Relato: Ella es Mía (capítulo 19)

jueves, 22 de septiembre de 2016
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Mía

Me desperté, y ya había amanecido. Cuando la vi, a mi lado, tan dormida, tan relajada, tan… tan Ella ¡se me paró el corazón! Empecé a darle vueltas a la cabeza, me entraron todos los miedos. Tuve una sensación de deja vú, y sabía cómo acababa. Pero, estaba tan a gusto, que no quería estropear el momento. No quise que se terminara esa noche. La abracé, la abracé fuerte, y me volví a dormir.

- Buenos días.
- Buenos días.
- ¿Qué tal?
- Yo estoy muy bien. Mejor que bien. ¿Tú?

Le respondí abrazándola, y le di un beso. La verdad es que no tenía palabras para describir como me sentía. Estaba nerviosa. Tenía un nudo en el estómago, que no se me quitaba. Pero era una sensación buena. Ignoré mi pánico, al menos, hasta que se acabara el fin de semana. Iba a disfrutar. Iba a disfrutarla.

Y lo hice. Lo hicimos. Salimos poco de la habitación. Recuperamos tiempo perdido. Se notaba que habíamos madurado, también sexualmente. Intentaba pensar que se debía a la maduración, y no a la cantidad de experiencias que podía haber tenido Ella, desde que no estábamos juntas. Lo mejor era que seguíamos entendiéndonos. Cuanto más sexo teníamos, más ganas tenía de ella. Nos saltamos algún masaje, y alguna hora de piscina. Otras las aprovechamos, muy bien, por cierto.

Evitamos, durante los dos días, tener la conversación que, irremediablemente teníamos que tener. Hablábamos de lo bien que lo estábamos pasando, de que nunca habíamos tenido un momento así durante nuestra relación, de lo que sentíamos…pero nada del futuro. Nada.


Te quiero, Ella.

Cuando se lo dije, mirándole a los ojos, sin aspavientos ni sofocones, abrazándola, se quedó en silencio, durante un momento.

Ojalá no se acabara nunca este fin de semana.

¡Ups! A pesar de que era bueno que no quisiera que se acabara, me dolió no escuchar lo que esperaba. Quizá yo, estaba yendo muy deprisa. Pero, pasara lo que pasara con nosotras, fuera el que fuera el futuro que nos esperaba, la quería. Eso no cambiaba. No había cambiado en todos los años que habían pasado, con todo lo que habíamos vivido, difícilmente iba a cambiar después de ese fin de semana. No se lo volví a repetir, y ella tampoco me lo dijo.

El fin de semana se acababa. Por mucho que lo deseáramos, se acababa. Me apetecía volver con Lucas, pero hacía tanto tiempo que no me sentía una mujer en mí misma, sin ser madre de, hija de, ex de… era yo, sintiendo y viviendo lo que quería. Y cuanto más cerca estaba el final, los miedos volvían a asomar.

- Esto se acaba, amor.
- Lo sé…
- Y ¿qué haremos?

Había llegado el momento. Ella había lanzado la preguntar, había abierto la veda, ya no había vuelta atrás. Así que me lancé. No sé lo que sentí, solo que empecé a hablar.

- No sé lo que vamos a hacer. Solo sé lo que quiero. Yo quiero estar contigo, Ella. Sé que lo que hemos vivido estos días no es nuestra vida real. Pero quiero intentarlo. Porque lo que he sentido por ti, en todos estos años, no lo he sentido por nadie, nunca. Seguramente, mi vida ahora es más complicada que lo era hace unos años. Ahora tengo un hijo, y él es mi prioridad. Pero podría funcionar. Podríamos hacerlo funcionar. Y me encantaría tener más hijos contigo…

Empecé a llorar, sin control. En ese momento, era incapaz de recordar todo lo que le había dicho.

- Mía, no llores.

Me abrazaba, no podía parar de llorar. En algunos instantes sentía que me iba a decir que estaba loca, que fue bonito mientras duró, y no más. Luego, pensaba que me diría que me quería y que seríamos felices para siempre. Pero no decía nada, y yo solo lloraba.

-  Mía, yo te quiero. Te quiero mucho. Estos días me he dado cuenta, de que sigo enamorada de ti. Que nunca he dejado de estarlo. Quiero estar contigo, porque mi vida es mejor cuando estás tú. Pero no quiero volver a estropearlo. No quiero hacer daño a Lucas. Ni a ti…

¿Qué quería decir con eso? ¿Quería intentarlo o no? Me había dicho que me quería, que quería estar conmigo, pero… me quedé muy confundida.


¿Qué quieres decir?
- Que podríamos intentarlo, sin decir nada, de momento, y vamos viendo… Si te parece bien.

¡Uf! Yo no tenía muy claro esto de volverme a meter en el armario. Aunque en realidad, era la mejor opción.

Despedimos el fin de semana con el que, probablemente fue el mejor sexo en muchísimo tiempo. Me convenció de que mantener el secreto valía la pena. Volvería al armario, pero si Ella estaba esperándome dentro, no estaba tan mal.

A la vuelta, todo estaba como lo dejé. Pero me daba la sensación de que brillaba más el ambiente. Lucas me dio uno de esos abrazos que te llenan de energía hasta los topes. Mi madre me miró con ganas de interrogarme.

-  Te ha ido muy bien el fin de semana, ¿no?
¿Tú también estabas detrás de eso?
- Bueno, no será porque tú me contaras nada de lo que estaba pasando. Si no fuera por Marc…
- Mamá, no quiero preocuparte con tonterías…
- ¿Lo consideras tonterías?
- Mami, ¿te pasa algo?
- ¡No! No pasa nada. Recoge las cosas, que nos vamos.
- Pero, ¿ha ido bien?
Entonces pensé en lo de no decir nada a nadie, aunque tampoco quería mentir a mi madre. Tenía que empezar a utilizar esas fórmulas que ni dicen, ni dejan de decir.

- Sí, ha ido bien.
- ¿Solo eso me vas a decir? Pasas un fin de semana con Ella en el paraíso, y no me dices nada más, ¿de verdad?
- Mamá, ¡qué cotilla eres!
- ¿Has visto a Ella, mami?

Lucas siempre estaba en todo. Era tan cotilla como su abuela.

- Sí, nos hemos encontrado en el hotel.

Mi madre intentó continuar sacando información.

- A ti te gusta mucho Ella, ¿verdad cariño?
- ¡Mamá!
- ¡Sí yaya! Juega mucho conmigo, además también hablamos. Le cuento muchas cosas, y ella me explica historias suyas. ¡Ha viajado mucho!
- Y, ¿de qué habláis?

Me picó la curiosidad sobre las cosas que Ella le explicaba de sus viajes.

- Un día le expliqué una cosa de mi novia Gala, y ella me dijo que también había tenido una novia. Y que a las novias hay que cuidarlas y quererlas.

¿Ella había hablado de novias con mi hijo? ¿Y qué hacía mi pequeño teniendo novia? Cada vez entendía menos cosas. Lo mejor era dejar de preguntar. Veía a mi madre, intentando no reírse con la situación.

- Venga, dale un beso a la yaya, que nos vamos.
Llegamos a casa, y mientras estaba en la ducha, oí que Lucas hablaba.

- Mami, es Ella.

Me trajo el móvil.

- Perdona, no quería molestarte. Solo quería saber que habíais llegado bien a casa.
- No me molestas. Sí, ya estamos en casa. ¿Qué tal?
- ¿Estaría mal que te dijera que te echo de menos?
- No lo creo… yo también te echo de menos.
- ¿Podremos vernos mañana?
- Sí, claro.
Cenamos y nos tumbamos en el sofá. Lucas se quedó dormido en mis brazos. Le miraba, mientras le acariciaba el pelo. Le quería tanto… Me sentí egoísta por quererlo todo. Quería a Ella, quería a Lucas, y quería que funcionara todo eso junto.

Pasaban los días, y mi relación con Ella iba genial. No nos quedábamos escondidas en la cama, también salíamos al cine, a cenar, de compras. Teníamos el noviazgo que nunca tuvimos. Cada vez nos ocultábamos menos. Cuanto más tiempo pasábamos juntas, menos miedo tenía. Poco a poco, queríamos ir contándoselo a las personas que nos importaban, pero nos daba pereza tener esas conversaciones que empiezan: tengo que contarte algo… Así que lo hicimos con naturalidad.

Ella había quedado con Paula y compañía para cenar. Me pidió que le acompañara.

- Les he dicho que iré acompañada.
- ¿No le has contado nada a Paula?
- No. Nada. Me ha costado, es mi mejor amiga. Hablamos mucho. Pero quería hacer las cosas bien.

Me sorprendió. No me hubiera molestado que se lo dijera, lo hubiera entendido, pero me alegró que no lo hiciera. Que lo hiciéramos juntas.

Cuando llegamos, la cara que se les quedó habló por ellos. Yo estaba nerviosa, pero creo que se les heló la sangre al verme llegar de la mano de Ella.

- ¡Cuánto tiempo, Mía! Me alegro de verte.
- Yo también. Sí que ha pasado mucho tiempo.

Me sentí avergonzada, por haber dejado que se enfriará tanto la relación con mis amigos. Aunque a medida que avanzaba la noche, el ambiente era más distendido y relajado. Lo pasamos bien. Acabamos de cenar, y nos despedimos. Habíamos perdido habilidades en eso de continuar la noche más allá de la cena.

- Bueno, un paso más. No ha estado mal, ¿no?
- ¿Comemos mañana con Marc y Lucas?
- ¡Uau, Mía! ¡Estás lanzada! ¿No quieres hablar primero con Lucas?
- No, quiero que lo hagamos las dos.
- Me da miedo.
- A mí también.
Nos cogimos y nos fuimos a su casa. Le mandé un mensaje a Marc.

- Comemos mañana todos juntos?
- Vale! Prepararemos algo en casa.

Le dije a Ella que Marc me había dicho de comer en su casa. Pero no hablamos nada más. Supongo que las dos estábamos tan nerviosas que no sabríamos que decirnos. La verdad era, que Marc se había esforzado porque estuviéramos juntas, pero enfrentarnos a ello, y sobre todo a Lucas… ¿Y si a Lucas no le parecía bien? No recordaba si había tenido tanto miedo en toda mi vida. Nos metimos en la cama, nos acurrucamos, y nos dormimos.

Por la mañana, nos duchamos, sin hablar sobre lo que le diríamos a Lucas. Como si no lo fuéramos a hacer. La miré, en el baño, secándose el pelo en ropa interior. Entonces estuve segura de que era el día. Quería que todos supieran que la quería, y que si me veían tan bien últimamente, era porque ella me hacía feliz.

- ¿Estás segura de que quieres que esté contigo cuando hables con Lucas?
- Sí. Sí que quiero.
 Vale. Pues allá vamos.

Llegamos a casa de Marc.

- ¡Ei! ¡Hola! ¿Ella? ¡Hola! No sabía que vendrías…
 Viene conmigo. Venimos juntas.

No tardó ni medio segundo en reaccionar. Sonrió y nos abrazó.

- ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
- ¡Tsss! No grites. Queremos hablar con Lucas. Con calma.
- Como me alegro… ¿Desde cuándo? ¿Funcionó el plan del spa? ¡Contádmelo todo!
- Luego, hermano. Luego te damos los detalles.

Fuimos a encontrarnos con Lucas, que estaba jugando en su habitación.

- ¡Hola mami!
- ¡Hola guapo!
- ¡Ella!
-   ¡Hola! ¿Qué tal estás?
- ¡Muy bien! ¿Quieres jugar conmigo?
Espera cariño. Ven un momento. Ella y yo, queremos contarte algo.
- ¿El qué?
- Bueno, Lucas… A ver…

No sabía cómo decírselo. Era mi hijo, yo, mejor que nadie debía saber cómo hablarle, pero no. No encontraba las palabras. Pensé en empezar contándole una historia, hablarle de las relaciones de las personas adultas…


Ella y yo, últimamente pasamos mucho tiempo juntas. Y nos lo pasamos muy bien. Y queremos pasar más tiempo juntas. Como papá y Sonia, ¿sabes?
- ¿Os queréis? Papá y Sonia siempre se dicen que se quieren mucho.

No me esperaba esa pregunta. No estaba segura de que él entendiera la importancia de querer así. Ella me miró, sorprendida. Le sonreí, y miré a Lucas.

- Sí, nos queremos. Yo la quiero mucho. Y nos gustaría hacer cosas los tres juntos. Y algunos días los pasará en casa con nosotros… si a ti te parece bien.
- Ella, ¿tú quieres a mi mami?
- Sí, mucho.
- ¡Vale!
- ¿Te parece bien?
- ¡Sí! ¿Juegas conmigo, Ella?

Y ahí acabaron los nervios. Lucas no le dio tantas vueltas al tema, como nosotras. Ella me acarició la mano, y se puso a jugar con él. Yo los miré, y salí de la habitación. Me topé con Marc. Se le notaba que había estado escuchando.

- ¿Cómo ha ido?
- No disimules. Lo has oído todo.
- Vale… sí… Me he quedado escuchando un poco. Lo siento…
- No pasa nada.
- Debes estar muy segura para haber dado este paso.
- Sí, lo estoy. Lo estamos. No sé qué pasará, pero ahora, estamos seguras de esto. Queremos intentarlo. Lo estamos haciendo. Tu plan funcionó.
Jajaja. Entonces, ya hace un tiempo de esto, yo había perdido la esperanza, después de que ninguna de las dos me dijera nada.
Queríamos ir despacio. Ahora está Lucas. No queríamos volver a hacer una locura.
- Me parece genial. Os lo merecéis. Estáis hechas la una para la otra.
- Gracias, Marc.

A partir de entonces, empezamos a llevar una relación normal, a la vista de todos. Por supuesto, puse a mi madre al tanto de todo. No sé si se alegro más por verme feliz, o por recuperar a Ella.

Lucas estaba encantado con esta nueva situación. Fue el que mejor lo llevó, con él nada era raro. A todo le quitaba importancia. Le gustaba que Ella se quedara en casa, hacía sus rutinas con ella: el baño, la cena, el cuento… Cuando era fin de semana, se venía a la cama, y se metía entre nosotras. Y cuando no se quedaba, preguntaba dónde estaba.

- Lucas, ¿te gustaría que Ella viviera con nosotros?
- ¿Traería a Indiana?
- ¡Claro! Vivir los cuatro juntos.
- ¡Sí!
- Bueno, se lo preguntaré. Quizá no puede dejar de cuidar su casa, y tenemos que esperar un tiempo.

Estuve debatiendo conmigo misma, si primero hablaba con Ella, o primero con Lucas. Ya que decírselo a Lucas, y que Ella dijera que no, sería tener que darle explicaciones. Pero, pensé que se lo merecía. Merecía ser el primero en opinar. Ya solo, tenía que prepararme para pedírselo a Ella.

Llevábamos unos meses juntas. La relación funcionaba. No habíamos hablado sobre el futuro, pero las dos sabíamos lo que esperaba la otra. Yo sabía que, cabía la posibilidad, de que Ella quisiera tener más hijos, y me parecía bien. Quería estar con ella, quería una vida con ella. Estaba preparada. Ni en nuestros mejores tiempos, habíamos estado tan bien. Éramos nosotras, pero en una versión mejorada. Los años nos habían mejorado.

Una de las noches, que Lucas estaba con su padre, preparé la cena, antes de que Ella llegase de trabajar. Lo de ser socia, le obligaba a estar más por la oficina. No puse el ambiente muy romántico, no quería que sospechara que quería decirle algo, y estuviera tensa toda la cena. En cuanto escuche la llave en la puerta, la que se puso tensa fui yo.

- ¡Hola!
- ¡Hola amor! ¿Celebramos alguna cosa?
¡No! Solo que he llegado pronto a casa, y he pensado que nos lo merecíamos.
- ¡Me parece genial!

Nos sentamos a cenar. Hablábamos, pero yo no encontraba el momento de decirle lo que le quería decir, y ella parecía que cada vez estaba más incómoda.

- Ella, quiero decirte algo… ¡Vaya, qué típica he sonado!
 Vaya…
Las cosas nos están yendo bien. Estamos bien, estoy genial contigo…
- Mía…
- Quiero que sigamos avanzando. Te quiero, y quiero que vivamos juntas.
- Mía…
- ¿Qué pasa? ¿No te parece buena idea? ¿Es demasiado pronto? No pasa nada…
- No, no es eso…
- ¿Entonces?
- Hoy he estado hablando con mi socia. Ha salido una oportunidad muy buena para crecer como empresa…
- Ah…
- Pero me piden que me traslade, a Suecia.

No supe que decirle. Si me lo contaba, era porque estaba valorando la posibilidad de marcharse. Y me vi, a mí misma, unos años atrás…


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@MamaoMami

4 comentarios:

  1. Estoy segura que este capítulo fue más corto. Me lo he leído en un papadeo.
    Me encantó!! Espero la continuación pronto.
    Saludos.

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  2. Genial, ahora toca esperar una semanita, me encanta tu relato :)

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