Relato: Ella es Mía (capítulo 20)

jueves, 29 de septiembre de 2016
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Ella

- Vaya… ¿Qué les has dicho?
- Nada… No he dicho nada…

Era la oportunidad de mi vida. Una gran oferta. Si me la hubieran hecho unos meses atrás… Quería vivir con Mía. ¡Claro qué quería! Pero si quería seguir creciendo profesionalmente, tenía que moverme. Y no podía pedirle que se viniera conmigo, estaba Lucas, su madre, Marc…

Estuvimos un rato en silencio. Casi no comimos nada. No quería hablar, por si decía algo que pudiera estropear lo que teníamos. Necesitaba pensar.

- Mejor me voy a mi casa esta noche.
- No Mía. No tienes que irte. Lo siento, es que…
- Da igual. No pasa nada. Descansa, y ya hablaremos mañana.

Cuando salió por la puerta, sentí un vacío muy grande. Sentí que le había fallado. Había estropeado el momento que había preparado. Pensé en salir detrás de ella, pero para qué iba a hacerlo. Necesitaba estar sola.

Siempre había soñado con tener una oferta así. Pero no creía en las relaciones a distancia. Tenía que elegir: tener una gran carrera profesional, o apostar por lo que teníamos Mía y yo. Ni siquiera era capaz de enumerar los pros y contras. La impotencia por no poder tenerlo todo, no me dejaba pensar con claridad. Lo mejor era dormir, y ver las cosas de otra manera por la mañana.

- Estás pensando en irte a Suecia?

Eso fue lo primero que vi en mi teléfono cuando me desperté. Era casi mediodía, así que Mía ya se lo había contado a Marc. Lo último que necesitaba era sumar más personas a mi decisión. No le contesté. Mía no me había dicho nada, desde que se fuera por la noche. La llamé pero no cogió el móvil.

- Qué tal? Nos veremos hoy?

Le escribí.

- Hola. Estoy ocupada. Me paso por tu casa más tarde.

Ningún signo de exclamación, emoticono…solo puntos. Pude imaginarme lo que iba a decir. Se había acabado. Podía sentirlo. Mientras analizaba el mensaje, empezó a sonar mi teléfono. Marc.

- Dime.
- ¿Puedes explicarme que es esto de irte?
- Nadie ha dicho que me vaya a ir. Solo me han hecho una oferta, muy importante. Y se lo comenté a Mía…
- Parece que no lo llegasteis a hablar mucho, porque ella da por hecho que te vas.
Marc, es lo que he estado esperando toda mi vida. Me ayudaría a seguir avanzando.
- Ella, no es a mí a quien tienes que convencer de nada. No tienes que justificarte.
 Pero la perderé…y esta vez ya no habrá otra más…
- Habla con ella.

Hablar con ella. Y ¿qué le diría? ¿Qué prefería el trabajo, a nuestra relación? Estábamos en el mismo punto que años atrás. O alguna se sacrificaba, o nos separábamos. Parecía que fuera nuestro sino, y no podíamos huir de él.

Mía me citó en el puerto, en aquel banco, en el que nos encontramos unos años antes. Lo recordaba perfectamente, recordaba lo que habíamos hablado, y me hizo pensar, estaba segura de que la noche no iba a acabar bien.

Aproveché para pasar por la oficina un rato por la tarde, antes de ir a mi cita.

- ¿Has pensado en lo qué hablamos ayer?
- No, aún no lo he decidido…
- Ella, ¿qué tienes que pensar tanto? ¡Es irrechazable! El puesto, las condiciones, los beneficios… ¡Es muy grande!
- ¡Ya lo sé! ¡Pero no es tan fácil!
- Calma mujer, no creía que te lo fueras a pensar tanto. ¿Acaso tienes algo que te retiene aquí?
- Mira, ahora no tengo ganas de hablar. Voy a acabar unas cosas y me voy. Ya hablaremos.
- No te lo pienses mucho, o encontraran a otra persona.

Lo último que necesitaba es que me presionara. Hubiera sido mejor no pasarme por ahí. Luego, me topé con Tania. A ella se lo expliqué todo.

- No seas tonta. Vete. ¿Quién te asegura que lo vuestro va a salir bien? Y si no, ¿qué harás? Habrás perdido la oportunidad de tu vida. Si tanto te quiere, que te lo demuestre.

La verdad es que no me ayudaron sus palabras. Llevaba razón, tampoco hacía tanto que habíamos vuelto, podía no funcionar. Pero no era lo que necesitaba oír. Bien, no tenía ni idea de que era lo que quería oír.

Entre conversación y conversación se hizo la hora de acudir a mi cita. El camino me pareció más largo que nunca. No sabía que iba a decirle, pero imaginaba lo que ella me diría. Si me dejaba, ¿qué debía hacer? ¿Dejarlo todo por ella? La quería, muchísimo, pero no quería tener que elegir. No podía hacerlo.

A medida que me acercaba, vi que Mía ya estaba sentada, mirando al mar.

Es bonito, ¿eh?
- Mucho.

Estaba seria. No me miró. Eso no era buena señal.

- ¿Ya te has decidido?
- No, aún no. Mía, lo siento…
- ¿Me quieres?
- ¡Dios! ¡Sabes que sí! Sabes que estoy loca por ti.
- Pero, también quieres irte, ¿verdad?

Seguía seria. Seguía sin mirarme. Yo cada vez estaba más nerviosa, pero no podía esconderme. Tenía que enfrentarme a lo que había.

- Sí. Me apetece mucho ese puesto. Pero no quiero dejarte. ¡No sé qué hacer!

Me miró. Los ojos le brillaban. No me dijo nada, y se levantó. En ese momento, pensé que me dejaría ahí, sentada en el banco. Pensé que se había acabado. Entonces, se arrodilló delante de mí, y sacó un anillo de su bolsillo.

- Ella, cásate conmigo. Yo no puedo acompañarte. No puedo dejar a Lucas. Pero sé que podemos hacer que funcione. No quiero que te quedes por mí. Se acabaron los sacrificios. Quiero que seas feliz. Te quiero. Te quiero, y quiero que seamos la una para la otra, para siempre.
- Mía…no me esperaba esto…

Lo que más me esperaba era que me dijera que habíamos terminado. No recuerdo haber pensado en ninguna otra posibilidad, pero en cualquier caso, ninguna hubiera sido esa. Nunca había pensado en casarme, y cuando lo hice, fui yo la que le compré el anillo, que no le llegué a dar. Pero que se me declarase Mía, así… Fue muy bonito, aunque en ese momento, no lo llegué a saborear de verdad.

- Estoy segura de esto. Estos años separadas, solo nos han traído hasta aquí, a poder estar juntas sin condiciones. Sé que tienes miedo, porque yo también. Pero…
 Mía, no hace falta que digas nada más…
- Ella…
- Sí.
- ¿Sí?
- ¡Quiero casarme contigo! ¡Y quiero vivir contigo! ¡Y lo quiero todo contigo!

Me sentí tan feliz…que todavía no encuentro palabras para explicarlo. Podía tenerlo todo. Quizá no todo a la vez. Pero podría aceptar el trabajo, y seguir mi relación con Mía.

Estuvimos hablando, cenando, paseando… Estábamos deseando llegar a casa. En cuanto cruzamos la puerta, nos besamos con ganas, nos abrazamos, nos tocamos. No llegamos a la cama. El sofá fue víctima de nuestra lujuria. Mucha lujuria.

Cuando acabamos, nos quedamos estiradas en el sofá, desnudas.

- Ella.
- Dime.
- Suecia no está tan lejos. Podremos visitarnos a menudo.

La miré. La besé. Me di cuenta, de que quería eso, todos los días. Nada me compensaría, si llegaba a casa y ella no estaba. Ningún trabajo me llenaría si no dormía a su lado cada noche. Sabía que perdería una oportunidad que, probablemente, no volvería a tener. Pero era el momento de ordenar mis prioridades. Si quería una familia, si quería estabilizarme. Si prefería todo eso, a llevar la vida que había llevado. Y sí, quería una familia con Mía. No quise seguir dándole muchas vueltas esa noche, la euforia postsexo altera bastante la emotividad y los sentimientos. Así que me relajé, y disfruté de la que iba a ser mi mujer.

Pasaron un par de días. Le contamos a Lucas que nos queríamos casar. Pero no le dijimos lo de Suecia. Le dije a Mía, que mejor decirle las cosas de una en una. Y así, a mí me daba tiempo para hablar con ella, y explicarle lo que había decidido.

- ¿Te parece bien?
- ¡Sí! ¡Me encanta! ¿Quién será el novio, mami? ¿Ella o tú?
- Jajaja. No, Lucas. No habrá novio. ¡Seremos dos novias!
- ¡Ah! ¡Vale!

El niño se lo tomó genial. Aunque, todavía había algunas cosas que no sabía cómo organizar en su mente. Pero sus comentarios eran muy graciosos.

Cada vez estaba más segura de mi decisión: no quería dejarlos. Al primero que se lo conté fue a Marc. Me entendió. Le supo mal que perdiera ese puesto de trabajo, pero me dijo que se enorgullecía de verme tomar una decisión tan importante, y dar prioridad a lo que, él consideraba, era más importante.

Los días pasaban. En el trabajo, cada vez me presionaban más para tomar una decisión. No quería decirles nada antes de hablar con Mía. Pero sabía que no buscarían a nadie, hasta que yo no les diera una respuesta.

Mía y yo empezamos a pensar en la boda, fechas, lugar, invitados… Aunque queríamos tomarlo con mucha calma, y disfrutar el momento. No nos importaba si era en unos meses, o en un año, el hecho de comprometernos ya había sido un gran paso para nosotras. Poco a poco empecé a cogerle el gusto a eso de casarme. Y verla a ella tan ilusionada… eso era lo mejor de todo.

Uno de esos días, quería prepararle a Mía una cena romántica, solas. Quería hablar con ella y explicarle que era lo que tenía en mente, y cual quería que fuera nuestro futuro. Sobre todo, donde quería que fuera.

Justo ese día recibí una llamada de Marc. Quería que quedásemos para hablar.

- Ella, he estado pensando mucho desde que hablamos el otro día.
- ¿Sí?
- He pensado, que Mía y Lucas podrían acompañarte a Suecia. Así que no tendrías que renunciar al trabajo, ni a ellos.
- ¿Cómo? ¿Y tú?
- Le voy a echar mucho de menos. Pero sé que con vosotras va a estar genial. Para él será una aventura. Y os lo merecéis.
- ¿Lo has pensado bien?
- Sí. Lo he pensado bien. También lo he hablado con Sonia, y me apoya.

Cuando ya tenía la decisión tomada, las cosas claras. Cuando iba a dar el paso. Todo se me volvía a revolucionar. Otra vez a poner orden a mis ideas.

Lo que me había dicho Marc, lo podía cambiar todo. Me daba la posibilidad de tenerlo todo. Todo lo que quería. Me pasé el camino de vuelta a casa pensando en ello. Tenía claro, que esa noche le diría a Mía algo definitivo. Y a la mañana siguiente, lo comunicaría en la oficina.

Llegué a casa, y mientras preparaba la cena y la mesa, no dejaba de darle vueltas al asunto. Pero la mayoría de las ideas me llevaban al mismo punto. Y deseaba con todas mis fuerzas, que esa fuera la mejor opción para todos. Ya no era yo, ahora éramos un nosotros. No podía evitar que eso me pusiera más nerviosa.

Cogí el anillo, que aún guardaba en el cajón de mi mesita, y lo puse encima del plato de Mía, en la mesa, para que lo viera nada más llegar. No tenía ganas de andarme con rodeos.

Cuando la oí llegar, fui a recibirla a la puerta. Le di un abrazo fuerte. De los que te hacen pensar que algo pasa.

-  ¡Hola! ¿Pasa algo?
- No. ¿Tiene que pasar algo para que me apetezca abrazarte?
- No. Claro que no. Pero este recibimiento… ¡Vaya! La mesa está muy bonita. En serio, ¿tengo que preocuparme?
- ¡No! Créeme. Pasa y siéntate.

A medida que se acercaba a la mesa, iba fijando su mirada en el plato, y en la cajita que había encima. No iba a ser una pedida de película, en eso me había ganado, pero también se merecía su anillo, y su momento.

- Y, ¿esto?
- Ábrelo.

Cuando lo abrió, se le iluminaron los ojos.

- ¡Es precioso, Ella!

Me arrodillé.

- Mía, me ha costado mucho tiempo darme cuenta de lo realmente importante en la vida. De lo que realmente me importa. Ha habido momentos en los que me he equivocado en mis prioridades. Pero ahora sé que lo que me importa, de verdad, es ser feliz. Y solo soy feliz contigo. No me llena el trabajo si tú no estás a mi lado. No disfruto de los viajes, si no los hago contigo. Por eso, no me voy a ninguna parte, amor. Quiero quedarme aquí, contigo, con lo que tenemos, con lo que queremos tener.
- Ella… ¿y el trabajo?
- No lo quiero, Mía. No quiero irme. Tú lo tienes todo aquí. No solo a Lucas, todo. Y yo no quiero irme sin ti.
- Pero yo no quiero que lo pierdas todo…
- Mía, ¿es que no lo entiendes? No pierdo nada. En realidad, es de las decisiones más egoístas que he tomado nunca, porque quedándome contigo gano mucho más. Yo soy mejor contigo. No sé qué pasará en un futuro con nosotras, pero eso nadie lo sabe. Solo sé que ahora estoy segura de esto.
- Te quiero. ¡Te quiero!

Nos abrazamos, y empezó a llorar.

Yo también te quiero, Mía. Has cambiado mi vida, has cambiado lo que creía que era vivir.

Después de estar un rato abrazadas, Mía se calmó. Nos pusimos a cenar, y no podía dejar de mirar su sonrisa, y el brillo que tenía en los ojos. Hicimos muchos planes en esa cena. Sentí que aquel momento, era el principio de todo.

Sabía que se podía vivir sin amor, pero yo no quería hacerlo. Ya no. Supongo que nunca me había creído capaz de ser una mujer de familia: fiel, responsable, con hijos… pero había encontrado buenas razones para hacerlo. Nunca me arrepentí de esa decisión.

- Ella, eres mía.
- Siempre.

FIN

@MamaoMami

1 comentario:

  1. misma pregunta que hice en otro relato. Si tuvieras que elegir personas publicas (actrices, cantantes, etc) para interpretar a los personajes de este relato, quienes serian? Me gustaría saber si mi imaginación va bien encaminada con la descripción de los personajes jajaja.

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