba hecha para ella.
-Oye...- dije bajito para que solo lo pudiera escuchar ella.- No quiero volver a separarme de ti…- Lo decía de forma sincera. Era ella. Alba hacía que mi mundo pudiese girar tranquilamente, quería levantarme cada mañana y que lo primero que viese todos los días, fuese ella. Quería cuidarla y hacer que se sintiese segura. Que cada día tuviese un sitio al que poder llamar hogar. Sentí como se puso tensa tras mis palabras. Nerviosa quizás. Sus manos recorrían mi columna mientras me abrazaba, estaba estudiando todo lo que había cambiado mi cuerpo. Sin palabras, solo con una mirada sincera en sus ojos y un roce de nuestras mejillas, me lo dijo todo. La conocía, sabía que le costaba expresar sus sentimientos por medio de palabras. Se volvió a acercar a mi oído tras un leve beso en mi mejilla.
- Venga, prepáralo todo. Te vienes a vivir unos días conmigo - Se separó y me ofreció un par de maletas que había traído junto con Carmen. Sonreí a Carmen para saludarla.
-¿Qué? - la miraba totalmente sorprendida. ¿Había dicho a vivir? Alba se adentró en el salón y se puso a mirar por la cristalera del balcón. Su respiración se le agitó.
- Que prepares las maletas. Que nos vamos.
-¿A vivir juntas?
- ¿Qué frase no has entendido? No tardes - Me contestó sin tan siquiera mirarme. No entendía porqué me evitaba la mirada.
Carmen se le puso al lado y se pusieron a  hablar en voz baja. Gabi me cogió del brazo y me dirigió a mi habitación con las dos maletas. No conseguía procesar la información.

- ¡Martina! Venga mujer, que tardas más que una tortuga con reuma.- dijo Gabi.
-¿No crees que es una locura? ¿Y por qué no me mira? ¿Por qué ahora quiere vivir conmigo? ¿Me ocultará algo? - las preguntas se me amontonaban en la cabeza.
- ¡No empecemos otra vez! Estoy harta de todos los putos días de este último mes. Ha venido a buscarte. Vete con ella. Punto.
-Hay algo raro.- Gabi metía toda mi ropa en las maletas. -No me mira...
- No digas gilipolleces. Estará cansada, como tú. Todo ha sido muy fuerte para vosotras dos.
-No. No es eso. Lo sé…- ¿Qué sería? Dejé a Gabi metiendo mi habitación entera en dos maletas, de una manera que me haría tener que planchar todo más tarde. En el salón, Alba y Carmen hablaban en cuchicheos.

ALBA
- Alba, ¿Qué coño te pasa ahora? Has venido todo el tiempo con unos nervios del carajo y ahora ni la miras.
- Joder. No sabía que estaba tan mal. Ha adelgazado, sus ojeras no dejan ver esos ojazos que tiene. Está pálida. ¿Por qué mierda no me lo habías dicho antes?
- ¿Perdona? ¿Me lo estás diciendo en serio? Llevo semanas intentando que me escuches, capulla. - Levanté la mirada hacia Carmen. Sí, supongo que con rabia, con ganas de estrangular a alguien - Y no me mires con esa cara, sabes que es verdad - me empujó para que no me acercara más a ella para intimidarla.
- Me cago en la puta, Carmen. ¿Pero tú la has visto?
- ¿Te has visto tú?
- No me jodas, ehhh. Yo no importo. Ella no debió llegar a esto.
-Sí que importas…- la voz de Martina, en un susurro, llegó desde nuestra espalda.- A mí sí.- me miraba fijamente a los ojos.
- Déjate de chorradas y vístete - me dirigí hacia ella y cogiéndole del brazo la hice entrar en su habitación.
-No soy un muñeco ni una niña. Por favor, no me trates como si fuera estúpida.
- ¡Eres estúpida! ¿Tú te has visto? ¿Cómo se te ocurre quedarte de esta manera, joder? Eres gilipollas.
-No tienes mejor aspecto que yo, así que cierra la boca.- me miraba seriamente.- Vamos. - cogió el bolso y salió del cuarto mientras Gabi cerraba las maletas, dirigiéndose al baño. La seguí sin decir palabra. Se quitó el albornoz y pude ver como se le marcaban las costillas en el cuerpo. Cerré la puerta del baño e inconscientemente la abracé. La abracé como si no hubiera nada más en el mundo. Cómo la eché de menos, como la echaba de menos. Quería abrazarla, mimarla, cuidarla. Me dolía en el alma ver en lo que se había convertido. Quería a esa Martina alegre, a esa tocapelotas, a la que me sacaba siempre de mis casillas. Aquella que me hacía vibrar solo con esa mirada. Esa mirada… - Ahora no llores ¿eh? - sonrió y se apartó cuidadosamente. Cogiendo un vestido azul oscuro que estaba colgado detrás de la puerta. Y dejó que se deslizara por sus brazos.
- ¡Qué coño voy a llorar! Eres imbécil. Pero estás preciosa - sí, Martina estaba dentro de ese cuerpo que casi no reconocía. Me acerqué y la besé tiernamente en los labios. Ella me rodeó con los brazos por el cuello, pegándose a mí. Es cierto que las mariposillas existen. Doy fe de ello porque no paraban de revolotear en mi estómago. Se separó ligeramente de mí, pero no dejó de abrazarme.
-Tú también estás preciosa. - sonrió.- ¿Has comido?
- No tengo hambre. Pero ¿dónde quieres ir tú a comer?
-Vamos a comer las dos. Aún me debes una lasaña. - Salió del baño y sonreí al recordar la primera vez que hicimos un intento de comer juntas, acabando en el suelo llenas de lasaña.

Carmen se quedó en casa con Gabi. Ya las vi acurrucaditas en el sofá sobándose por todos los lados. Nosotras colocamos las maletas en el maletero de mi coche y me dispuse a conducir hacia la pizzería que había no muy lejos de mi casa.
Todo el camino lo pasamos casi en silencio. Yo, atenta a la carretera, miraba cada dos por tres de reojo a Martina. Debería estar contenta, estaba a su lado, venía a vivir conmigo, pero no era así como siempre me lo había imaginado. Carraspeé, quería decir cualquier cosa, matar ese silencio tan incómodo, pero no lograba articular palabra. Esta niña producía cortocircutos en mi cuerpo.

-¿Estás bien?- fue ella la que cortó el silencio.
- Sí, genial. Voy a vivir con una niñata que me saca de quicio siempre que hablamos - sonreí queriéndole contagiársela - Gabi estaba loca por sacarte de la casa.- me sacó la lengua y sonrió.
-Soy yo la que va a tener que soportarte.
- ¿Perdona? Eres un grano en el culo, y lo sabes. Y te hospedo porque me da pena de Carmen, porque como no folle con Gabi ya, explotará por combustión espontánea.
-Se están enamorando…- dijo pensativa mirando por la ventanilla.
- Esas cosas solo pasan en las películas moñas. Carmen es… Carmen.

Aparqué justo enfrente de la puerta de entrada de la pizzería. Salí sin mediar palabra y esperé a que Martina saliera con esa parsimonia que le caracterizaba.

- Si eres tan lenta en todo, menuda putada. ¡Venga, sal del coche ya!
-Tendrás que descubrirlo.- dijo saliendo del coche. - Por cierto, estás demasiado delgada…
- ¡No empieces tú también! Con mi familia y Carmen tengo más que suficiente.
-¿Tu familia?
- Ya te lo dije, Martina. Mi madre, mis hermanas… se fueron a vivir de nuevo a su casa. Las veo cada semana.
-Vaya… eso es muy… bueno. Me apetecería ver a Lu de nuevo. ¿Cómo están?
- A ver… niña. ¿Tú me escuchabas cuando te llamaba al móvil? Porque parece que pasabas de mi culo. Te lo dije y te lo digo ahora, sí, están todas bien, y viven sin miedo… y yo también. Anda, pide lo que quieras comer.
-La verdad es que tengo muchas lagunas de las conversaciones por teléfono… podríamos hablarlas un día.- hizo una pausa mirando la carta. Vi como una pequeña mueca de asco, dibujaba su cara por unos segundos.- tomate.
- ¿Tomate? ¡No me toques el coño, Martina! - Llamé al camarero - Por favor, una lasaña para ella. Dos Coca Cola...
-No.- Miró al camarero.- Una ensalada de tomate aliñado, por favor. ¿Tú qué quieres?
- Ni puto caso - le dije al camarero que se quedó a medio escribir la comanda - Las Coca-Colas, lasaña y unas aceitunas.
-He dicho que no, Alba. No empecemos.- el camarero nos miraba confundido.
-¿Entonces?... - No sabía que apuntar en la libreta que llevaba en la mano.
- Tú querías comer, y vas a comer. No me calientes, ehhh.
-Voy a comer el tomate. Punto. No eres mi madre y tengo la capacidad para elegir por mí misma.
- ¡Haz lo que te salga del coño! Yo te espero en el coche - me levanté, me disculpé con el camarero y salí de allí. No soportaba esa situación. Esperaba que me siguiera, siempre lo hacía. Pero esa vez no me siguió. Decidí esperarla en el coche, pero ella no salía de aquel maldito sitio. Habían pasado diez minutos. Si las horas de las comidas iban a ser siempre así, creo que no lo soportaría. Suspiré y me puse a liarme un porro. “Maldita niña. Quién me mandaría a mí enamor… Joder”

MARTINA
La taza humeante de café, rebosaba delante de mis narices. Me la acerqué a los labios y noté como me quemaba la garganta. Aquello no funcionaría. Alba y yo éramos totalmente diferentes. Y ella se empeñaba en parecer una madre. Y yo ni quería ni necesitaba eso de ella. Una cosa era preocuparse. Otra era decidir por mí. De eso había huido precisamente…
Enseguida el cuerpo empezó a temblarme y noté que la respiración se me aceleraba. Todo aquello había sido mi culpa. Por mis ganas de decidir, de… ¿libertad? Ya ni siquiera sabía lo que era aquello sin llorar. Me sentía atrapada por mi propia mente. Más tarde le pediría las maletas a Alba. Debería irme, cambiar de aires. Dejar toda aquella vida que me asfixiaba. Necesitaba uno de los planes de… de Cati. Su pelo rosa me perseguía en sueños, igual que la imagen del padre de Alba, desangrándose en el suelo, Alba inconsciente en una esquina… toda aquella noche…

-Señorita, ¿está bien?- percibí que me había puesto a temblar y me había derramado el café sobre el vestido. Quizá me trataban como una niña porque últimamente no era capaz de hacer nada sola.
-Sí, disculpe. ¿Me puede traer otro café?
-Claro.

Me eché hacia atrás en el sofá, eso haría. Cambiar de aires. Suspiré y las lágrimas cayeron por mis ojos. El móvil vibró en mi bolsillo.

     Mateo: “¿Quieres quedar?”
     Martina: “Sí”

En algún momento debía contar a Gabi que me volvía a ver con Mateo. Cerré los ojos y respiré profundamente. Necesitaba café.

- Venga, pequeña. Deja el móvil ya, y vamos a casa. - Vi a esa otra Alba, la que me hacía tranquilizarme y poder ser yo, la que estaba atenta a mí sin agobiarme.
-He pedido un café, ¿te apetece un cola-cao?
- No me entra nada - se sentó a mi lado. Asentí - Pero te espero a que termines. ¿Con quién te mensajeas? ¿Tu novia? ¿Tu amiga con derecho a roce? ¿Tu…?
-Un conocido…- me limité a decir, evitando mirarla mucho a los ojos. No quería que volviese a cabrearse. Aunque no me gustaba tener que medir lo que hacía y explicarlo todo por evitar enfados con ella.
- Vale, entiendo - me conocía demasiado bien - Espero que sepas lo que haces.
-Sí. - me miré las manos.- Voy a irme.- No la miré, no sé si quería ver su expresión.
- Te vienes conmigo, a casa. - Estuve a punto de volverle a contestar que no quería que nadie me mandase, pero el camarero dejó el café en la mesa y rápidamente lo cogí y bebí de aquella bebida que era capaz de solucionármelo todo. No me levanté de la mesa. Sentí su mano buscando la mía debajo de la mesa, entrelazó sus dedos a los míos. - No te estoy mandando nada, solo quiero que te vengas conmigo. Seguro que saldremos de esta juntas. Tendré que aguantarte - sonrió - y me tendrás que aguantar. Pero saldremos, te lo aseguro.
-Habría que poner ciertas… ¿reglas?
- No me toques mucho las pelotas - observó como yo la fulminaba con la mirada. Suspiró - Habla.
-Primero, cada una decide lo que quiere. Somos adultas que elegimos nuestras decisiones y la otra debe respetarlas, aunque no las entienda. ¿De acuerdo?- la miré a los ojos, sus preciosos ojos marrones… me encantaba el brillo que tenían siempre.
- Nunca te he prohibido nada. Esa regla, sobra. Anda, sigue.
-No me refiero a prohibir, sino a los numeritos. A tratarme como una niña. A elegir o decidir por mí...
- Eres una niñata, ¿cómo quieres que te trate? Sino como una niñatilla que me trae por la calle de la amargura - echó la cabeza hacia atrás y se estiró poniendo las manos en la nuca. Creo que estaba intentando controlarse.
-¿Aceptas o no?
- Joder, que coñazo eres. Sí, sí acepto. ¿Nos podemos ir ya? Quiero tumbarme en mi estupendo sofá.
-No. No nos pondremos límites, es mi segunda regla.
- ¿Qué coño significa eso?
-Que dejaremos que la otra vuele… es parecida a la primera. ¿Qué opinas? - Sabía que la estaba irritando. Esos suspiros profundos… La conocía demasiado bien, pero también sabía por dónde entrarle. Quiso replicarme, me miró y la sonreí tiernamente.
- De acuerdo, niñata. ¡No creas que siempre te saldrás con la tuya! ¿Te enteras? - Me apuntó con el dedo - Bébete ya el puto café de las narices. ¡No sé cómo coño te puede gustar eso! - sonreí.
-Queda una última cosa. Si alguna de las dos reglas anteriores se rompe, volveré a mi piso.- sabía que no le gustaría. Bebí de mi café rápidamente.
- ¿Vas a tocarme mucho las narices? Pregunto - me levanté.
-No mucho…- le sonreí y fui hacia la salida.
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Buzzys
Arwenundomiel

"¿Qué pasó con los sentimientos de papel?" (Carta 4)

miércoles, 12 de octubre de 2016
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                                                                          Un día ganado o perdido, que importa.

Diana,

Me alegro que te gustase la foto de María.

Aquí hace sol, y anoche vivimos una de esas noches que tú y yo solíamos compartir. Fue una noche estrellada, me salí al patio y tomándome con María, para ver como lucían cada una de las estrellas, te extrañé más de lo que podía imaginar.

María se dejó caer en mi hombro y se quedó dormida como yo solía hacer contigo. Extrañaba esa sensación de sentir el latido de tu corazón, junto con tu respiración, tranquila y suave, el sentir como tus brazos rodeaban mi cuerpo y tus manos me acariciaban.

Te mando unas fotos de hace una semana con los abuelos en el parque, con la pequeña y Duque. También te mando un intento de marca páginas que hice con María.

Tu madre me preguntó por ti, estaba preocupada, dice que lleva unas semanas que no consigue hablar contigo. Le conté que estás sin cobertura y que ahora nos escribimos cartas. Dice que no te imaginaba mandando cartas y que parecemos de una década pasada.

¿Sabes? Cuando me dijo eso, le contesté que me gusta escribirnos cartas, que es cierto que así no te veo, ni te escucho, que adoro ver tu sonrisa y escuchar tu voz, pero que todas estas cartas las leeremos en un futuro y nos recordarán que pese a separarnos, la distancia y el tiempo, pudimos con esto y salimos adelante. Que esto me hace tener aún mas claro, si se puede, que eres toda mi vida y que sin ti y María la vida carece de sentido.

Cada rincón de la casa está llena de momentos juntas. Y sí, recuerdo la cara que se me quedó, pero también recuerdo la que se te quedo a ti, cuando cogí a María y ella, la pintura que te echó por encima. Te sienta tan bien el color azul. Creo que son de las mejores cosas que se han hecho en mi despacho y aún conservo ese rincón manchado en la esquina de detrás de la puerta, ese rincón que miro cuando creo que no puedo seguir. Porque con vosotras me como el mundo, mi vida.

Te queremos mucho,

                                                                 Elisa

P.D.: Te mando una foto que encontré del día de la pintura.

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       Carta 5

Escrito por @srtadesquiciada

Libro:" El amo del placer" por Cherise Sinclair

martes, 11 de octubre de 2016
Autor: Cherise Sinclair
Nº de páginas: 272 págs.
Editorial: PAMIES
Género: Narrativa erótica, BDSM
Comprar: Amazon

Sinopsis: Cuando el novio de Rebecca le confiesa que es miembro de un club de intercambio y le propone viajar con él y sus colegas a una casa rural perdida en las montañas, a ella no le queda más remedio que acceder para intentar salvar su relación. Sin embargo, Rebecca no tarda demasiado tiempo en darse cuenta de que los intercambios no son lo suyo, por lo que se ve en la obligación de buscar un nuevo alojamiento y poner en práctica todos los trucos que conoce para esquivar a los amigos de su novio hasta que termine aquel infernal fin de semana. Finalmente Logan, el propietario del negocio, accede a ayudarla y acaba dejando que duerma en su propia cama. Logan es un Amo con mucha experiencia y se da cuenta desde el principio de que es posible que Rebecca no sea una swinger pero, sin duda, es una sumisa. Una sumisa a la que no le importaría nada entrenar. Durante unos días desenfrenados, Logan la enseñará a perder sus inhibiciones y superar sus complejos, pero lo que no le dice es que puede llegar a perder también su corazón… ¿Serán capaces Rebecca y Logan de enfrentarse a todos sus fantasmas y dar una oportunidad al amor que está surgiendo entre ellos?


Comentarios:
Me da morbo leer sobre BDSM, ya lo he comprobado con varias lecturas.
No voy a repetirme contando de que va la historia, para ello tenéis la sinopsis, me limitaré a comentaros que me pareció.

Con respecto a la historia en sí, no está mal y puede ser totalmente creíble, porque no. Me gustó que se tratara el tema de las mujeres con curvas, porque estoy bastante harta de los estereotipos. Una mujer con curvas es tan bella y deseable como una sin nada de curvas y que se le noten todos los huesos. Está claro que al ser una novela erótica BDSM, la historia se centre en las escenas de sexo, aunque tiene su trama, que es lo importante. Dichas escenas están bien descritas, te meten en la historia y, porque no decirlo, a mí me pusieron a tono.

La lectura se hace bastante amena y ligera. La forma en la que está escrita es muy cercana y no se hace nada pesada. Para aquellos que les guste este tipo de lectura erótico-BDSM creo que les puede gustar.

La única pega que yo, personalmente, le podría poner aquí, es que es una relación heterosexual. ¡Es broma! Lo he puesto porque, aunque en el título ya se sabe que el amo es hombre, este blog va más encaminado al mundo LGTBI y podría haber confusión.

Escrito por Arwenundomiel

Relato "Un café y un polvo" Parte 12 (Capítulo 36)

jueves, 6 de octubre de 2016
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PARTE 12. PORQUE NADIE VIVE CON UN LIBRO DE INSTRUCCIONES.
CAPÍTULO 36. UN BRINDIS DE VIDA Y MUERTE.

Quizá no es el mejor momento para escribir. Aunque, pensándolo, ¿quién dictamina que momento es el correcto para una u otra cosa? Dicen que la vida da muchas vueltas, vueltas que nos descolocan y nos hacen crecer, pero también vueltas que nos zarandean tan fuerte que perdemos toda la estabilidad que podamos tener. Escribo esto en una silla de un hospital, enfrente de la puerta de la habitación de una persona a la que jamás voy a volver a ver viva, después de salir de aquí. Esa es la primera explicación que se me ocurre para dar sentido a los tambaleos en los que me encuentro ahora mismo. En estos momentos, parece ser que la unica opción que te queda es ser fuerte, pero nos equivocamos al pensar que hay que ser fuerte  por uno mismo, lo hacemos para que el que está a nuestra derecha, que también tiene ese nudo en la garganta, como tú, que también acumula lágrimas que le raspan los ojos, como tú, no sufra. Para hacerle creer que todo va bien, aunque ya sabe que no y hace lo mismo por ti. Somos extraños... nuestra manera de querernos es no expresar dolor para que el otro se pueda sentir seguro, ¿eso es la vida? ¿el amor? O quizá es la canción que suena dentro de la habitación, de Julio Iglesias, porque es su cantante favorito. Y la música llega hasta el pasillo, donde acaricia tus oídos suavemente mientras escuchas la letra, "Me va, me va, me va, me va, me va. Me va la vida, me va la gente de aquí y allá". Ironías de la vida, a los que les va la vida, se les lleva. Y los que desean la huida, se siguen despertando cada mañana. 
Y quizá el amor es eso, escuchar una canción y ver a esa persona, reconocerla en cada sonido y saber que en ese momento tu alma y la suya bailan juntas, y lo demás no importa. 
Y de repente, olvidas todo el tabú que rodea a la muerte, como ella te dice: "Es otro paso más, no se debe tener miedo, es un tema que hay que hablar" y lloras, lloras como una niña la primera vez que se da cuenta de que la vida no es como le han prometido. 
Lloras, porque todo va a cambiar. Y porque en ese pasillo de hospital, has aprendido la lección más importante de tu vida, has aprendido a saber lo que es vivir, y eso ya no te lo puede quitar nadie.
Y si os estáis preguntando lo mismo que yo, ahorráoslo, yo tampoco sé lo que he escrito. Supongo que es caos, eso es este texto, caos que brinda por la vida y la muerte.

MARTINA
Hoy hace un mes desde el fin de semana de la cabaña. Siempre había creído que la expresión “se te rompe el corazón”, era una forma de hablar. Una forma estúpida de hablar sobre el amor. No lo es. Se me rompió el corazón hace cuatro semanas. Alba se ha ido, se ha ido para siempre. Y yo nunca la he dicho que la quiero, que muero por ella. Que era el rostro que quería mirar cada mañana. Yo quería protegerla, quería cuidarla. Quería darle un sitio al que siempre pudiese volver, en el que sentirse cómoda. Quería un sitio en el que pudiera… vivir… 

Las lágrimas se deslizan por mis mejillas mientras miro el trozo de piedra que hace de tumba y bajo el que se esconde su cuerpo.

Mi cuerpo se agita y tiembla. Ya ni siquiera recuerdo bien su mirada. No me acuerdo de cuál de sus ojos era más oscuro. En sueños parece que es el derecho, pero juraría que el izquierdo se ponía más negro cada vez que me miraba…

Me sé de memoria aquella maldita roca, llevo mirándola treinta y un días. Quizá sigo esperando que Alba salga y me diga que todo ha sido una broma de mal gusto. Gritarla y odiarla por hacerme eso y luego abrazarla y no soltarla nunca más. Siento que me he vuelto un rehén del mundo, como si me tuviera prisionera en esa pesadilla de la que quiero escapar continuamente. 

Gabi y Carmen esperan a varios metros detrás de mí. No me dejan sola. Dicen que soy peligrosa para mí misma, dicen no sé que de unas pastillas. Yo no consigo ubicar ningún pensamiento en el que no esté Alba. Me he paseado por su piso durante días. He ido a ver 
a Mateo. He ido de fiesta y me he liado con todas las personas que se pusieran delante. 

Quiero provocarla, quiero que vuelva.

Quiero que se enfade y me busque para regañarme, quiero que me diga que soy estúpida por tantas gilipolleces. Solo la quiero a ella. Siento que me ha traicionado. Se ha ido demasiado rápido. Y se ha ido sin mí. Me estoy volviendo loca. Miro detrás de mi espalda continuamente. Por si en un descuido se me escapa verla.

He adelgazado escandalosamente, no consigo retener ni medio gramo de comida. Mi cuerpo lo devuelve. Sabe que no quiere esa energía. Vivo gracias al café, aunque a ella no le gustaba. Es irónico.

He dejado la taza de cola-cao sobre la tumba. Todos los días le traigo un cola- cao y un lirio. Sé que no le gusta el café ni las rosas. Ella me dijo que el lirio significaba “Atrévete a amarme”, así que se lo repito un día tras otro, mediante una flor. Creo que lo sacó de una película. Atrévete a amarme... vuelve.

La roca me mira burlona, cómo si supiera algo que yo no sé. Como si me dijera que no va a pasar nada nuevo. Que cumpliré veintiún años y seguiré trayendo un cola-cao y un lirio a una estúpida roca. Le pego un puñetazo mientras las lágrimas siguen rodando por mis mejillas.

-¡Despierta! ¡Despierta!- pego otro puñetazo y noto el dolor recorriendo mi puño. Incluso eso me recuerda a ella.- ¡Me mentiste! ¡TE ODIO! ¡TE ODIO!

Unas manos me rodean por la cintura y me alejan de la tumba. El dolor vuelve a hacerse insoportable. Mi cuerpo vuelve a notar que no tiene energía. Mi mente nota de nuevo que está llena de pastillas. Y pierdo el conocimiento.

Me levanto empapada en sudor, no consigo devolver la respiración a su cauce normal y las lágrimas se escapan de mis ojos sin que pueda hacer nada por contenerlas. Me levanto y avanzo hacia la cocina.

La cafetera se apaga con un ruido que se me mete por el cuerpo, destrozándome los oídos.
Café. Eso es de lo que prácticamente vivo desde el fin de semana en la cabaña. Maldita cabaña… La cabaña no me deja dormir desde que la sangre me llena los sueños y me levanto ahogada en lágrimas. Cojo la taza y me muevo hacia el baño. Prácticamente me arrastro hasta el espejo. Este me devuelve una imagen que jamás creería que se identificaría conmigo. El pelo está completamente lleno de nudos y está bastante sucio. Las ojeras rodean mis ojos que me devuelven una mirada cansada. La piel está pálida. Y se me marcan exageradamente los pómulos. He adelgazado trece kilos. Suspiro.

Un mes. Hoy hace un mes. No he podido dormir en toda la noche. Bebo de la taza como si beber café fuera a mantenerme viva. Creo que aún no consigo asimilar todo lo que pasó. La velocidad de los momentos. La sangre, las lágrimas, el funeral, la policía… ha sido demasiado. Siento como si algo hubiera muerto en mí. Quizá es la parte inocente, quién sabe. Noto como si me apagase. Y sé, que no soy la única.

-Deberías salir.- Gabi me mira, apoyada en el marco de la puerta.
-Sabes que no voy a hacerlo.- digo quitándome el albornoz y metiéndome en la ducha.

El agua caliente choca contra mi piel y me hace estremecerme. Las gotas me lamen el cuerpo y se mezclan con mis lágrimas. Quizá no esté siendo justa al dejarla sola, tengo que saber si ella también se muere cada vez que cierra los ojos.

ALBA
Siento un nuevo latigazo en mi costado izquierdo.

No puedo soportarlo más. Todas las horas de terapia, todas las sesiones en grupo, toda mi fuerza de voluntad… todo se tambaleaba.

No me entraba nada en el estómago. Carmen lo intentaba por activa y pasiva. Creo que la mandé a la mierda más de un millón de veces. Pero no, ella, como mi sombra, no me dejaba ni un minuto a solas. Comía para que se callara de una puta vez pero, o lo vomitaba todo al instante, o no me entraban más de dos cucharadas.

Este nuevo latigazo me hizo gruñir, sentir… por lo menos volvía a sentir.
Había adelgazado dos tallas, las ojeras ya eran características de mi persona. No pegaba ojo desde ese día de la cabaña. No podía cerrarlos sin ver a ese hijo de puta como iba en mi busca, cuchillo en mano, y como Cati se interpuso entre él y yo.

- ¡Martina!

Lo dije casi en un susurro. Era la primera vez que decía la palabra de seguridad. No tenía fuerzas ni para llevar mi vida de una forma medio decente, ¿cómo pude creer que podría aguantar una sesión de Doris?

Ella paró al instante, sin preguntas, y me desató mientras comenzaba a besarme el hombro y sujetarme por la cintura. Su mano derecha descendió a mi entrepierna haciendo que me abriera a ella. Sus dedos jugaron entre mis labios y mi clítoris. Cerré los ojos y quise dejarme hacer. Quería sentir. ¡Joder, tan díficil era entender que me notaba muerta por dentro! Que necesitaba sentirme viva, sentir algo… Dolor, placer, calor, frío… Algo. Doris me lo podía proporcionar. Hoy hacía exactamente un mes. Hoy, con ayuda de Doris, logré sentir que me dolía hasta el alma. Y mi corazón… mi corazón solo latía por una persona.
Abrí los ojos al pensar en ella, la única que hacía latir mi corazón, por la que había luchado y la única que me daba fuerzas... Martina.

- Doris, para. No puedo seguir. Para.
- ¿Estás segura, cielo?
- Sí. Lo siento, es que…
- Shhh, no tienes que darme ninguna explicación.

Mi móvil vibró, era la entrada de un mensaje de whatsApp. Fui vistiéndome con desgana mientras Doris no dejaba de fijar su mirada en mí.

- Sé que no soy ni la cuarta parte de lo que era antes. Deja de mirarme así, joder.
- Perdona, no era mi intención. Es que no te reconozco. Esa Alba tan… tan…
- No tengo fuerzas ni para aguantar tus latigazos. Todo esto es una mierda, una auténtica mierda. ¿Sabes? Yo era la que debería estar muerta, no ella. ¿Lo entiendes? ¡NO ELLA, JODER!
- Tranquila, cielo. Pero lo tienes que ver desde otro punto de vista. Cati quiso salvarte, ¿y así se lo estás pagando? ¿No crees que le gustaría verte luchando por tu familia, por Martina, por vivir sin miedo? No creo que esté contenta con la versión que está viendo ahora mismo de ti. Sinceramente…

Unos golpes en la puerta interrumpieron el interminable discurso de Doris, ¡Gracias a Dios! Ella fue a abrir mientras yo terminaba de vestirme.

- No te librarás tan fácilmente de mí, con que no te rías - me amenazó con seguir sermoneándome. Sonreí. Todo me daba vueltas en la cabeza, pero reconozco que parte de razón tenía.
- Pero… ¿Qué coño haces aquí?

Carmen entró como un relámpago nada más verme. Tenía una cara de cabreada que me entró hasta la risa tonta al verla así.

- ¿De qué mierda te ríes tú, capulla? ¿Tú te has fijado el aspecto que tienes? No aguantarías ni un polvo, joder - rió conmigo - Anda, termina de arreglarte y vámonos. Eres gilipollas, en serio. - Miró hacia Doris - Y a ti... ¡Ya te vale, joder! Me cago en la puta.

Bufó queriendo decirnos más lindeces pero sin lograr que le salieran las palabras. Me despedí de Doris y miré el mensaje que tenía en mi móvil.

Martina: ¿Quedamos para un café?

Mis pulmones no me respondían. Me ahogaba. ¿Qué me había hecho esta niñata? Era leer su nombre, oírla... o, simplemente pensarla y sentía todo un huracán de sensaciones en mi interior.

- ¿Otra vez riéndote? Me tienes hasta el coño, Alba. Deja el móvil de una puta vez y escúchame. Esto no puede seguir así, ¿me estás escuchando?
- Sí. Yo…
- Yo, nada. Vamos ahora a tu casa a coger unas maletas y nos plantamos en casa de Martina.
- Claro. Ella…
- Me la suda lo que diga ella. Estoy harta de vosotras dos. Le dices que coja sus cosas porque te la llevas a vivir a tu casa. Así, al menos, lloráis y si queréis, os morís de una puta vez pensando en lo que ocurrió, pero juntitas, y así nos dejáis a Gabi y a mí follar tranquilas por fin.
- Perfecto - dije autómata. Mi mente estaba pensando que la volvería a ver.
- ¿Perfecto? ¿Y ya está? ¡Llevo semanas intentando que lo hagas!
- Me acaba de escribir un mensaje. Quiere verme.
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