Relato: Quiero que te quedes (Capítulo 2)

miércoles, 14 de septiembre de 2016
Ir a:     Inicio                    "Quiero que te quedes"


<------------------------->
¿De verdad era mentira? No podía dejar de darle vueltas a todo lo sucedido, y no tuve mejor ocurrencia que cometer la locura de quedar con una desconocida que vivía más cerca de mí que ella y a la que tenía más posibilidades de ver. Así que vino al pueblo a buscarme con su coche y me invitó a cenar en la capital. Podría haber sido una delincuente y aun así yo me fui con ella. ¡Loca tuve que ser! Y resultó ser una chica envidiable: simpática, divertida y culta.
Estuvimos toda la noche charlando como dos cotorras, entre risas y risas. No me divertía así desde hacía muchísimo tiempo. Llegué a mi casa con la ilusión de que ese impulso había marchado bien y con la esperanza de que tal vez sería una buena oportunidad para olvidarme de la chica que me quitaba el sentido. Así que tonteé con la nueva mientras me mantenía alejada todo lo posible de Internet, para no caer en la tentación. ¡Y me costaba, eh!
Volví a quedar con la chavalita, y esta vez cenamos en un lugar diferente. Todo fue sencillamente genial. Aclaro que no llegamos a tener absolutamente ningún tipo de contacto, aparte de los dos besos en la mejilla del saludo y la despedida. No sé si era por mi postura de hacer lo correcto o porque en el fondo dudaba de si podría hacer algo, y además, era pronto para indagar en tales averiguaciones. El caso es que cuando estaba de camino a casa, en el coche de esa chica encantadora, algo vibró en mi pierna, y… en mi corazón, en cuanto vi una llamada perdida de… ¿de quién iba a ser? De mi eterna locura. Suspiré, disimulé y a los pocos minutos me despedí de la muchacha.
Esa llamada perdida había sido un golpe bajo en mi lucha contra el olvido. Y ahora que caía en la cuenta, ¡ella no sabía nada de lo que yo tramaba! Es decir, un día sin más me dio ese espinazo de “pues ahora la olvido” y me esfumé. No sabía nada de mí. ¡Qué tonta fui! Pretendía engañarme a mí misma considerando lo buen partido que era la chavalita nueva, que no quitaba que la chica de mi obsesión no lo fuese, que lo era, y además mucho. Pero claro… yo tenía mi desconfianza fija en ella.
Finalmente, un mensaje de texto suyo a media tarde hizo que me diera cuenta de cuán gilipollas puede llegar a ser el ser humano, en concreto: yo. ¡Decía que yo ya no quería saber nada de ella! Reclamaba mi atención… ¡Me extrañaba! Habían transcurrido dos difíciles e interminables semanas sin ella. La necesitaba. Me rendí. No podía dejar de pensar en ella en ningún instante. ¿Cómo pude creerme la patraña de que lograría quitármela de la cabeza?
En dos días octubre daría su fin. No podía seguir soportando esa tontería. Recurrí a mi familiar, de nuevo en busca de Internet y… ¿os lo creéis si os digo que las películas románticas de Hollywood se quedaron en la suela de mi zapato? Me declaré culpable por cometer el delito de alejarme. Le dije que mis días sin ella eran un sin-vivir y que no podía olvidarla. Que había ahorrado lo suficiente como para viajar en autobús para verla en persona. Lo dejaba todo para irme con ella e incluso lo haría con los ojos vendados, si así me lo pidiese. Que no podía reprimir más lo que sentía por ella. Y que si ella quería, al día siguiente me tendría allí.
Y con las mismas, el día siguiente me planté en Sevilla. Eso sí, ni dormí ni comí. Bueno, traté de engullir algo de alimento para no descuidar mi salud, y ya está. ¡Madre mía! No recuerdo haber tenido nunca tantos nervios. Visitaba el baño con frecuencia y temblaba de una forma completamente anormal. ¡Quería chillar y saltar! Ansiaba abrazarla con todas mis fuerzas y no soltarla jamás.
No se me pasaba por la mente la idea de que no se presentase en la estación. Estaba casi completamente segura de que estaría allí y le vería por primera vez. Pero, al bajar del autobús, por más que miraba de un lado a otro no le veía. ¡Menudo susto me di! Llegó un pelín tarde. Aunque no le regañé, porque en cuanto le vi, solo podía pensar en que ese ángel que había caído del cielo debía estar entre mis brazos. Pero no, fui más tímida que ella y no pasé de los dos besos en la mejilla. Fugaces, muy fugaces.
¿Normalmente se arreglaba tanto? Estaba preciosa con su fino pelo castaño planchado, un bolso que colgaba de sus hombros, tapados por una femenina blusa ajustada, y una falda vaquera de tono apagado. Si caminaba un paso por detrás disfrutaba de unas buenas vistas. Ni sus gafas pudieron ocultar el resalto que le provocaba el maquillaje. ¿Lo había hecho todo por mí?
A esta parlanchina le comió la lengua el gato. Estaba más concentraba en respirar, contenerme y tragar saliva que en hablar. Podría haber saltado como una leona sobre su delicada figura perfilada por los dioses, pero dudaba de si ella querría. No era de mi gusto intercambiar un fuerte abrazo por un tortazo. Fuimos directamente al piso donde residía por sus estudios universitarios, porque tenía que darle la papilla a una adorable cría de agapornis roseicolli. Son como bebés, tienen sus horas de comida. Y ella era su madre. ¡Y qué bien se le daba! Desde el sofá le observaba perpleja mientras le daba alimento y mimos al pajarito, y se me caía la baba descomunalmente. Pensaba: ¡quisiera ser un pájaro para que me trate así!
Dimos un paseo por el centro y nos tomamos un refresco en un bar de ambiente. Llegamos a una hora donde el local estaba vacío, y eso nos proporcionó intimidad. Yo me movía poco a poco hacia su lado mientras ella se alejaba de mí. Era un juego de lo más extraño e hizo que me confundiera.
No cesaba en hacerle ver que me moría por ella, que ansiaba tenerla piel con piel y labio con labio. Claro que no se lo decía directamente. De todas formas, yo parecía una acosadora, ya que ella no me daba señales positivas, aunque tampoco negativas. Todo era muy raro y yo estaba muy nerviosa.
Llegó la noche y consigo la invitación tan anhelada, por lo que dormiría en su piso. Parecía mentira, después de tres meses de contacto por Internet y teléfono, que pasáramos a estar bajo el mismo techo esa noche. Verlo para creerlo. Y preparó una cena exquisita. Fue la primera vez que probé su receta de tortelinis de queso, que contenía: queso en loncha, queso en polvo, tomate y salchichas. Toda una delicia, lo aseguro.
Apagó la luz, nos sentamos en el sofá y puso una película en su ordenador. La lluvia hizo del salón el escenario perfecto para dar un paso hacia delante. La tenía a dos centímetros de mí. Tenía sujeto con debilidad el impulso de acercarme a ella. Apenas podía recobrar el aliento que se escapaba de mis pulmones. Desde la distancia podía imaginarme mis manos temblorosas en sus sonrosadas mejillas, y mis labios sobre los suyos, intranquilos y ardientes. Mi pecho palpitaba poseído por su aura embrujada. Me encontraba floja. Creo que si no hubiera estado sentada, hoy por hoy sabría definir cómo sabe un suelo.  
Con mucha lentitud, fui ladeándome sobre su regazo y, no puedo explicar el cómo, pero acabamos tumbadas a lo largo del sofá: yo con mi espalda pegada al respaldo y con la suya pegada a mí. La abracé y empecé a acariciarla con ternura. Su mejilla, sus labios, su cuello, su brazo…
Me adapté a ella a la perfección y nuestros cuerpos quedaron entrelazados. Yo estaba embelesada, y ella dormida (o eso intentaba aparentar). Le di besitos en el cuello y en la cara, con la más absoluta de las delicadezas. Al poco tiempo, se “despertó”, y fue al baño. Cuando regresó, yo la estaba esperando en mitad del sofá, y se sentó a mi lado. No hablamos, pero entendía mi mirada. Le rodeé con mis brazos, le acerqué hacia mí y le besé en los labios.
Volvimos a tumbarnos con la misma postura y, al finalizar la película, hizo ademán de incorporarse. El silencio era ensordecedor. Entonces, me indicó en qué cuarto dormiría ella y en cuál yo. Ahora que estaba empezando a asimilar su piel junto a la mía, quería separarnos. ¡Qué crueldad! Sin embargo, en cuanto se fijó en mi expresión suplicante y adorable, cambió de parecer. Y así fue cómo me convertí en búho. No pegué ojo en toda la noche, ya que dormitar sería desperdiciar el tiempo, cuando podía invertirlo mejor mimándola (aunque ella no me devolviera las muestras de afecto).
Madrugamos para desplazarnos hasta la estación de autobuses, donde daría lugar nuestra despedida. No sabía cómo tenía que sentirme, porque todo era muy extraño. No abrí la boca, ¿qué iba a decir? Llevaba horas haciéndole carantoñas, y ella ni se movía. La situación no tenía buena pinta, pero tampoco mala, porque tenía boca para haberme dicho “no” si no le apetecía. Y a la hora de dividirnos para que cada una se fuera a su andén, me consumió la duda: le dije adiós y, sin mirarle a los ojos, di media vuelta y partí de inmediato. Sí… salí despavorida hacia mi autobús, con el corazón extasiado y la vergüenza latente.
Horas más tarde, cuando llegué a mi casa, cargué la batería de mi teléfono móvil, porque estaba muy baja. Y, de repente, mirando el móvil, quedé perpleja. “¡¿Eh?! ¿Pero esto qué es?”, musité mientras abría un mensaje de texto de ella. Me lo había enviado justo en el minuto  después de que me fuera, un hecho que noté le pareció divertido e hizo una broma al respecto. Que se notaban las ganas que tenía de verla, porque había salido corriendo y todo. Rompí en una carcajada. Después de todo tenía interés en mí, aunque se hubiera comportado de una forma tan rara. Me ruboricé y experimenté una sensación cálida muy agradable. Algo así como… tranquilidad.
Pero no me hubo de durar mucho esa felicidad, porque poco rato después, mi madre me informó de que una tita muy importante para mí, estaba en el hospital muriendo de cáncer y apenas le quedaban 48 horas de vida. “Chiqui”, así me decía ella cuando yo era pequeña, y eso fue lo que estuve repitiendo una y otra vez por más de una semana, hasta que asimilé su muerte. Y debo confesar que lo llevé mucho mejor de lo que esperaba, porque contaba con un apoyo que nunca había tenido en situaciones similares. Exacto. En ese momento tan triste de mi vida, ella supo estar ahí, aunque no fuera físicamente. Ninguna chica había hecho algo así antes por mí. Y fue cuando comprendí que de verdad le importaba.
El viernes siguiente volví a ir a Sevilla. Todo estaba mucho más nítido desde la primera vez que nos vimos, y yo desprendía felicidad por los poros. La niña estaba sencillamente radiante. Guapísima. El reencuentro fue mágico. Al fin dejó de ser una muñeca inmóvil y nos abrazamos con fuerza. Nos besamos. No cabía en gozo al pensar en la suerte que tenía al tenerla a mi lado y poder pasar todo el fin de semana con ella. Y la verdad es que… nos lo pasamos genial.  
Casi padecía desmayos cuando, con una timidez descomunal, ella pasaba sus dedos por mi cuerpo, para después cubrirse la cara con lo primero que pillaba. Eran pequeñas descargas de electricidad que me desarmaban. Me derretía jugando en la cama a hacernos cosquillas. Me sentía enorme cuando nos dábamos la mano en la calle. Todo era mejor de lo que siempre había imaginado.
La madrugada del domingo, horas antes de que nos volviésemos a separar, trató de convencerme para que me quedara otro día más, y entonces mantuvimos una conversación que yo no estaba dispuesta a aplazar por más tiempo. ¿En qué punto se suponía que estábamos? ¿Qué éramos? ¿Qué sentíamos? Me prometí no volver a estar con nadie hasta estar completamente segura, y por mi parte lo tenía todo muy claro. Pero, ¿y ella qué?
Me habló de sus temores, por un intento de relación fallida que había sufrido en el pasado. ¡Venga ya! ¿A mí me iba a contar miedos? ¿Cuántas veces había fracasado yo?  
Si había perdido hasta la cuenta. Y, para ser sincera, era la primera vez que tenía la certeza de que no estaba dando un paso en falso y que esa persona era idónea para mí. Así que, finalmente opté por hacerle entender que, si no sabía lo que quería, sería muy incómodo que me quedara otro día. Dicho esto, cambié de postura, despegando mi cuerpo del suyo, y respiré muy hondo el aire de otra historia de amor que daba por finalizada. Inhalaba mi derrota.
Creyéndolo todo perdido, cerré los ojos y reprimí mis lágrimas. No quería hacer el ridículo delante de ella y humillarme de ese modo. Entonces, de sus labios brotó un susurro: “quiero que te quedes”. Me volteé, nos miramos, y entonces nos dimos cuenta de que el miedo había quedado en el pasado y que, a partir de ese momento, íbamos a disfrutar de un presente y un futuro juntas.

FIN

Escrito por Verónica Domínguez

Película: De padres a hijas

domingo, 11 de septiembre de 2016
De padres a hijas
Director: Gabriele Muccino
Reparto: Amanda SeyfriedAaron PaulRussell CroweDiane KrugerRyan Eggold,Jane FondaMichelle VeintimillaQuvenzhané WallisOctavia SpencerBruce GreenwoodJanet McTeerKylie RogersKaza Marie AyersmanClaire Chapelli,Brendan Griffin
Género: Drama
Duración: 116 min.
Sinopsis: 'De padres a hijas' es la historia del amor entre un padre y su hija a lo largo de 25 años. La historia transcurre en Nueva York entre la década de los 80, donde Jake Davis (Russell Crowe), novelista ganador del Pulitzer y viudo, lucha contra una enfermedad mental al tiempo que intenta criar a su hija de cinco años, Katie (Kylie Rogers); y el presente, donde Katie (Amanda Seyfried), ya con treinta años, intenta hacer frente a los recuerdos de su problemática infancia.

Comentarios:
Una película preciosa, que me llegó al corazón y, que en más de una ocasión, se me saltaron las lágrimas. La relación de Jake con su hija Katie es de lo más tierna.
A la vez, se va desarrollando dos historias paralelas, que en realidad es la infancia y el presente de Katie. Lo hacen de una manera genial, ya que no te pierdes en ningún momento y a la vez te va dando pistas para el presente. Vas entendiendo, poco a poco, la forma de ser de ella. Al menos a mí, me enganchó desde el primer momento, y eso ya la hace digna de ser recomendada para ver.

Con respecto a los actores, Russell Crowe, como siempre, una actuación buenísima, y Amanda Seyfried no tiene que envidiarle nada porque también me ha gustado su interpretación, y bastante.

Os la recomiendo si os gusta las historias tiernas y no os importa que se os escape alguna lágrima.

Escrito por Arwenundomiel

Relato: Quiero que te quedes (Capítulo 1)

miércoles, 7 de septiembre de 2016
Quiero que te quedes

En la terraza de mi casa, semitumbada en un sillón y respirando el apacible aire nocturno veraniego, que me traía calma y sal, trataba de investigar en las estrellas mi desdicha. Pero yo no tenía conocimientos de Astrología. Simplemente no sabía dónde más buscar respuestas.

Así transcurrió la primera mitad del verano, hasta que una tarde en la ya solitaria playa, donde los cubos de basura rebosaban y las últimas sombrillas eran quitadas, di un paseo mientras desaparecían los últimos rayos de sol. Al igual que un pez de mercadillo no puede vivir en el mar, un cangrejo marino moriría en agua dulce. Eso yo lo sabía, pero no bastaba, no era suficiente. Había un misterio que traspasaba los límites de mi entendimiento.
¡Ni todos los peces eran iguales, ni los cangrejos, ni... las personas!

Cuando mi desconcierto se fugó, amaneció un pensamiento con la luz que a la recién llegada noche le faltaba. No solo tenía que buscar a mi amor adecuado en mi mismo agua, también tendría que ser de mi color, tamaño y sabor. Tenía que saber escoger. En un mundo de ignorantes y lectores, ella debía pertenecer a mi grupo, para así escribir juntas nuestra historia.

Que jamás daría con ella, que siquiera existiría, que me quedaría sola toda mi vida... En una pecera individual... Acabé nuevamente en el sillón de la terraza, iluminada por la esperanza y el pesimismo, que luchaban entre sí para ganarse mi corazón.
Dormí la inseguridad y soñé con un lugar virtual, más bello que la realidad, donde me nombraba como poetisa en un chat de personas con un sinfín de perfiles e intenciones disparatadas. Me aferré al primer hola que leí bien escrito, sin saber que a partir de ahí cambiaría mi destino, y que todo el tiempo que había malgastado equivocándome con otros perfiles ignorantes, acabarían junto a los demás desperdicios en los cubos de basura de la playa.

Inhalaba casualidades que me producían rápidas palpitaciones. Todo el tiempo se reducía a un segundo, y las noches ya no estaban hechas para dormir. Mis dedos se estiraban y encogían por el teclado del ordenador por tal de no tardar en responder.

Provocó intensas llamas que consumían mi pasado glacial. ¡Y me elevé! Me elevé tanto que ya no me importaba caer. Había descubierto que erraba al pensar que ya conocía todas las sensaciones del embrujo que era un enchochamiento.

Se reveló el amor en mí más fuerte que nunca. Los versos brotaban con la misma facilidad con la que respiraba, y se los enviaba, con un beso por sello, soplándolos desde la palma de mi mano, esperando que después de cien kilómetros entraran por la ventana de su cuarto y los guardara en su alma.

Su timidez, me inspiraba adoración, su introversión, duda. Pero no me frené, porque empecé a entenderla entre líneas. Comprendí lo que significaba compatibilidad, y pude notar el vínculo que habíamos construido. Ella terminaba mis frases, yo recitaba sus poemas favoritos, como si fuera algo predecible entre dos personas que se conocen de muchos años.

Mis madrugadas de insomnio pronto hubieron de acabar, pues me quedé sin conexión a Internet. Rogué me diera su número de teléfono y me lo ofreció, y no tardé ni un día en mandarle un mensaje de texto. Ya la echaba de menos. Mi corazón dio un vuelco cuando contestó, pues casi tenía la certeza de que mi entusiasmo por ella no era correspondido en igualdad, y por lo tanto me ignoraría. Desde entonces, estudié su nuevo tímido lenguaje sin Internet, en busca de su interés por mí.

Un milagro me devolvió la conexión. Ya conocía su horario, y desde la tarde la esperaba ansiosa por hablar con ella hasta bien entrada la madrugada, que en verano equivalía a las 05:00 horas de la mañana.

Siempre había algo de qué hablar y nunca se producían silencios más largos que una visita al lavabo. Estaba tan ensimismada en ella que, siendo consciente de mi soltería y haciendo uso de ella, no disfruté realizando el acto sexual con otra chica. Y pensé en ella. Y me sentí mal. Y volví a decirme a mí misma que no tenía compromiso con nadie. Y volví a sentirme como un monstruo pone cuernos. ¡No la conocía en persona! ¿Qué me pasaba? ¿Qué significaba ese sentimiento de culpabilidad?

Apenas la conocía desde hacía un mes y no pude reprimir el vergonzoso acto de la confesión, como si hubiese cometido un delito y tuviese que pagarlo con un duro castigo. Por reprimenda obtuve, dentro de su introversión y mudez, una breve frase indiferente, pero sin serlo en su totalidad y, a su vez, esas letras murmuraban una sonora molestia. Claro está, no éramos pareja, no éramos nada, no nos conocíamos. Pero, sobre todo, no tenía certeza de su correspondencia en sentimientos, solo de mi obsesión por ella.

Ese lamentable bache quedó en el pasado y, por fortuna, esa cosa indefinible como quiera que se llamase que estaba sucediendo entre nosotras, siguió su marcha. Y juro que sentí ese amor que describía Lady Viola en la película Shakespeare in love: “Yo pretendo que haya poesía en mi vida, y aventura, y amor… amor por encima de todo. El amor que es capaz de derrumbar la vida, impetuoso, ingobernable, como un ciclón en el corazón ante el que nada se puede, ya te arruine o te embelese. Yo debo sentir ese amor.”

Un suspiro es expresión en aire. Su significado se halla en un gran arcoíris, y en él, cada color representa una razón de origen. Y ella era la razón de mis suspiros, el motivo de mis sonrisas y la culpable de mis desvelos en la noche.

Finalizó el verano y junto a él mi estancia en la casa de la playa. Tenía que volver al odioso pueblo donde residía el resto del año. Ahora me daría aún más asco la existencia allí, pues estaría sin Internet. De nuevo tuve que hacer triquiñuelas para comunicarme con ella. Locales donde pagaba por un mísero rato de Internet, redes wifi que desaparecían, llamadas telefónicas…

Trabajé durante dos semanas en un almacén de frutas, donde meses después volvería por la temporada de fresas, frambuesas, moras y arándanos. Fueron dos semanas en las que gané poco dinero, pero el suficiente como para ser una agarrada y una buena previsora del futuro que estaba comenzando a imaginar… junto a ella. Me sacaría el carné de conducir ahora que ya no estudiaba y tenía trabajo, e iría a conocerla. Sevilla, ¡cuánto te deseaba!
En un libro de horóscopo perpetuo busqué nuestra compatibilidad. Se me antojaba interesante, y fue delicioso leer lo que quería mi corazón. Por teléfono se lo hice saber. Además, fue una sorpresa la coincidencia de la fecha de su cumpleaños, pues en mis dos relaciones anteriores de más duración, ellas cumplían años con la separación de unos días. Recuerdo contárselo y que se riera tímida comentando lo rápido que la incluía en esa curiosa casualidad.

Una tía suya que vivía por el norte la invitó a su casa y se fue una semana, acompañada de una amiga de la facultad. Yo sabía que su entorno era heterosexual, pero allí, muy cerca del lugar, habitaba la chica que yo consideraba mi rival. Una amiga virtual de ella con la que hablaba a diario y de la que siempre tuve unos celos desmedidos. Se verían, lo sabía. ¿Qué pasaría?

Durante ese tiempo no tuve el más mínimo rastro de ella, no recibí mensajes suyos en las redes sociales, ni llamadas perdidas significantes de recuerdo en mi teléfono móvil. Entonces, esas mariposas en mi estómago que revoloteaban alegremente se transformaron y adquirieron unos punzantes aguijones, que me agujereaban por dentro sin piedad. Pasaba los días, las tardes y las noches, entre cambios de postura en la cama, con el pensamiento de que me ignoraba y meditando si yo le importaba. Por supuesto, imaginaba que quería a la otra, y mil y una preguntas brotaban a la vez por milésimas de segundo. Explotaría.

Apenas hubieron pasado unos días, trasladé mi presencia, un poco de ropa y mi ordenador portátil, a casa de un familiar que tenía conexión a Internet, para pasar el fin de semana allí. Y dichoso el destino que quería que tropezase con ella. Reconozco que no me encontraba muy lúcida, gracias a ese revoltijo en mi corazón al que mi razón era incapaz de imponer un control.

Me esforcé muchísimo para entablar una conversación con ella, y en mis vanos intentos por aparentar normalidad le preguntaba sobre… su viaje. Poco a poco fui sacando los pedacitos de mí en forma de palabras, tecleando sentimientos. Más bien, sufrimientos. En un empujón de coraje le expresé, de forma sutil, mi gran temor y quise saber si era cierto eso que me carcomía por dentro desde el momento en que supe que se marchaba al norte. ¿Se habían liado? ¿Estaban juntas?

La respuesta que recibí fue la peor que me podía haber dado, porque sus palabras fueron escasas, pero las suficientes como para que estallara mi corazón en una infinidad de pedazos. Me recordó mi acto de comienzos de septiembre, en el cual estuve con otra chica, y confesó que algo había pasado. La falta de información fue el arma más poderosa y cruel que existía en ese momento. En cuanto mis ojos terminaron de recorrer esa dura realidad en la pantalla, corté con la mayor rapidez que pude toda comunicación con el mundo exterior. Apagué el pc y el teléfono.

Lloré, relinché, pataleé, y golpeé la cama una y otra vez. Me maldije a mí misma por ser tan estúpida y darme la libertad de sentir tanto por una chica a la que no conocía en persona. Por llegar tan lejos. Debí frenarme a tiempo.

Horas más tarde, en la misma agonía que no se dispersaba, pero que podía equilibrar, encendí el pc en busca de un poema con el que me identificaba en ese momento triste de desamor, y tuve la genial idea de revisar novedades en mis redes sociales, encontrándome así con varios mensajes de preocupación de ella. Procedí a encender el teléfono y saltaron algunas llamadas perdidas. Todas a diferentes horas. ¿Eso significaba que yo le importaba? ¡Bah, qué más daba! Si al fin y al cabo, lo más probable es que estuviera con la otra, que no me quisiera.

Acierto bien si digo que no cené, del nudo tan gordo que me tenía envuelta. A ver quién de las dos dejaba su orgullo atrás para hablar antes. Supongo que fui yo, no lo sé. Hay muchas partes de ese día que, a causa de mi dolor, no recuerdo en mi mente borrosa. Afronté la situación y, junto a mi deseo de que fueran felices tras yo apartarme de sus caminos para siempre, se lo hice saber. Pero algo no andaría bien en su cabeza, llámese remordimientos de pinocha, que luego trató de convencerme de que lo que me dijo por la tarde era mentira.

¿Y ahora quién se creía eso? No era nadie para exigirle nada, pero quise explicaciones de por qué me había mentido de esa forma, cuando tanto ella como yo odiábamos esa conducta de las personas. ¿Por qué esa hipocresía? Y tras mucho raspar en esa introversión siempre tan presente en ella, supe que necesitaba ver mi comportamiento ante eso y que tenía rencor de lo que sucedió en septiembre, y de algún modo le daba un poco de coraje mi reacción cuando yo sí que hice algo. Y yo no condenaba los hechos, en el caso de que hubiera pasado realmente algo, tan solo me hundí en el dolor, inevitable de sentir.

Mi contestación ante su posición fue un manifiesto por mi parte que iluminó la situación entre nosotras, y pudimos ver realmente lo que nos acechaba: amor. Básicamente: me había tenido toda la tarde llorando solo para hacerme saber que sentía lo mismo por mí. ¡Vaya forma más extraña de demostrar las cosas! Y claro, no por tener en claro los sentimientos de ambas, todo iba a ser a raíz de ahí de color rosa. No sabía si podía confiar en ella.
<------------------------->

Ir a:    "Quiero que te quedes"          Continuará...

Escrito por Verónica Domínguez

Huecos...

lunes, 5 de septiembre de 2016
Creo que todo el que lea estas letras entenderá lo que en ellas hablo, e incluso se sentirá identificados en ellas en algún momento.

Quiero empezar dejando la poesía que me hizo escribir sobre esto:

El hueco perfecto


El abrazo que te exime del ruido.

El abrazo que encaja.
El abrazo que grita al callar.
El abrazo que es guarida.
El abrazo que calma si aprieta, que aprieta y no estrangula.
El abrazo que estrella y reconforta al cobijo.
El abrazo que estasia en suspiros.
El abrazo que ensancha almas.
El abrazo que realmente abraza.
La bendita locura de abrazar.


                                (Elena Briones: aprovecha de ti)


Habla de ese hueco perfecto, esa especie de conexión del alma entre dos o varias personas e incluso animales que parecen encajar a la perfección, como esa pieza que completa el puzzle.

Existen huecos, huecos especiales que solo algunos pueden cubrir.
Existen huecos necesarios que están entrelazados con buenos o malos momentos en los que se necesita ese abrazo.
Existen huecos incomparables en los que no hay forma de explicar lo que se siente.

Todos estos son huecos, y otros tantos que faltan. Y todos ellos, corresponden a un abrazo. Cada uno es distinto al anterior o al posterior, no existe ninguno igual porque no existen momentos, personas, sensaciones, sentimientos, emociones, necesidades que sean exactamente iguales.

Mi mayores y mejores ejemplos son estos:

- Los abrazos de los abuelos porque sabes que cuando los pierdes, por desgracia, no volverás a sentirte como cuando te protegen de tus miedos y demonios entre sus brazos, dándote toda la confianza, amor, energía, o/y positivilidad que necesitas.

- Cuando pierdes a tu mascota, en mi caso, un perrito. Sabes que no va a ver nadie que se tire de la misma forma a tus brazos sin importar nada más. Solamente el hecho de que te haga sonreír el recordar esos momentos vale la pena, pese a tener los ojos llenos de lágrimas.

- Cuando estás pasando un mal momento, uno de estos de flaqueza, y alguien aparece dándote ese abrazo que necesitas, que pides a gritos sin mediar palabra.

Pero no todos los abrazos son malos, también están estos:

- Cuando te tiras mucho tiempo sin ver a una persona especial o, simplemente, a alguien que te mueres por ver y, cuando os encontráis, cortáis hasta el aire que debería de correr entre vosotros, si no acaba colgada a ti cual koala.

- Cuando tu primo pequeño viene gritando tu nombre, abriendo los brazos para que lo cojas y, cuando lo haces, sonríe abrazándote.

- Cuando abrazas por primera vez a esa personilla que te llamará hermano/a y te hace sentir que debes protegerlo hasta con tu vida si es necesario.

- Cuando das la espalda a la persona correcta y ésta aprovecha para acercarse despacito a ti, desliza despacio las manos por tu cintura, tu piel se eriza y un escalofrío recorre tu cuerpo, y acaba depositando un beso en tu hombro haciéndote sentir plenamente segura.

El caso es que cada uno tiene su momento, es distinto y especial a su manera, no hay huecos iguales. Pero todos son necesarios, hasta los que se mandan a distancia.

Escrito por @srtadesquiciada

Película: Volverás en mis sueños

domingo, 4 de septiembre de 2016
Volverás en mis sueños
Director: Brett Haley
Reparto: Blythe DannerMartin StarrSam ElliottMalin AkermanJune Squibb,Rhea PerlmanMary Kay PlaceReid ScottJohn BeasleyMax GailMark Adair-RiosJocelyn AyannaAshley SpillersShoniqua ShandaiPatricia Belcher
Género: Comedia, drama
Duración: 92 min.
Sinopsis: Una viuda y ex cantante descubre que la vida puede comenzar de nuevo a cualquier edad.






Comentarios:
Pues por desgracia, la semana pasada hablé de una película que no me gustó, y hoy hablaré de otra que casi voy a decir lo mismo.
Para ser sincera, diré que no es que no me gustara, es que roza ser una película lenta, y eso a mí me mata. Una película que me haga mirar cuanto le queda para que termine, ya no es muy buena película.
La historia tampoco es que enganche mucho que digamos, y si encima no le das algo de emoción, pues menos.
Ella viuda desde hace bastante tiempo. Todo este tiempo no ha querido saber más nada de relaciones nuevas. De repente, algo cambia. Eso es lo que te hace estar un poco más atenta a la historia. Pero todo lo tratan de una forma muy "light" y creo que ahí es donde falla.
No puedo comentar mucho más de la película, porque no da para mucho más

Escrito por Arwenundomiel

Estreno en cartelera 02-Septiembre-16

viernes, 2 de septiembre de 2016
Ben-Hur
Director:Timur Bekmambetov
Reparto:Jack HustonMorgan FreemanToby KebbellOlivia CookeAyelet Zurer,Pedro PascalMarwan KenzariNazanin BoniadiRodrigo SantoroSofía Negro D'EliaMoises AriasPilou AsbækHaluk BilginerMarwan KenzariYasen Atour,David Walmsley
Género: AcciónAventurasDramaHistoria
Duración: 123 min.
Sinopsis: La historia gira en torno a un noble que, acusado falsamente sobrevive a largos años de esclavitud para vengarse de su mejor amigo que le traicionó. Ambos tendrán que elegir entre el castigo y el perdón.

Blood Father
Director: Jean-François Richet
Reparto: Mel GibsonThomas MannWilliam H. MacyElisabeth RöhmRyan DorseyDiego LunaErin MoriartyMichael ParksDale DickeyRaoul Trujillo,Richard CabralTait FletcherDaniel MoncadaKatalina ParrishLuce Rains
Género: Acción, thriller
Duración: 88 min.
Sinopsis: Después de que su novio traficante de drogas le tienda una trampa tras robar una fortuna a un cártel, Lydia (Erin Moriarty), una joven de 18 años, se ve obligada a escapar. En su huída, solo encontrará un aliado: su desastroso padre, John Link (Mel Gibson), un borracho, ex convicto que desea ejercer de buen progenitor. Ahora tiene la oportunidad de hacer lo correcto y salvar la vida de su hija, aunque ello ponga en peligro la suya.

Criminal
Director: Ariel Vromen
Reparto: Kevin CostnerGary OldmanTommy Lee JonesGal GadotAlice Eve,Antje TraueJordi MolláRyan ReynoldsMichael PittScott AdkinsAmaury NolascoNatalie BurnColin SalmonRobert DaviMark Rhino Smith
Género: ThrillerAcción
Duración: 113 min.
Sinopsis: La historia del hombre adecuado en el cuerpo equivocado. En un último esfuerzo para detener una conspiración diabólica, implantan los recuerdos, secretos y habilidades de un agente de la CIA fallecido en un impredecible y peligroso convicto con la esperanza de que completará la misión.

Siete vidas, este gato es un peligro
Director: Barry Sonnenfeld
Reparto: Kevin SpaceyJennifer GarnerMalina WeissmanCheryl Hines,Christopher WalkenRobbie AmellMark ConsuelosTeddy SearsTalitha BatemanLil BubNathaly ThibaultSerge HoudeJay PattersonTalking Tom,Meghan Gabruch
Género: ComediaFamiliarFantasía
Duración: 87 min.
Sinopsis: Tom Brand (Kevin Spacey) es un crack de los negocios, está montado en el dólar y es un idiota integral. Este arriesgado multimillonario se ha propuesto un objetivo y no cejará en su empeño hasta construir el rascacielos más alto del hemisferio norte. Llegará a sacrificar incluso el amor de su familia para completar una maravilla arquitectónica tan titánica como su propio ego.
Tom vive por y para su trabajo, hasta el punto de que se ha distanciado completamente de su pobre familia, incluida su esposa (Jennifer Garner), su ignorado hijo mayor David (Robbie Amell) y la pequeña Rebecca (Malina Weissman), a quien le encantaría pasar más tiempo con su padre. Rebecca va a cumplir 11 años y lleva años pidiéndole el mismo regalo: quiere un gato. Tom odia los felinos, pero por circunstancias de la vida acaba en una tienda de animales mágica regentada por un señor bastante extraño llamado Felix Perkins (Christopher Walken). El estrafalario propietario tiene justo el gato que Brand necesita: un minino llamado Sr. Pelusín.
Después de sufrir un fatídico accidente de camino al cumpleaños de Rebecca, Tom descubre con horror que mientras su cuerpo está en coma en el hospital, su alma ha quedado atrapada en el cuerpo del gato. Tom intenta que su familia se dé cuenta de lo que le ha pasado pero no tarda en comprender que para recuperar su forma humana deberá retomar el contacto con los suyos y convertirse en el marido y el padre que se merecen.

No respires
Director: Fede Álvarez
Reparto: Daniel ZovattoDylan MinnetteJane LevyStephen LangJane May GravesKatia BokorSergej OnopkoJon DonahueBrak LittleEmma Bercovici,Christian Zagia
Género: TerrorThriller
Duración: 88 min.
Sinopsis:Un grupo de amigos asaltan la casa de un hombre rico, y ciego, pensando que lograrán el robo perfecto. Están equivocados, pues el tipo no es el blanco fácil que ellos pensaban.


Lejos del mar
Director: Imanol Uribe
Reparto: Eva AlmayaElena AnayaTeresa ArbolíMaika BarrosoSilvia Conesa,Olivia DelcánEduard FernándezJosé Luis García PérezAdrián Hernández,Ignacio MateosVerónica MoralJuan MotillaMartxelo RubioSusi Sánchez,Manuel Tallafé
Género: DramaThriller
Duración:
Sinopsis: Santi sale de la cárcel y viaja al sur para visitar a Emilio, un antiguo compañero de celda que está enfermo. La casualidad hace que tropiece con Marina, la doctora que atiende a su amigo, con quien Santi tuvo un encuentro terrible hace muchos años y que ha marcado desde entonces la vida de ambos. Este reencuentro les hará enfrentarse a su pasado.

Los visitantes la lían (en la Revolución Francesa)
Director: Jean-Marie Poiré
Reparto: Jean RenoChristian ClavierFranck DuboscKarin ViardSylvie Testud,Marie-Anne ChazelAry AbittanAlex LutzFrédérique BelLorànt Deutsch,Stéphanie CrayencourPascal N'Zonzi
Género: ComediaFantástico
Duración: 110 min.
Sinopsis: Atascados en los corredores del tiempo, Godefroy de Montmirail y su fiel siervo Jacquouille son proyectados en un momento de profundos trastornos políticos y sociales: la Revolución Francesa. En concreto, el Terror, periodo de gran violencia durante el cual los descendientes de Jacquouille La Fripouille, revolucionarios convencidos, confiscan el castillo y todos los bienes de los descendientes de Godefroy de Montmirail, aristócratas arrogantes que huyen y cuya vida pende de un hilo.

Cerca de tu casa
Director: Eduard Cortés
Reparto: Adriana OzoresLluís HomarIvan MassaguéManuel MorónMontse MorilloChristian StammSílvia Pérez CruzVictòria PagèsOriol VilaIvan Benet,Pepo BlascoPaco MorenoJoan NegriéCesar BanderaJéssica Ross
Género: DramaMusical
Duración:
Sinopsis: Tras sufrir un desahucio, Sonia se ve obligada junto a su marido y su hija de diez años a regresar a casa de sus padres. A esta se suman otras historias como la del empleado de la oficina bancaria que se enfrenta al drama de dejar sin casa a sus vecinos de toda la vida o la de un policía que vive atormentado porque debe sacar a familias enteras de sus pisos y dejarlas en la calle... Un drama musical sobre la crisis, la lucha, la solidaridad y la esperanza.


El elegido
Director: Antonio Chavarrías
Reparto: Alfonso HerreraHannah MurrayJulian SandsElvira MínguezFrances BarberHenry GoodmanGustavo Sánchez ParraEmilio EchevarríaJavier Godino,Luis RosalesBrontis JodorowskyAlejandro Calva
Género: Thriller
Duración:
Sinopsis: España, 1937. Un joven oficial republicano llamado Ramón Mercader es reclutado por el servicio de espionaje soviético para participar en una misión de alto secreto ordenada por el propio Stalin: asesinar a León Trotsky, a quien considera un traidor.
Tras un tiempo de preparación en Rusia, Ramón deja la que hasta entonces era su vida y viaja a París bajo una nueva identidad, la de un belga adinerado llamado Jacques Mornard. Allí conoce a Sylvia, una joven trotskista, quien no tardará en ser seducida por Jacques.
En 1940 se reencuentran en México, país en el que Trotsky vive exiliado. Ramón dice refugiarse de la Guerra que asola Europa y Sylvia trabaja como secretaria de Trotsky. Ajena a los verdaderos planes de su amado, Sylvia le abre las puertas de su vida y le introduce en el círculo íntimo de su objetivo.

La puerta abierta
Director: Marina Seresesky
Reparto: Carmen MachiTerele PávezAsier EtxeandiaMar SauraEmilio PalaciosChristian SánchezPaco TousYoima ValdésMonika KowalskaSonia AlmarchaHugo NdiayeLucía Balas
Género: ComediaDrama
Duración: 84 min.
Sinopsis: Rosa es prostituta, heredó el oficio de Antonia, su madre, quien ahora se cree Sara Montiel y convierte su vida cotidiana en un infierno. Rosa no sabe ser feliz. No puede. Pero la llegada inesperada de un nuevo integrante a su particular (y absurda) familia le dará una oportunidad única para lograrlo.

La espera
Director: Piero Messina
Reparto: 
Juliette BinocheLou De LaâgeDomenico DieleGiorgio Colangeli,Giovanni AnzaldoAntonio FollettoCorinna Locastro
Género: Drama
Duración: 100 min.
Sinopsis: Anna (Juliette Binoche) es una mujer francesa que pasa sus días en soledad en su vieja villa de Sicilia. Inesperadamente llega Jeanne (Lou de Laâge), la novia de su hijo Giuseppe, invitada por él a pasar las vacaciones de Pascua. Anna no conoce a Jeanne y Giuseppe no está. Mientras las dos mujeres esperan la llegada de Giuseppe, y pese a los secretos que se ocultan, empiezan a abrirse la una a la otra.

Arwenundomiel