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Ven...

miércoles, 24 de julio de 2019

¿Cómo una simple palabra tuya, un verbo conjugado, puede provocarme tanto?


Lograste conseguirlo, por primera vez, con una frase de únicamente dos palabras. En cuanto te escuché pronunciarla, las mariposillas comenzaron a revolotear en mí haciéndome estremecer y dejándome sin habla. Supiste que algo pasaba. Me preguntaste si estaba bien, pero no logré describirte esa sensación que, por vez primera, me recorrió todo el cuerpo de abajo a arriba. No dudaste, ni por un segundo, en la causa de mi silencio, Has sido tú, con solo palabras, la única que me la has despertado y revolucionado de esa manera.


Con el tiempo, me he dado cuenta que me has agudizado todos los sentidos. La vista y el tacto, como es normal, eran mis sentidos por antonomasia, dejando atrás los otros tres. Tú, y solo tú, has logrado que disfrute de todos ellos contigo.

Vista: uno de los sentidos principales, al menos, para mí. Cómo no quedarme embobada mirándote de pies a cabeza. Atolondrada al mirar tu rostro, tu mirada, tu risa. Quedar seducida por esa boca que me sonríe y me besa.

Tacto: principal como el anterior. Recorrerte por completo con las yemas de mis dedos, con besos o con mordisquitos, es todo un placer. Dibujarte con caricias. Memorizar tu cuerpo, tu silueta, es deleite para mí.

Gusto: sentido que no utilizaba habitualmente. Como diría Víctor Manuel: "Nada sabe tan dulce como tu boca". Saborearte, centímetro a centímetro, es una delicatessen de la cual siempre quiero más.

Olfato: era algo que tenía casi olvidado. El primer día, me puse a oler un jersey tuyo aprovechando que no estabas en ese momento. ¿Qué fue eso? ¿Por qué lo hice? Un impulso, un deseo, un "no sé que" hacía que quisiera oler tu aroma. Nunca en mi vida me había pasado algo parecido, y no fue la única vez, pero todas me las provocas tú. No habría imaginado jamás que escondiéndome en tu cuello, oliendo tu piel, tu pelo, tu perfume, solo deseara estar así por siempre.

Oído: qué decir de este sentido. Tu risa, tus ronroneos, tus susurros, tus sonidos, tus palabras... alimentan mi sentido del oído. Me encanta cerrar los ojos y escucharte. Oírte y sentir millones de mariposillas, sentir mi piel de gallina, ese escalofrío recorriendo mi cuerpo.

No es de extrañar entonces, que con solo un "ven" mi corazón galope como si no hubiera un mañana, mis pulsaciones vayan a mil y mi respiración se agite más y más.
Anhelo escuchar ese "ven" porque, os lo juro, cuando lo escucho de tu boca, el unicornio vomitando arcoíris se queda corto a mi lado. Es tanto el amor, el deseo, la necesidad, el echarte de menos... que el escuchar solo esa palabra, es explotar de alegría.



Dime "ven" y allí estaré. Muevo cielo y tierra, turnos, horas, la montaña de Mahoma si hace falta.
Dime "ven" y tendremos nuestras primeras vacaciones juntas, solas. Disfrutando de la gente, de los paisajes, de nosotras.
Dime "ven" y verás que no son solo palabras, que hay mucho más en esta cosita tan pequeña.
Dime "ven" y me faltarán sentidos para amarte.

Chiquinina

Eres mi mejor casualidad

domingo, 21 de julio de 2019

Tal día como hoy...

Lloré de felicidad al verte allí, conmigo.
Tantas emociones, tantas sensaciones, tanta tensión acumulada... Tenía que explotar y salir de alguna forma. Corrí para que no me vieses llorar pero allí estabas tú, en ese lugar recóndito, detrás de mí abrazándome por la espalda, y con miedo por la incertidumbre de lo que ocurría.
Era felicidad, era alegría, era nervios, era miedo por todo lo que me bullía en el interior.

Nunca nadie me ha hecho sentir tanto como tú.


Tal día como hoy...



Un beso me hizo vibrar de cabeza a los pies. La farola y el manto de estrellas fueron testigos mudos de ese beso tan ansiado desde hacía meses. Un beso que, sin pensarlo siquiera, me cautivó, me enamoró, me hizo tuya por completo. Me podría haber quedado en ese beso eternamente, adentrándome en tu mirada, fundiéndome en tu cuerpo, saboreando tus labios.




Desde ese momento, supe que tú serías, para SIEMPRE, el amor de mi vida.‬


Tal día como hoy...
Unas mariposillas, que nunca creí tener, hicieron que todo mi cuerpo temblara con el simple roce de tus labios con los míos. Me las hiciste sentir, por primera vez, con solo una frase, sin tan siquiera habernos visto. ¿Cómo describírtelo? Imposible, solo sintiéndolas se puede saber de lo que hablo. Gracias por despertármelas. Dijiste que, tarde o temprano, las sentiría y, que fueras tú el motivo de sentirlas, fue lo más maravilloso. Me las revolucionas con lo que me dices, con esas caricias en mi muslo, con esos besos inesperados, tus susurros en mi oído.

Irremediablemente, soy toda tuya, SIEMPRE.

Tal día como hoy...
Vi un cielo estrellado que nunca me hubiera imaginado. Me quedé embobada, anodada al ver tanta belleza. Pero lo que nunca me imaginé fue que, esa chica que tenía delante, la que me estaba enseñando ese maravilloso manto de estrellas, brillara más que toda la vía láctea.
Has hecho que en todas mis noches me acompañen, me iluminen, y con ellas... tú.

Tú eres la que le da luz a mi vida.

Tal día como hoy...

Supe lo que era estar locamente enamorada de una persona. Nunca creí que se pudiera querer y sentir, de una manera tan visceral, a alguien. Encontré en ti el amor de mi vida.

Tú por y para SIEMPRE.



Tal día como hoy...
Eres mi mejor casualidad.
Tal día como hoy...
Eres mi mejor destino.
Tal día como hoy...
Estuvimos De cháchara.
Tal día como hoy...
Jacuzzi a la luz de las velas.
Tal día como hoy...
Nervios, deseo, amor.

TE AMO.

Chiquinina

Me faltas tú

jueves, 16 de mayo de 2019

Si me faltaba confirmarlo, que no es el caso, lo confirmé... Estás muy dentro de mí.

Quizás no imaginaba hasta qué punto. No, sí que me lo imaginaba, lo que ocurre es que antes lo disfrutaba contigo, ahora es un dolor constante.

Me enamoré de ti de una manera inimaginable, sintiendo algo tan profundo que yo misma me sorprendí de ello. Nunca había vivido esto, y ya sabes que mi vida es dilatada. No pensé que se pudiera amar de esa manera tan visceral, tener esa complicidad, ser tan complementarias la una a la otra. Fuiste entrando en mis sentimientos, en mi corazón, en mi piel, en mi mente, en mi vida... que cuando me quise dar cuenta ya eras una parte de mí. Desde ese momento, sabía perfectamente que de ahí no te moverías. Conseguiste llegar a lo más profundo de mi ser, a conocerme tanto o más que yo misma. Eso, como muchas veces dices, a la gente le asusta, pero a mí me encanta.

De esa manera tan increíble entraste para quedarte y no volver a salir de mí. Lo tenía clarísimo antes, y ahora sigo pensando igual, quizás con más convencimiento si cabe.

¡Que tengo que seguir adelante!, lo sé. ¡Que soy fuerte!, también lo sé. ¡Que tengo que salir, entrar, socializarme! Lo sé, lo sé y lo sé. Es lo que intento, pero se me hace muy cuesta arriba. Siempre estás ahí, siempre pensando que si estuviera contigo todo sería perfecto, no que ahora siempre tengo un "pero" para todo.

Al principio de este escrito, te dije que lo confirmé, ¿verdad? ¡Ya te digo! Y bien confirmado. 

Salí para recoger información de un lugar. De camino, y aprovechando la conyuntura, me tomé unas copas, intentando pasar una tarde distendida.
No estuvo mal, la verdad, pero fue un "fifty-fifty", como digo yo. Ibas y venías por mi mente, pensando, una y otra vez, que lo único que faltaba allí eras tú. Disfrutaríamos juntas del mojito, de la música, del ambiente, de cantar a dúo.
Pusieron una canción que me encanta. Entonces, cogí el micrófono y me puse a cantarla. Lo hacía con alegría, con ganas pero, sin darme cuenta, empezaron a resurgir recuerdos. Me veía cantándola contigo, como tantas veces lo hicimos. Veía tu cara, tu sonrisa, tus ojos llenos de amor. Cuando tomé consciencia de donde estaba, me di cuenta que te la estaba cantando a ti, con tanto amor y con tanto sentimiento, que comenzó a crecer ese odioso nudo en mi garganta no dejando salir ni una palabra más de mi boca. En su lugar, lo que salieron fueron lágrimas y más lágrimas. Salí corriendo a la calle, necesitaba dejar escapar esas lágrimas para que el nudo desaparecería y me dejara respirar.
Las personas de allí, me dieron mi espacio, no me dejaron sola e intentaron, en todo momento, animarme. Es curioso, la gente salían y entraban para echarse su cigarro, yo salía y entraba para deshacer ese nudo que me oprimía.

No tengo ninguna duda que entraste en mí para quedarte eternamente. Viviré, trabajaré, lucharé, volaré... pero siempre me faltarás tú.


Chiquinina

Soy toda tuya

jueves, 9 de mayo de 2019
Soy toda tuya.

Tuya en cuerpo, alma, pensamientos, sentimientos, corazón. Hace tiempo que lo tenía claro no, transparente, y ahora sigo pensando exactamente igual.

Mi cuerpo solo vibra con tu recuerdo. Mi alma solo está completa a tu lado. Mis pensamientos siempre desembocan en tu imagen. Mis sentimientos hacia ti no han cambiado un ápice, sigo completamente enamorada de ti, y mi corazón... es un órgano feo y sanguinolento, ya lo sé, pero sigue latiendo a mil por hora cada vez que rememoro momentos que vivimos juntas.

"Soy toda tuya", frase que puede llevar a equívocos. Frase que fue base de varias conversaciones nuestras. Nosotras teníamos muy claro su significado, lo que sentíamos cada vez que la escuchábamos en boca de la otra, y lo que queríamos decir al pronunciarla.

De todas maneras, lo quisimos dejar claro en muchas ocasiones. No somos propiedad de nadie, no somos dueña de la otra, no somos una posesión. Somos de nosotras mismas.

¿Entonces? ¿Esa frase? Esa frase es mucho más, ambas lo sabemos. No, no es ser de tu propiedad. Es saber que cada poro de mi piel ansía sentir tu piel. Que mi boca solo busca el sabor de tus labios, de tu lengua. Que mi cuerpo solo se sentirá vivo junto al tuyo. Pensar en tenerte a mi lado en los buenos momentos, en los malos y en los regulares. Que no hay nada mío que no sea tuyo, por eso, compartir lo que me queda de vida contigo sería un sueño hecho realidad. No hay confusión ninguna. No soy de tu propiedad, lo sé y lo sabes, pero soy toda tuya porque toda yo lo siente así.

Al releer lo que he escrito, podría incluso decir que es un galimatías para aquellas personas que nunca han sentido esto tan profundo. Yo, que así lo vivo, pienso que no sabría expresarlo mejor.

No puedo evitar todas estas sensaciones, todos estos sentimientos, tampoco estoy luchando por no sentirlos. Están ahí, muy vivos, muy a flor de piel. Es una mezcla de sensaciones porque duele, claro que duele, pero también me han hecho vivir y estremecerme hasta un punto inimaginable de placer, amor y felicidad.

Hoy te digo "soy toda tuya" por todo lo dicho anteriormente, pero sabes perfectamente que era mucho más. Vibrábamos, nos aumentaba el ritmo cardíaco de una manera increíble cuando la decíamos o la escuchábamos, incluso jugábamos con ella.

Soy toda tuya.

Nunca me cansaré de repetirla. No me siento objeto, no me siento propiedad, no me siento sumisa. Me siento tuya, me siento enamorada.

Chiquinina

Poesía: No hubo cena romántica

martes, 11 de abril de 2017
Era una noche fría como mi cama.
Tú vestías con tu mejor sonrisa.
Yo con todos mis miedos.
Cogí mi telescopio y te miré.
Observé la estrella más hermosa del firmamento.
Brillabas con luz propia y desprendías un calor especial.
No hubo cena romántica.
En aquel pub me estrellé contra tu vaso.
Quería beber de ti pero mis monstruos me sujetaban.
Creo que se quedaron en aquel pub, emborrachándose a mi costa.
No fue en el lugar más bonito, pero sí en el ambiente más cálido.
Te aprovechaste de la ausencia de mis monstruos.
Te acercaste y me besaste.
Me invitaste a dar un paseo por tu universo.
Y joder, que bonito era.
Ahora sueño con aquellos paisajes.
Quiero un billete de ida sin retorno.



Escrito por Kroki

Poesía: Un suspiro

viernes, 10 de febrero de 2017
Navego entre las aguas
del mar, sin rumbo.

Atraco en tu puerto
y te busco entre el gentío.

Me devuelves la mirada
y mi cuerpo se enciende.
Recuerdo todas las noches
que pasé junto a ti.


Quiero hacerte volar de nuevo
y mantenerte ahí arriba,
que disfrutes del paisaje
que te ofrece mi cuerpo.

Observar con precisión
como te retuerces por el viento
y cambiar la posición
bajándote lento.

Que maravilla de vistas
las que me regalas desde aquí,
que maravilla volar
a la altura perfecta
que me ofrecen tus caderas.

Sentir que me reclamas
como has hecho siempre.

Que quieres más de mi,
que se escapa tu mente
al mundo de las maravillas,
donde el tiempo se pierde.

Y regresar en un suspiro,
uno de esos que siempre
me regalas al verme.




Escrito por Kroki

Poesía: Me dejé ir

lunes, 6 de febrero de 2017
Nada me retuvo.
Me liberé
y me fui.
Eran placeres
que estaban
tanto en la entrañada realidad,
como en mi intelecto,
en mi ser.


Y atravesé la noche
encendida
a relamer la sombra
de mi goce.
Y sorbí
un vino fuerte,
como
sólo los audaces
beben el placer.
Bebí de tu placer
mujer.
Sin culpas, sin condenas,
sin pensar
si el día de mañana llega.
Bebí de tu sangre,
y como nunca imaginé
mujer...
...te amé...


Escrito por Mery Crow

Volver

miércoles, 1 de febrero de 2017
Y ahora coge y devuélveme mi "cora". Incrústamelo en el pecho y cóseme. Que no quede ni brecha, que parezca que nunca has estado, que no te conocí.

Ahora bebo por dos, ahora fumo por tres... por mí, por ti, y por los recuerdos en común.

El atardecer, el olor a tierra mojada o a lluvia, el arcoiris o el otoño.Todo eso estaba dentro de mí, pero solo tú eras capaz de sacarlo. Construiste ciudades donde solo había ruinas. Me convertiste en estrella, siendo tú mi luna. Yo cantándote, diciéndote que si tú eras poesía yo sería poeta, y te escribiría los versos mas bonitos para ti, dónde tú y yo rimaríamos como nadie.

Miradas fugaces, pupilas que dilatan, deleitan, delatan.

He cogido el último tren para escapar de ti, sabiendo que voy a coger el primero para volver aunque no quiera, o sí... no lo sé. Lo asumo. Que sí... que la culpa es mía, por cabezota, por estamparme, por no olvidarte y volver a ti, por ser feliz así porque sí, porque a tu lado la vida parece más bonita... es más bonita.

Quiero estamparme, tropezarme contigo todas las veces posibles aunque duelas, aunque a veces me dañes, aunque me dañe por dañarte. Pues no hay mayor dolor que hacerte daño a ti.

- ¿Morirías por mí?
- Morir es fácil. Yo viviría, mataría, y moriría por ti.


Escrito por Martes13

Reseña de libros: "Ellas" por Mari Ropero

martes, 24 de enero de 2017
Autor: Mari Ropero
Nº de páginas: 263 págs.
Editorial: EdítaloContigo
Género: Narrativa Lésbica
Comprar: Berkana

Sinopsis: 
En ocasiones, la fascinación por la vida lleva a la imaginación de un autor a transitar por senderos donde tramas y personajes se convierten en voces de sí mismos, y en esta novela ocurre en proporciones desmesuradas. Carmen y Lourdes van cuarteando su tiempo y sus experiencias como si de un gran lienzo se tratara, quedando dibujada una realidad que sobrevive a lo demás: el amor a pesar de todo.

Sin tópicos, pero también sin tapujos, la autora dibuja la prostitución al servicio de un encuentro afectivo. Carmen llega a Madrid desde su pueblo natal para convertirse en una mujer de futuros. El azar la lleva a trabajar en una agencia para prostitutas, donde conoce a Lourdes, una ejecutiva afincada en Londres cansada de la aspereza de una vida regulada por su trabajo, que también por azar requiere sus servicios.
 
Ambas emprenden un zigzag candente que las lleva a pernoctar en episodios llenos de sentimientos, incoherencias y erotismo, un tándem perfecto para ir vinculándose, pase lo que pase, la una a la otra. 

De una gran sencillez de estilo y con una trama emocional perfectamente construida, esta novela se presenta para realizar, en palabras, la figuración realista de las cosas posibles en medio de la dificultad.

Comentarios:
Como en otros libros que he reseñado, quiero dar las gracias a la propia autora, Mari Ropero, por presentarme su libro. Una persona muy amable, atenta y simpática con la que ya he tenido varias conversaciones. Pero estoy aquí para hablar de su libro, y no de ella. Vamos al lío.

El comienzo de la historia, donde nos presenta a las protagonistas, sus profesiones, cómo se conocen y demás, tengo que decir que me resultó algo flojilla, quizás por la forma de plasmarlo. Pero en su defensa diré que su forma de escribir, cercana y amena, hicieron que siguiera con la lectura, y poco a poco me enganchara a "Ellas". ¡Qué buen juego de palabras me ha salido!

La aparición de celos en la trama va dándole vidilla a esta historia. Los malos entendidos, los sentimientos de culpabilidad, la distancia... son unos buenos ingredientes para ya no dejarte indiferente, y querer saber que pasará entre Carmen y Lourdes.

Siempre, en cada libro que leo, le tengo más cariño a un personaje que a otro, por su forma de ser, sentir o... no sé. La cuestión es que, esta vez, estoy con Carmen. Creo que es la más sensata tanto en su profesión de prostituta, sentimientos, sinceridad y actos. A veces, tuve ganas de darle una colleja a Lourdes por ser tan boba. 

Y llegada a este punto de estar hablando de personajes, quiero hacer mención especial a la prima Laura. Ojito con ella que es un torbellino y dará muchísimo juego a esta historia.

En cuanto a la narración, deciros que es amena, nada aburrida y fácil de leer. Para mi gusto, algunos diálogos son algo "rebuscados", quizás algo más simple hubiera sido más real. Lo escribe en primera persona, cambiando de un personaje a otro. Eso me gustó porque nos transmitía el sentir de ambas, sabiendo lo que pensaba tanto una como la otra.

Si buscas una historia de amor entre mujeres, con su trama, entretenida, y con una lectura amena, te lo recomiendo.

Escrito por Arwenundomiel

Poesía: Mil uno

lunes, 23 de enero de 2017
Un día gris como mis sábanas.
La vi sentada en el parque.
Mi corazón hizo el pino.
El sol salió de entre las nubes.
Había sonreído.

Aún así hacía tanto frío que quemaba la razón.
No había cambiado nada.
Seguía siendo la chica inocente de siempre.
No pude ni articular palabra.

Solo pude mirarla fijamente.
Me equivoqué mil veces y acerté solo tres.
La vida es eso que pasa cuando la miro.
Hoy se cumple la vez mil uno.
Me fui sin decirle adiós.





Escrito por Kroki

Hasta la próxima vez

viernes, 20 de enero de 2017
Voy a desatar una tormenta sobre tu cuerpo,
voy a desgastarte con la mirada,
voy a comerme cada centímetro de ti,
voy a follarte hasta el alma.


Quiero regalarte mis mordiscos,
quiero que se te erice la piel,
quiero tumbarme contigo,
voy a tocarte hasta el amanecer.


Arañarte la espalda,
que gimas en mi oído,
llevarte hasta el séptimo cielo,
bajarte al infierno conmigo.


Una noche inolvidable,
un juego de locura,
un aquí te pillo aquí te mato,
quiero que pierdas la cordura.


Meterme entre tus piernas,
matarte de placer,
y después abrazarte,
hasta la próxima vez.





Escrito por Kroki

Relato "La fe escondida en tu mirada" (Capítulo 2)

martes, 17 de enero de 2017
Ir a:     Inicio       "La fe escondida en tu mirada"

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CAPÍTULO 2. EN ESTA VIDA SERÁS MI MUJER Y EN ESTA VIDA ME DARÁS UNA HIJA.

MARÍA

Mi corazón se iba a salir de mi pecho. Nunca pensé que podría recibir la noticia más grata de mi vida el mismo día que me enteré que la llama de mi existencia podría apagarse.

Mi tristeza se disipó, corrí, la abrecé con la ternura de siempre. Hilda era la mujer de mis sueños, era mía y ahora me daría un hijo, algo que planificamos y luchamos con tanto amor.

La besé y ya no pude contener mis lagrimas, simplemente era alegría y felicidad. Dios no me había desamparado, me mostraba que aún estaba ahí a mi lado. Comencé a ver a Hilda diferente. Miré su vientre, estaba igual, tan delgado y atlético, pero allí estaba nuestra Ligia Iveeth, así llamaríamos a nuestra hija.

Fugazmente, por un momento, volvió la realidad de mi estado de salud pero, la alegría de tener a la madre de mi hija en mis brazos, me llenó de esperanza y agradecí al Espíritu Santo por que el día en que yo faltara. Mi morena amada no estaría sola, quedaría con un pedacito de mi vida junto a ella, no todo era tristeza. Hilda me miraba.

- Aquí pasa algo más.- Me llevó al sofá y nos sentamos tomadas de las manos.
- Mi amor, lo que pasa es que hoy ha sido un día de sorpresas, unas gratas y otras no tanto, pero quiero que me prometas que la felicidad por nuestro embarazo no se terminará nunca.
- Te lo prometo.- respondió Hilda.- ¿Qué está pasando, mi vida?.
- Princesa, hoy recibí el diagnóstico de aquellos exámenes que me practiqué hace unas semanas. La noticia no es buena como la de nuestra Ligia. La verdad es... que padezco de cáncer de páncreas y necesitaré tratamiento para combatirlo.

Sentí como apretó mi mano, justo cuando vi sus ojos llorar. Aprecié como su corazón se estaba rompiendo. Enmudecida, Hilda no paraba de llorar, era tan fuerte que sus lágrimas corrían por su rosto pero ella no hacía ningún gesto. Cada lágrima dejaba una marca de sal que me hacia tragar amargo a mí.

Sabía que estaba desgarrada. Necesitaba que dijera algo, pero desde luego sabía que tardaría en asumir toda aquella tragedia. La abracé.

- Aún no me voy a morir. Así que vamos a celebrar la vida, porque en esta vida te conocí,  en esta vida serás mi mujer, y en esta vida me darás una hija.- La abracé y la besé como nunca antes la había besado. Quise darle todas mis fuerzas, todas mis energías.

Ella me correspondía el beso. Al inicio, con timidez pero luego con más pasión. Me tocaba, el rostro, los pechos, paseaba por mi cintura. Poco a poco fue metiendo sus manos en mi blusa y podía sentir sus dedos recorrer mi espalda para abrir mi sujetador y clavar sus uñas tal y como sabía que me enloquecía. En ese mismo instante, lancé un grito de placer y no soporté más ¡Tenía que poseerla allí mismo!
Quité toda su ropa con desespero. La ayudé a despejarme de la mía y, contra la pared de la habitación, la recorrí palmo a palmo. Comencé en su cuello, mis manos sujetaban las suyas por encima de la cabeza y besarla allí era mágico, donde la mezcla de olor natural y perfume eran uno solo. Poco a poco, bajé a sus senos, hermosos y suaves. Sus pezones, erectos de placer, me indicaban que disfrutaba de mis caricias y yo disfrutaba de sus gemidos. Solté sus manos y la volteé. Quería besar su espalda tan linda y delicada, morderla y degustar sus nalgas, su culo, que solo era mío. Mientras besaba su espalda, metí mis dedos en su intimidad y pude palpar lo que provocaba en ella.
Esa humedad única y mía, porque eso era ella, mía y yo era suya, hasta el último respiro sería de ella. Mis dedos se sentían tan bien dentro de ella que no me detuve en movimientos, mientras más rápido,  más gemía. Yo solo quería darle placer, su piel se tornó rosada, hermosa. Su respiración se agitaba y su sudor me decían que ya estaba a punto de estallar. Y así fue, estalló en mis dedos como nunca había ocurrido, sus piernas flaquearon. Comenzó a llorar. No sé si de placer o porque recordó nuestra platica. Yo solo la abracé, le susurré cuanto la amaba y que siempre la amaría. Como pude y, poco a poco, la llevé a la cama para continuar allí nuestra entrega.
Ella me miraba como un ciego miraría el mundo por primera vez. Mientras, tenía una gran cantidad de pruebas confirmando la presencia del cáncer de páncreas e intentando delimitar su extensión. Todo ello se apoderaba de mis semanas. 
Seis meses habían pasado. Ya el embarazo se hacía notar. Ambas íbamos a consulta, la niña crecía normalmente y yo trataba de estar bien para su nacimiento.
El desarrollo de mi enfermedad estaba en Estado III. Mi oncólogo me explicaba que el tumor se extendió fuera del páncreas, pero sin invadir el tronco celíaco ni los vasos sanguíneos.
Los síntomas y signos fueron aumentando rápidamente por el grado de mi enfermedad. Bajé de peso considerablemente. A pesar de que mi alimentación era fundamental para estar bien, sufrí de infrapeso y mis dolores lumbares me hacían disminuir poco a poco mis actividades  diarias.
Ya no éramos dos, ahora nos acompañaba una asistente, Beatriz, “Bea” le decíamos. Ella se encargaba de algunas funciones del hogar y de llevarme a las quimioterapias semanalmente al hospital oncológico de la ciudad.
En la sala de quimioterapias, se encontraban múltiples sillones negros, con todos los equipos médicos. Allí me recostaba mientras una cálida enfermera me tomaba la vía en mi brazo y pasaban el tratamiento, tal cual un suero vitamínico. Solo que al terminar sentía naúseas y mareos durante dos días. Los más difíciles de todos.
El día había llegado, todo estaba preparado. En su cuarto color blanco, estaban nuestros padres, Emilia y Jesús, los padres de Hilda, y  María y José, mis padres.  Elegimos un parto en agua, ya que mi amada tendría la libertad absoluta de movimiento y expresión. Además, podríamos estar acompañadas de nuestros seres queridos durante el trabajo de parto.
Yo era cómplice de sus adentros mientras nuestro ginecólogo y Bea garantizaban la total naturalidad del nacimiento.
Un sinfín de emociones invadió a Hilda al momento de ver a nuestra pequeña. Lloraba de ternura al ver a nuestra niña, tan hermosa y grande. La besaba y me miraba a mí, siempre tan callada. De pronto, al salir de la bañera, pidió que me acercara a ella.
- Me has regalado la vida, una vida perfecta, una vida de felicidad. Amor, te presento a tu hija, pesa 2.9 kilogramos y mide 49 centímetros. Tenías razón, María, esta vida es maravillosa únicamente porque estás conmigo. Ahora me toca a mí retribuirte tanto amor.
Meses atrás descubrí que necesitaba escribir, contar mi historia. Ya habían pasado 4 años de tratamientos, quimioterapias y radioterapias. Ha habido nuevos hallazgos y diagnósticos que implican más lucha. Hoy no puedo dormir... Escucho a mi chiquita hablar con su amada mamá y quisiera estar allí con ellas en nuestra cama. Pero necesito descansar...
Hilda y Bea trataban que la niña no dependiera tanto de mí, para preservar mis fuerzas y para que ella no resienta tanto mi situación.
Cuán difícil es vivir eso porque estaba todo el día en casa. Ligia vivía  jugando cerquita de mí. Situación que me llenaba más de vida.
Los días más terribles eran cuando la niña tenía fiebre, ya que no la podía proteger porque eso me podría hacer daño a mí. Las enfermedades normales de hija, hacían que me aislara en la habitación y, por minutos, pensaba entre lágrimas que la llama de mi vida estaba por terminar.
Una mañana mi pequeña Ligia llamó a “Bea” en vez de a mí. Fue muy triste aunque era lo que queríamos. Sentí como estaba entregando el amor de mi hija a mi asistente y amiga.
El cumpleaños número cinco de Ligia Iveeth lo celebramos en casa. Fue algo muy sencillo, con nuestros familiares. Yo a lo lejos, sentada en una silla, escuché como Ligia le hablaba a mi madre.
- Abuelita, no recuerdo a mi mamá con cabello, muéstrame una foto.

Mi madre me observó, se levantó y se dirigió hasta donde yo estaba. Quiso distraerme hablándome de mi padre y sus mujeres. Ese día sentí que la hora de partir estaba cerca.
Al día siguiente, la niña fue a mi habitación. Quería mostrarme sus nuevos regalos. Yo observaba un álbum de fotos y Ligia se me acercó.
- Mami, mami ¿Quién es esta mujer que está junto a mi mami Hilda? Es muy linda. Quiero ser como ella cuando sea grande.

Yo respiré, llorando hacia adentro, como ya había aprendido a llorar.
- Esa mujer que ves allí soy yo, hija.

Pensé en silencio “hija amada, algún día, te contaré que al ver esa foto contigo también sentí que quien aparece allí es otra persona”. La vida me cambió del día a la mañana.
Y ellas, mis mujeres, intentan procesarlo... A ratos llenas de rabia, a ratos tristes, y a ratos felices con el amor de todos en la familia, amigos y vecinos, que en la medida de sus posibilidades nos abrazan en estos momentos.

HILDA
Qué fácil es hacer una vida con ella, pero que difícil será hablarle al amor sin María. Llevo la sonrisa cortada hace años, el alma medio desprendida. Mi vida se ha convertido en la expresión máxima del amor, dividida entre un ángel que me enseñó a vivir, y que me ha regalado el don de ser madre, y mi hija. Creo que sin Ligia Iveeth no hubiese podido vivir esto. Con ella estoy flotando en mar abierto, es mi esperanza.
Paso mis días con las botas puestas, acompañando a mi mujer en la agonía que nos enseñó a vivir bien. No te creas, a veces, necesito sentir su pasión, sudarla como lo hacíamos en aquellos veranos donde nuestra piel se volvía una, y nuestras ropas estorbaban. Pero ahora está tan frágil que solo la amo con la mirada. Eso nutre mi alma, acaba mi sed y abriga mi corazón.
Hoy me vestí de negro, pero nuestros planes y proyecciones continuarán hasta que un día nos encontremos y volvamos a dibujar una vida.
“¡La vida nos cambió! Pero estoy segura que será para MÁS VIDA! ¡¡¡Así lo creo!!! ¡¡¡Solo es cuestión de tiempo, Fe y AMOR!!!”

Eso fue lo último que me dijo María antes de partir a los brazos del Señor.

Fin

Escrito por LaImposibleIvii

Orugas en capullo

lunes, 16 de enero de 2017
Creo que nací con defecto de fábrica. Pienso que es la mejor forma de decir que ya, a estas alturas de mi vida, no las sentiré. Sí... Estoy hablando de las dichosas "mariposillas en el estómago". 

Esta famosa frase, la he escuchado millones de veces. Nunca le había prestado demasiada atención, la verdad. Yo sentía como sentía y punto, sin importarme mucho esa otra sensación.

Con el tiempo y con las nuevas tecnologías, sobre todo las redes sociales, he hablado y conocido a muchas personas. Todas ellas, de alguna manera u otra, las han sentido. Claro... ya me empezó a carcomer la curiosidad de si, en vez de mariposas, tengo orugas en capullo (pudiendo ser la razón por la que no sienta ese cosquilleo), o tuve esa tara al nacer, o nunca me enamoré...


Llegados a este punto, quiero deciros que no estoy triste ni depresiva por no tener estos lindos animalitos por mis tripas. La mayoría con las que he hablado de ello, coinciden en que cuando las sientes, el dolor es más intenso si la relación se termina, y no te quiero ni hablar si encima no hubo ni relación. Vamos... que te pilles hasta las trancas por una persona y no seas correspondida.


Sentir algo tan intenso debe ser "maravilloso", nótese que lo pongo entre comillas. Perder el apetito perdiendo bastantes kilos, que te tiemblen las piernas tanto que casi te caes, que se te nuble la mente haciéndote no pensar con claridad, terrible dolor en el pecho (y en el alma, a veces) cuando la relación se acaba... Sí, parece que es una sensación "maravillosa".

¡Bueno, vale! También tiene otras connotaciones positivas como que te sientes flotar, todo lo que te rodea es "happy", tienes una cara de boba perpetua, el corazón late a más revoluciones por minuto, ya que piensas en esa persona constantemente, por lo que ejercitas más ese músculo, y bombea más rápidamente la sangre haciendo una mejor depuración corporal interna (esto último me lo he inventado, pero suena bien).

Siendo sincera, no envidio en demasía el no tener un mariposario en mi abdomen. Es verdad, que puede ser una pena que termine mi vida sin experimentar esa sensación tan intensa. Puntualmente, una envidia sana me ronda, porque a nadie le amarga un dulce, pero estoy bien así.

Quiero reseñar, por si hay alguien que lo esté pensando, que yo también siento y padezco. Que no soy una roca sin sentimientos. Que sé querer y quiero. La diferencia está en la intensidad. Cuando una relación, amorosa o amistosa, se me termina sufro, como cualquier otra persona. La intensidad es la que me diferencia del resto de los mortales (entiéndase como mortales a todos lo que hayan sentido esas mariposas)

¡¡¡Mariposas estomacales!!! Si os siento alguna vez, seréis bienvenidas. Si me hacéis flotar y sentir que todo es fantástico, os alabaré y os pondré en un pedestal hablando maravillas de vosotras. Si me hacéis la puñeta, haciéndome sufrir de muy mala manera, os odiaré con toda mi alma y os putearé porque seréis unas cabronas. Si, por el contrario, no tengo el honor de conoceros, tampoco os echaré mucho de menos... Total, nunca os he sentido.



Escrito por Arwenundomiel