Relato: Ella es Mía (capítulo 17)

jueves, 8 de septiembre de 2016
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Mía

Fue entonces, después de verla desaparecer de la habitación, después de sentir lo que sentí cuando me acarició el pelo, que supe que no podríamos serlo. No podríamos ser amigas. No quería volver a irme, dejarla sin decir nada. Pero, lo último que quería en ese momento, era volver a verla. Palpar esa tensión a nuestro alrededor. ¿Qué íbamos a decirnos?

Así que me marché. Otra vez. Pero esta vez, cuando me calmase, y pudiera pensar con claridad, la llamaría. Bueno, quizá solo le mandaría un mensaje. Como fuese, para que supiera que seguía ahí.

Sí que esperé a llegar a casa, pero ni me calmé, ni pensaba con claridad. Aún así, cogí el teléfono, y le escribí.

- Siento haberme ido así. Necesitaba coger aire. Pensaba que podría hacerlo, pero no, Ella. No puedo ser tu amiga, y no sé si podré serlo algún día. Porque cuando estás cerca pienso en tocarte, en abrazarte, en besarte… Me gusta estar contigo, claro que me gusta. Pero no ser tu amiga. No quiero ser solo tu amiga.

Ni me lo volví a leer antes de enviárselo. Creo que no lo hice, porque si no, seguramente no se lo hubiera mandado. Esta vez, me quedé pegada al teléfono, esperando a que me respondiera. Lo haría, ¿no? De golpe, me entraron todos los miedos, arrepentimientos… Y entre todo ese caos, Lucas. No había pensado en él. Me sentí fatal. ¿En qué lugar le dejaba a él todo esto? Por culpa de mi arrebato de romanticismo, con tintes adolescentes, había puesto patas arriba mi relación con Ella, y Lucas quedaba en medio de eso.

No tuve tiempo de pensar mucho más, me sonó el teléfono móvil. Me había contestado. Lo abrí rápidamente, pero, casi, ni atinaba a leer lo que ponía.

- Lo sé. Te entiendo. A mí me pasa lo mismo. Aunque ahora no se me ocurre ninguna solución a esta situación.

¿Qué le podía contestar? Yo tampoco sabía cómo solucionarlo. Bueno, en realidad, sí que se me ocurría algo, estar juntas. Era lo que las dos queríamos, ¿por qué no volver a intentarlo? Pero si ella no me lo había dicho, seguro que no era una opción que se plantease.

Intenté seguir con mi vida, con normalidad. Tampoco es que hubiera caído en un desconsuelo absoluto, pero, sí que estaba más desanimada. Me sentía impotente, porque la vida real no es como los libros o las películas. Ahí, los son amores correspondidos, todo se les pone fácil, a favor. En cambio, la realidad es que, en una relación de pareja, hay dos personas, y una, está fuera de tu control. Tú puedes sentir el amor más profundo, y la otra persona estar en una dimensión totalmente diferente. Tú puedes pensar que el amor lo superará todo, podrá con todo, y la otra persona estar segura de que eso no puede pasar. 

Al cabo de unos días, una noche cenando con Lucas, Marc y Sonia, me dieron un sobre. Era un sobre muy bonito, hasta olía bien.

- ¿Qué es esto?
- ¡Ábrelo mamá! ¡Es un regalo!
- ¿Un regalo? ¿Por qué?
- ¡Qué más da el por qué, Mía! Tú acéptalo.
- ¡Porque eres la mejor mami del mundo!

Lo abrí. Era un vale por un fin de semana en un spa. No tenía ni idea de a qué venía eso, pero, la verdad, es que me vendría perfectamente desconectar un par de días. Lucas estaba contentísimo de haberme hecho un regalo, porque sí, aunque estaba segura de que la idea no había sido suya, claro. El cheque era para esa misma semana. Por un momento, me ofendió que dieran por hecho que no tendría planes. Enseguida se me pasó. Lo iba a aprovechar.

¡Muchas gracias! Me irá genial un fin de semana de descanso y desconexión.
Eh…sí, claro… ¡Te irá genial!

Pasé la semana pensando en el descanso que me esperaba. Creo que, hasta me desanimé un poco más, como para justificar aún más que lo necesitaba.

Llegó el viernes. Por la tarde me preparé una bolsa, sin muchas cosas, no pensaba quitarme el bikini, más que para que me masajearan. Preparé una bolsa para Lucas. Quedamos con Marc que, ya que yo iba a tener mi fin de semana de desconexión, el niño se quedaría con mi madre, y ellos podrían tener un fin de semana romántico.

Dejé a Lucas, y me dirigí a mi paraíso por tres días. Ya en el coche me puse mi música favorita. Empezaba a animarme. Iba a apagar el teléfono. Si me necesitaban, ya sabían dónde estaba. Para llegar al hotel, tenías que pasar un camino, perdido entre las montañas. Ya me estaba gustando.

Aparqué. El hotel era precioso. No tenía nada alrededor. Y había unos cuatro coches en el aparcamiento. Eso era buena señal. Tranquilidad asegurada.

Entré, me registré, y me acompañaron a la habitación. Muy bonita, con salida a una terraza, desde la que se veían las montañas. Dejé la bolsa.

- Ya he llegado. Es precioso. Un beso
- Gracias. Es un sitio muy bonito. Pasadlo bien.

Le mandé un mensaje a mi madre. Otro a Marc. Y apagué el teléfono. Abrí la ventana, y salí a la terraza a respirar ese aire, que parecía ser, el más puro que hubiera respirado nunca.

-  Hola.

Me asusté. No esperaba que hubiera nadie en la terraza de al lado. La sorpresa fue mayúscula, cuando vi quien era.

- ¡Ella! Hola. ¿Qué haces aquí? Bueno…supongo que lo mismo que yo…quiero decir… no sabía que tú…
- Tranquila, yo tampoco sabía que tú vendrías. Aunque supongo que la reserva te la habrá hecho la misma persona que a mí…
- ¡Marc!

Entré para dentro, y encendí el móvil. Estaba empezando a perder la cuenta de las veces que estaba dejando a Ella plantada. El teléfono tardó una eternidad en encenderse.


¡Marc! ¿Qué has hecho?
- ¡Os habéis encontrado ya! Por tu tono, seguro que sí.
- ¿No era un regalo para que me relajara? Pero, tú…
- Mía, voy a colgarte, ¿vale? Haz el favor de apagar el móvil, y relajarte. Disfruta. Y hablamos a la vuelta. Un beso.
- ¡Marc!

Me colgó. Yo estaba que me iba a subir por las paredes. Me había fastidiado mis días. Mi descanso. Mi desconexión. No sé qué es lo que esperaba. ¡Qué pensaba! ¿Qué volveríamos juntas y enamoradas? ¡No pensaba salir de la habitación!

Entonces, llamaron a la puerta. Estaba claro quién iba a ser. Así que no sabía si quería abrir la puerta. Estaba entre enfadada, triste, decepcionada… Volvieron a llamar.

- ¿Hola? ¿Hay alguien?

No era Ella. Así que abrí la puerta rápidamente.

-  Hola señora. Vengo a informarle del planning que cogió previamente, con su reserva. Aquí tiene el horario de sus masajes, spa y cenas. Espero que disfrute.
Muchas gracias.

Mi cara debía ser todo un poema. Me había reservado ya todo el horario. Pues, me daba a mí, que no iba a disfrutar mucho.

- Hola.

Aún no había cerrado la puerta, y apareció Ella. Entonces sí que me pareció real que estuviera ahí, podía olerla.

- Hola. Lo siento. No esperaba encontrarte. Solo quería pasar un par de días…
- No pasa nada. Yo tampoco esperaba que estuvieras aquí. Pensé que Marc se había vuelto muy espléndido con sus regalos de cumpleaños.
- ¿Cumpleaños? ¡Es verdad! Fue tu cumpleaños. Felicidades.
- Muchas gracias.

Ninguna de las dos nos atrevimos a acercarnos a dar los besos. Así que nos quedamos paradas en la puerta, durante unos segundos, sin decir nada.

- Bueno, me voy a cambiar. Mi planning dice que me toca piscina. No le voy a hacer un feo a esta chica tan mona que me lo ha traído. Nos vemos, Mía.
- Hasta luego.

Entró en su habitación y cerró la puerta. Yo cerré la mía. Vi que a mí también me tocaba ir a la piscina. Pero opté por tirarme en la cama. Seguramente, en algún momento de mi vida, no hacía tanto tiempo, hubiera pensado que estaba viviendo un sueño. Un fin de semana, perdida en la nada, encerrada en un hotel precioso, con la mujer que me quitaba el sueño. Pero, no lo estaba viendo así. Es que no sabía qué hacer. Estaba paralizada.

Volvieron a llamar a la puerta. Me trajeron una nota. Marc había llamado, y me había dejado un mensaje.

- Mía, no pienses en nada. Solo haz lo que realmente te apetecería hacer. Y luego, ya se verá. Sé que ahora me odias. Pero lo hemos hecho porque os queremos. Pásalo bien.

Llevaba razón, le odiaba. “Lo hemos hecho” estaban todos enterados de lo que iba a pasar. ¿Habrían metido a Lucas también? Bueno, daba igual. Ya no había marcha atrás, ya estaba allí, ya había visto a Ella, podía irme, volver a dejarla plantada, perderme mi fin de semana, y volver a la misma vida ya que sabía que me esperaba. “Lo que realmente te apetecería hacer”, me puse el bikini, cogí el albornoz y las zapatillas y me fui a la piscina.

Cuando Ella me vio llegar, me miró y me sonrió. No pude evitar devolverle la sonrisa.

- Se está genial aquí dentro. ¡Marc es un sol! Jajajaja
Jajaja Sí, eso mismo he pensado yo de él. Así que la chica es muy mona, ¿no?
No tanto como tú.

Me encantaba que con Ella, los momentos tensos duraban poco. Poco a poco, dejé la tensión, y empecé a disfrutar. Realmente, era lo que quería, quería estar con Ella. Y ¿qué mejor que donde estábamos?

Estuvimos nadando, compitiendo, imitando a Gemma Mengual, riendo… Me olvidé de todo, y solo pensaba en ella. No, mejor dicho, pensaba en lo bien que estaba yo, estando con ella.

Por supuesto, Marc se había encargado de que cenáramos juntas. Lo que me pareció genial. Ya en la habitación, preparándome para la cena. Pensé en que era lo peor que podría pasar. Pero me di cuenta, que peor que no querer verla, como ya me había pasado…

Me arrepentí de no haberme cogido nada de ropa, un poco elegante. Cuando llegué al restaurante, Ella ya estaba sentada. Debía haber pensado como yo, que no se quitaría el bikini en todo el día, porque iba en chándal.

- Ya veo que te has puesto tus mejores galas para cenar conmigo.
- Mía, ya sabes que a mí me queda bien cualquier cosa.

Me guiñó un ojo. Me senté. La miré. Cuánta razón tenía, todo le quedaba bien.


 Por fin, tenemos la cita, que tanto se nos ha resistido.
Siempre he querido tener una cita de verdad contigo, Ella.
- Pues aquí me tienes.

Se puso seria para decírmelo. Supe que, de verdad, la tenía ahí. Ella también me tenía a mí. Estuvimos hablando durante toda la cena. Cada vez me daba más cuenta, había llegado nuestro momento. Ese era.

- ¿Quieres venir a mi habitación? Prometo no irme y dejarte plantada.
- Mía… creo que… creo que prefiero que cada una vaya a la suya. Lo siento.
- ¡Ah! No… claro. No pasa nada. Seguramente, es lo mejor.
- He estado genial. No quiero que pienses…
- No, no tienes que justificar nada. De verdad. Buenas noches.

Le di un beso en la mejilla, y me fui para mi habitación. Mentiría si dijera que no me sentía avergonzada, y decepcionada. Estaba muy bien con ella, y no quería separarme. Quería acostarme con ella, también. Pero lo que no quería era que se separase de mi lado.

Me quité la ropa y me metí en la cama. Había sido un día largo. No tardé en dormirme. Me despertó la puerta. Estaban llamando a la puerta. Por un momento, me imaginé cualquier escena romántica, Ella arrepintiéndose y volviendo a buscarme. Luego pensé, que quizá pasaba algo.

- Hola. ¿Ya dormías?
- Eh…no, no… bueno, sí…
- Se te nota… jajaja Pero he pensado que…bueno…
- Ella, ¿qué quieres?
- Es que había pensado un montón de excusas, pero se me han olvidado todas.
- Excusas, ¿para qué?
- Para venir a tu habitación. Para abrazarte. Para besarte. Para quedarme contigo toda la noche.

Me desperté de golpe. El corazón se me aceleró. Esperaba que no fuera un sueño, y me estuviera imaginando toda la situación, y luego me despertara, y siguiera sola en mi cama.


Para eso no necesitas excusas.

La besé. La besé en la puerta de la habitación, y dejé de pensar. Entramos. Y no dejábamos de besarnos. Nos abrazamos.

- Mía, te he echado mucho de menos.
- Yo también.
- Pase lo que pase en mi vida, siempre te echo de menos. Siempre me faltas tú.
- No quiero faltarte más.

Se quedó toda la noche. 
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@MamaoMami

2 comentarios:

  1. ¡Excelente me ha encantado! Espero la continuación pronto, aunque senti que el capitulo podía ser más largo, pero bueno todos los capítulos los devoró; asi que no se que tan cierto sea eso de que es corto.
    En fin me encantó y espero volver a leerte pronto.
    Saludos

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    1. Muchas gracias! Jajaja Es buena señal que se te haga corto. Habrá más!
      Un saludo!

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