Relato: Ella es Mía (capítulo 18)

jueves, 15 de septiembre de 2016
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Ella

Después de quedarme un rato en la cocina, oí la puerta. Se había ido. Otra vez. No se lo tuve en cuenta, porque sabía que era lo mejor que podría haber hecho. De verdad tenía ganas de que saliera bien. Al fin y al cabo, siempre íbamos a estar unidas por la familia. Pero era tenerla cerca, y despertaba algo en mí, no sabía explicarlo. No era algo racional, solo lo sentía. Esa noche, comprobé que Mía seguía sintiéndolo, también.

Pensé en llamarla. Para decirle… no sabía bien el qué. Pero las últimas veces que nos habíamos dejado así, y luego no nos habíamos dicho nada, no nos había ido muy bien. Así que la llamaría, al menos, para que supiera que no estaba enfadada, y que también, creía que lo mejor había sido acabar la noche. Aunque no encontraba el momento para marcar su número. Ahí estaba, sentada, con el teléfono en la mano, dándole vueltas a una conversación inexistente.

Mientras esperaba, me llegó un mensaje. Se me había adelantado. Me decía, exactamente, lo mismo que yo pensaba: cuando estábamos juntas, algo superior a nosotras, hacía que quisiéramos más. Yo tenía claro que estar juntas no sería posible, así que deseaba que consiguiéramos ser amigas. Pero no se me ocurría como podríamos hacerlo. No me escribió más.

Al día siguiente, quedé con Marc. Le expliqué lo que nos había pasado la noche anterior.


Ella, ¿por qué os estáis empeñando en hacerlo todo tan difícil?
- ¿Qué dices?
- A ver, que ya me sé el rollo de lo complicadas que son las relaciones, y todo eso, no soy un crío. Pero es que vosotras, está claro ¡os queréis! Habéis pasado vuestras etapas. Pero en realidad, y por mucho que me pese, por la parte que me toca, siempre habéis sido vosotras. La una para la otra.
- Es que no entiendes nada. Si fuera tan fácil ¡ya estaríamos juntas!
- No, porque seguís cegadas en lo contrario.
- Marc, cuando hemos estado juntas no ha ido bien.
- Eso no es cierto. La primera vez os fue genial. Os separasteis, pero no por falta de amor. Y puede que ahora, aquello que os separó, ya no sea un obstáculo.
- ¿Y la segunda?
- La segunda fue circunstancial.
- Sí ¡claro!
- En serio Ella, yo quiero que seas feliz. Y si eres feliz con Mía, no sé porque tantas vueltas…
Porque no sé si soy feliz con ella. Han cambiado muchas cosas. ¿Y Lucas?
- ¿Lucas? ¿Qué pasa con él?
- ¿Cómo llevaría que estuviéramos juntas su madre y yo, que soy su tía?
- Ella, deja de buscarte excusas.

Y ahí me dejó. No me dijo nada más sobre el tema. Había dejado claro lo que pensaba, y no iba a darle más vueltas. Pero no tenía ni idea. Él lo veía muy fácil porque no le incumbía. Además, ¡Lucas no era una excusa! Me preocupaba, y mucho, lo que él pudiera pensar de mí. No quería que se enfadara conmigo, por nada.

Di por zanjado el tema. Bueno, mi cabeza parecía que no. No dejaba de pensar en Mía. Sabía que debía evitarlo o lo convertiría en mi obsesión, y eso no era nada bueno. Tenía que dejar de pensarla, de soñarla. No quería caer en la misma mierda, en la que ya había estado.

Dediqué los días a preparar mi fiesta de cumpleaños. Ese año me apetecía hacer una gran fiesta. Me la merecía. Paula me ayudó a prepararlo todo. Escogimos un local, había futbolín, billar, un buen equipo de música… Encargué algunas cosas para comer, y mucha bebida. Quería barra libre.

- ¿Invitarás a Mía?
- ¿En serio me lo preguntas, Paula?
- Pues sí. ¿Por qué te parece tan raro?
- Después de la última vez que nos vimos… no, no la voy a invitar. Cuanto menos nos veamos, mejor.

Me estaba empezando a cansar que todo el mundo viera tan fácil que Mía y yo nos lleváramos bien, y tuviéramos una relación normal. Así que opté por empezar a dejar de dar importancia cuando me hablaban de esa manera.

Cuando llegué al local, ya vi que iba a ser una gran fiesta. Algunos amigos habían traído acompañantes. Había gente a la que no conocía, pero no me importaba, yo misma les animé a traerlos. Nunca había dado una fiesta así, era una tarea pendiente. Y si me gustaba, incluso repetiría.

Marc se quedó alucinado cuando vio la que se había liado.

-  ¡Vaya hermanita! ¡Menudo fiestón has montado!
Tú, como en casa, bro.
- Ten, aquí tienes nuestro regalo. Antes de que esto se lié mucho.
- ¡Muchas gracias!

Sonia y Marc me regalaron un fin de semana en un spa. En cuanto lo vi, empecé a imaginarme en el jacuzzi, la piscina… todo el fin de semana sin hacer nada. ¡Qué bien! Pensé que Marc quería que me relajara y me olvidara de toda la situación caótica que le había contado. Era un tío muy majo.

- ¡Muchas felicidades!
- Eh… ¡gracias!
- Soy Berta. He venido con tu socia.
- ¡Hola Berta! Encantada. ¿Lo estás pasando bien?
- Sí, muy bien. Es una fiesta genial. Además la anfitriona es guapísima. Eso es un plus.
- Ah…mmm… muchas gracias.

La chica se acercó mucho para hablarme, pero pensé que era porque la música sonaba fuerte y, apenas nos oíamos. Aunque cuando dijo eso, mientras dejaba caer su mano por mi espalda, empecé a pensar, que estaba tomando mucha confianza.

- ¿Te estoy incomodando?
- No, no. Lo siento. Solo que no esperaba…
- No esperabas…

Su mano ya estaba en mi culo. No la culpo. Mi fama me precedía. Supongo que, en este mundo, queda más lo que haces, que lo que no. Aunque hacía mucho tiempo que lo había dejado, yo había sido una bollera muy conocida por mi poca resistencia a las insinuaciones.

Ni quité su mano, ni me aparté. Así que Berta empezó a besarme el cuello. Pensé que podía ser mi momento, de volver a ser la que fui. Ya había pasado mi época de celibato, de penitencia. Era una chica soltera, con muchas ganas de disfrutar de la vida. Estaba dejándome llevar. Berta seguía besándome y acariciándome.

- ¿Vamos a un sitio más íntimo?

No me dio tiempo a contestarle, me cogió la mano. La seguí. Pasamos entre toda la gente. Mi gente. Parecía que se lo pasaban bien. Vi a Paula y a Javier hablando. Paula me miró, pero no dijo nada. Luego nos cruzamos con Marc, también me miró, le miré. No me estaba juzgando, pero pude ver en sus ojos que no se esperaba que me fuera con una desconocida. Entonces me paré.

- Mira, Berta, lo siento.
- ¿Qué pasa?
- Es que no me parece buena idea que nos vayamos. Estoy bien aquí. Es mi fiesta, y no me la quiero perder.
- Podemos vernos cuando acabe la fiesta.
- No creo que sea un buen momento. No es un buen día. Podríamos quedar en otra ocasión, y tomar algo.

No quería quedar con ella en otro momento. Pero tampoco quería ser una borde. Además, tarde o temprano, tendría que empezar a rehacer mi vida. Solo que esta vez quería hacerlo bien. Quería sentar la cabeza.

- Sí, claro. Otro día.

Se fue, y me dejó ahí plantada. No me molestó, era lo que quería. Al volver, Marc me preguntó si todo estaba bien. Le dije que sí. Lo estaba. Me sentí bien por no haberme dejado llevar irracionalmente. Sí quería disfrutar, pero había llegado el momento de hacerlo con calma. Acabé la fiesta pasándomelo genial. Todos los demás parecía que también. No creía que pudiera repetir, estaba dejando el listón muy alto.

Me centré en mi fin de semana. Me preparé una bolsa, y salí temprano por la mañana. Me cogí el día libre. Pensaba llegar pronto al hotel, y empezar a disfrutar. Me paré a comer en un restaurante con vistas al mar. De esos pijos, que no te puedes permitir muchas veces en la vida, o ninguna. Pero yo me lo permití.

A primera hora de la tarde ya estaba en el hotel. Un hotelito, prácticamente aislado. ¡Superbonito! La habitación me encantó, tenía una terracita, para tomar el aire, que me vendría genial. Me dieron un horario con los masajes que tenía contratados, el spa… ¡Marc se lo había currado de verdad!

Una vez estuve instalada, me senté en la terraza, esperando que se hiciera la hora de ir a la piscina. Se estaba genial. ¡Qué bien sentaba el aire puro! Bueno, eso de puro, es relativo, yo ya no creo que haya aire puro en ningún rincón del planeta. La cuestión es que estaba de puta de madre.

No sé cuánto tiempo llevaba ahí sentada. Oí que se abría la puerta de la habitación de al lado. Se me paró el corazón al ver a Mía. ¿Qué narices hacía ella allí? Era mi fin de semana. ¡Era el regalo de mi cumpleaños!

- Hola.

Por su cara supe que no esperaba encontrarme ahí. Seguro que todo había sido idea de Marc. ¿Cómo se le había ocurrido meternos en esa situación? Pensé en entrar y llamarle, pero al ver como desaparecía Mía de la terraza, supuse que ella se me iba a adelantar. Me quedé un rato más, intentando no ponerme nerviosa.

Me acerqué a la habitación de Mía. Solo quería calmar la situación. Seguramente las dos queríamos lo mismo: pasar un fin de semana tranquilo. En ese momento le estaban explicando el tema de los horarios. Seguro que Marc había cogido los mismos para las dos… Después de decirle que había sido un regalo de cumpleaños, me felicitó.

- ¿Cumpleaños? ¡Es verdad! Fue tu cumpleaños. Felicidades.
- Muchas gracias.

Tengo que reconocer que esperaba que se me acercara. Pero yo tampoco hice la intención de acercarme a ella. La situación no podía ser más tensa. Se me iba a hacer un fin de semana eterno…

- Bueno, me voy a cambiar. Mi planning dice que me toca piscina. No le voy a hacer un feo a esta chica tan mona que me lo ha traído. Nos vemos, Mía.
- Hasta luego.

En otro momento de mi vida, hubiera cogido mi bolsa, y me hubiera ido. Pero ya me había cansado de esa Ella, ahora me enfrentaba a las cosas. Ya era hora. En una película uno de los personajes decía que, por evitar las cosas malas, se había perdido las buenas, y yo no quería que me pasara eso. Me quedé. Me cambié, y me fui a la piscina. No tenía ni idea de lo que haría Mía, pero no quería que me importase.

La piscina estaba solitaria. Empecé a nadar, me concentré en mi respiración, y dejé de pensar. En un descanso, vi como Mía aparecía por la puerta. Todavía puedo sentir el cosquilleó que me recorrió el cuerpo al verla entrar. Y cuando se quitó el albornoz…

Siempre había pensado que era la mujer más guapa con la que había estado. Era preciosa, pero cuando hablaba, lo era aún más.

Se metió en la piscina.

- Pues sí que se está bien aquí. Podría quedarme todo el día.
- Te quedaría arrugadita, como una pasa. No creo que quieras eso. Jajaja.
- Acaso, ¿no voy a ser una yayita muy guapa?
- ¡Claro, Mía! ¡Tú vas a ser guapísima siempre!
Mira que te gusta quedar bien, eh…Seguro que ya le has hecho ojitos a la chica mona…
- ¡Qué va! He perdido mi don…

Estaba disfrutando muchísimo. Nos lo estábamos pasando bien. Podíamos bromear sin crear tensión entre nosotras. Entonces me atreví a decírmelo: estaba tan enamorada de Mía…

- Se va haciendo la hora de cenar, Ella.
- Sí, supongo que también tendremos la misma hora de la cena.
- Será un placer cenar contigo.
- No me hagas esperar mucho…

La besé en la mejilla, y nos fuimos para la habitación. Cada una para la suya. Aunque a mí, me hubiera encantado ir con ella. Quitarle el bikini, y meternos en la ducha. Besarla, acariciarla… Tuve que retornarme a la Tierra, o sería yo la que no llegaría a la cena.

No tardé mucho en estar lista. Solo me había traído un par de chándales, a parte de los bikinis. Bajé al restaurante, y la esperé, deseando que ella no hubiera traído ningún vestido elegante.

Apareció por la puerta. Por suerte, tampoco había cogido nada muy refinado, o al menos, no se lo había querido poner. Aun así, era una cita, una cita de verdad. No quería que se estropeara el momento. Quería esa cena, quería esa cita con Mía.

- Lucas es el centro de mi vida. Me refiero, que ahora, antes de tomar una decisión, tengo que pensar en cómo le afectará a él.
- Normal. Lucas es un niño genial. Estáis haciéndolo muy bien.
- Bueno… ¡hacemos lo que podemos! Pero lo compensa, él lo compensa todo.
- Imagino…hace un tiempo, que le doy vueltas a la idea de ser madre.
¿Tú? Vaya… eso no me lo esperaba…

Todo eso de sentar la cabeza, conocer a Lucas… me había llevado a empezar a pensar en la idea de ser madre. No es que fuera algo que tuviera claro, pero empezaba a pensar en ello, cosa que no había hecho nunca.
La cena fue genial. No quería que acabara nunca. Pero cuando nos íbamos, y Mía me dijo…

- ¿Quieres venir a mi habitación? Prometo no irme y dejarte plantada.
- Mía… creo que… creo que prefiero que cada una vaya a la suya. Lo siento.

Me entró el pánico. Llevaba toda la tarde, y parte de la noche, deseando estar con ella. Pero cuando me lo dijo, no me atreví. ¿Y si eso afectaba, otra vez a nuestra relación? Ahora que parecía que nos estaba yendo bien. No quería estropearlo.

Aunque me intenté justificar, vi que Mía se había sentido ofendida. No me moví. No dejaba de darle vueltas. No sabía qué era lo mejor. Al final, me metí en mi habitación, me senté en la cama. ¿Y si había llegado nuestro momento? ¿Y si podíamos estar juntas? Quería a Mía, ¿por qué me empeñaba en no estar con ella?

Me levanté, y piqué en su puerta. Cuando la vi, se me olvidó todo lo que quería decirle. Quería hacerlo bien. Pero no supe que decir. Mía lo arregló besándome.

- Mía, te he echado mucho de menos.
- Yo también.
- Pase lo que pase en mi vida, siempre te echo de menos. Siempre me faltas tú.
- No quiero faltarte más.

Nos tiramos en la cama, sin dejar de besarnos, de acariciarnos. Yo estaba excitadísima, pero a la vez tenía ganas de llorar. Había deseado tanto volver a tenerla en mis brazos… Había follado bastante en mi vida, pero el amor solo lo había hecho con ella. Habíamos tenido muchos momentos de lujuria Mía y yo, pero esa noche no era uno de ellos. Nos disfrutamos. Nos saboreamos.

- Ella, no voy a irme a ninguna parte.

Nos abrazamos. Mía enseguida se quedó dormida. Yo la miraba. La miraba, y me juré que yo tampoco iba a irme a ninguna parte. No me iría sin ella. Ya no. ¿Cómo se lo tomaría Lucas?
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@MamaoMami


3 comentarios:

  1. ¡oh Dios! Estoy segura que este fue mucho más corto, me quede dando hacia abajo a la página a ver si salia un poco más de lectura pero no fue así.
    Excelente en verdad muy bueno, ¡me ha encantado!

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    1. Muchas gracias! La próxima semana más! ��

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  2. waoooo. Está mejorando la cosa a la verdad gracias por considerar a tus lectoras, y como todo lo mejor se hace esperar se que continuamos esperando la próxima semana porque lo que tiene de Ella muy concisa, madura por demas q no esta mal y es muy coherente. espero q Mía, pase la pagina igual como debe ser.. me pareció corto hoy.

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