Relato: Ella es Mía (capítulo 16)

jueves, 1 de septiembre de 2016
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Ella

Mía me mandó un mensaje. No le contesté, no quería hacerlo. Era un simple “¿qué tal?”, pero mi cabeza empezó a elucubrar en lo que podría pasar si le contestaba: “Bien, ¿Y tú?” “Muy bien. Estaba aquí, pensando en ti…” “Yo también pienso en ti…”… Y no podía permitirme nada de eso. Ya no.

Me costó mucho no responder al mensaje. Tampoco quería parecer que estaba enfadada, resentida. No nos habíamos hablado en cinco años, no se ha había preocupado, ni una sola vez, de cómo estaba. ¿Por qué ahora? Empecé a pensar que Mía era una chica caprichosa, una “culo veo, culo quiero”. Y yo, pasaba de eso.

Volvió a escribirme. Insistía en que nos viéramos alguna vez. Creía que se lo había dejado claro, el día de Nochebuena. Ponerme negativa con ella, me lo puso más fácil para ignorarla, y no contestarle, otra vez.

Fui a casa de Marc. En los últimos días había ido varias veces. Lucas se estaba quedando con él, y aprovechaba para recuperar algo de tiempo perdido. El niño me encantaba, lo pasábamos genial juntos. Además, también pasaba tiempo con Marc, nos poníamos al día de todo lo que se nos había escapado.

- Me ha escrito Mía.
- ¿Qué quería?
- Que nos veamos.
- ¿Y qué le has dicho?
- Nada. No le he contestado.
- ¿Por qué?
¡Porqué no quiero! ¡No quiero verla! No quiero que quedemos, como si tuviéramos una cita. ¿Por qué insiste? En cinco años no me ha dicho nada. Se fue de mi casa. Me dejó tirada. Y han pasado ¡cinco años! ¡Es una inmadura!
- No te pongas así. Tú tampoco sabes lo que le ha pasado a ella en estos cinco años.
- ¿La defiendes? ¿Te parece bien qué, a pesar de que le dije que no quería quedar con ella, siga insistiendo? Es que esta relación es ¡una puta pesadilla! Tampoco estuvimos tanto tiempo juntas…
- Yo no defiendo a ninguna. No me voy a meter. Lo que tú decidas me parecerá bien. Pero, sabes que en vuestra relación, lo de menos, es el tiempo que estuvisteis juntas.

Marc llevaba razón. Daba igual si estuvimos tres años, como si hubiéramos estado cinco, como veinte. Es como los vivimos. Y tampoco pensaba que fuera una pesadilla. Yo viví mi propia pesadilla, que creo que, tarde o temprano, habría vivido, de una manera u otra, tenía mucho que gestionarme. Pero estar con ella me daba vida. Siempre lo había hecho.

A pesar de que ya no proyectaba tanta negatividad hacía Mía, no le contesté. Hice como si nunca me los hubiera escrito. Me concentré en el trabajo. Mi jefa había aceptado mi propuesta de ser socia, así que tenía la cabeza suficientemente ocupada, como para, encima, añadirme más historias.

Era una aventura que me tenía bastante nerviosa. Nuestro campo se había ampliado mucho, había más empresas que trabajaban en lo mismo, y lo hacían bien. Así que me centré en que fuéramos los mejores. Y mi jefa, estaba encantada con mis aportaciones.

Cuando tenía algo de tiempo libre, lo pasaba con mis amigos, o pensaba algún plan para hacer con Lucas. Le había dicho que me lo llevaría a un sitio sorpresa. Le encantaban los deportes, como a mí, así que buscaba partidos que fueran interesantes, en la ciudad. Y lo encontré.


¡Ei Marc! ¿Cómo lo tendrías para que me llevara a Lucas, mañana por la tarde a un partido?
- ¿Mañana? Mañana lo tiene Mía. Le puedo preguntar.
- Oh. Vaya. Pensaba que estaba contigo.
- Bueno, pero quizá lo puedas recoger por aquí. Somos muy flexibles con nuestro calendario.
- No. No importa. No quiero liaros.
- No, tranquila. Seguro que no hay problema. Ahora te llamo.

La verdad es que, el hecho de tener que meter a Mía, no me apetecía nada. Pero, realmente, pensaba que Lucas disfrutaría mucho. Así que me compensaría.

- Ella, no hay problema. Puedes pasar por su casa a recogerlo. ¡Estará encantado!
- Vale. Perfecto.

Sería una situación muy embarazosa, encontrarnos después de no haberle contestado a los mensajes. Encima me presentaba en su casa, a llevarme a su hijo. Pero ya era tarde para contestar. Tampoco creí que fuera buena idea escribirle, Marc ya le habría dicho como quedábamos. Así que me fui a dormir.

Cuando iba camino a casa de Mía, fui recreando todas las posibles actitudes que podía tomar con ella. El saludo, la conversación, la mirada… Cada vez me ponía más nerviosa. Y llegué a la puerta. Enfoqué toda mi energía en Lucas.

Bueno, la primera prueba superada: nada de saludo, Lucas se encargó de romper cualquier tensión con su sonrisa, sus gritos y sus abrazos. Ese niño me transmitía tal energía, vitalidad, alegría…que sin darme cuenta me vi diciendo:

- ¿Quieres que venga mamá con nosotros?

Lo dije. Sin pensarlo. Por supuesto, Lucas dijo que sí. Solo faltaba Mía por decidir si participaba en el plan. Conmigo. Cabía la posibilidad de que buscara una excusa. Yo sabía que el deporte no le gustaba. No le sería difícil decir que no, justificadamente. Pero, qué va. Se apuntó. Yo tampoco hubiera podido decirle que no, a esa mirada que le tenía clavada Lucas.

Por un momento, me pareció estar fuera de mi cuerpo. Mi cerebro me hacía hablar y mover, pero no era yo. Luego me di cuenta de que lo mejor era que me relajase, y disfrutase, Lucas se lo merecía.

- Este niño vive mucho el deporte, eh.
- Sí, la verdad es que sí. ¡Todos le gustan!

Lucas animaba como el que más, se enfadaba, gritaba. Había momentos que no entendía bien lo que pasaba, pero aún así gritaba. Mía y yo, no sabría decir porque lo estábamos pasando mejor, si por el ambiente, o por el espectáculo del niño. ¡Me lo pasé genial!

Al salir nos fuimos a cenar, quería el plan completo. Además lo estábamos pasando bien. Yo estaba totalmente relajada, pocas veces se me pasó por la cabeza lo profundo de aquella historia. Solo disfruté.

- Bueno Lucas, tendremos que compensar a mamá por la tarde que le hemos hecho pasar. Deporte y esto para cenar. La próxima vez tendremos que ir al cine, y a cenar a un sitio elegante.
- ¡Es una buena idea, Ella!
 A ver, tampoco hace falta que sea un sitio elegante. ¡Solo con que tengamos cubiertos me conformo!

Les acompañé a su casa. Lucas estaba cansado. Seguramente yo también. Bajé la guardia. Fui con una intención, quería pasar tiempo con Mía. Lucas se dormiría y, si ella quería, podríamos hablar a solas, tranquilamente.

Lucas llegó, prácticamente, dormido. Para mi sorpresa, no tuve que insinuar nada, Mía me invitó a quedarme un rato. Acepté. Empezamos hablando del trabajo, pero, al final, acabé disculpándome por no haberle contestado a los mensajes. Era una tontería continuar como si aquello no hubiera pasado.

- … No debí escribirte.

Cuando me dijo eso se me rompió el corazón. Sí, sí que debía escribirme. Yo quería que lo hiciera. Había cerrado su etapa, pero la seguía queriendo. Debía estar segura que podía aguantar estar cerca de ella, y no recaer. Bueno, entonces tampoco estaba segura, pero no podía verla triste.

- Mía, ¿por qué te pones así? No llores. Estamos bien. Hemos pasado una buena tarde. Podemos olvidarlo todo, y ser amigas. Seguro que podemos.
- ¿Amigas? Sabes que no podremos ser amigas. Yo no quiero ser tu amiga. ¡Yo te quiero, Ella! Es que… es que no he podido…

La conversación estaba en punto que se me escapaba de las manos. Le dije lo que yo me había repetido durante mucho tiempo. Y me lo había acabado creyendo, de verdad.

- ... Quieres el recuerdo de lo que tuvimos. Pero yo no soy la misma. Ni tú lo eres. Ha pasado mucho tiempo. Nos han pasado muchas cosas. Y hemos cambiado. Ahora, casi ni nos conocemos.

Intentó calmarse, y yo quise sacar tensión al momento, diciéndole que no pasaba nada, tampoco hacía tanto que no estábamos juntas, ¡seis años! En ese momento, me di cuenta de que llevábamos más tiempo separadas, del que habíamos pasado juntas. Entonces, la abracé fuerte. Lloró desconsoladamente. Aunque no le dije nada, solo la abrazaba, pero pensaba en un montón de cosas que quería decirle: yo también te quiero; no creo que vuelva a querer como te he amado a ti; te compré un anillo; me enseñaste que el amor existe… Pero no le dije nada.

Me desperté temprano. Cogí el teléfono, y le mandé un mensaje. Dormir me sentó muy bien.

- ¡Buenos días, amiga! :) ¿Te apetece que vayamos al cine esta tarde?

Quizá era precipitado, pero me daba igual. Me apetecía disfrutar de la oportunidad de volver a tenerla en mi vida. De ser amigas. Para ser justa, debo reconocer que esperaba que Lucas se quedara con Marc esa tarde. Y ¡estuve de suerte! Íbamos a salir las dos solas. Una cita. Siempre me quedó pendiente tener una cita, como tal, con Mía. La pensé muchas veces, pero nunca se la planeé. Me volví a repetir que quedaba con una amiga.

- Podemos ir a media tarde, y luego cenamos algo, qué te parece?
- Sí, claro. Me parece genial. Espero que me lleves a un buen sitio! :)

Después del intercambio de mensajes, me senté en la cama, con el teléfono en la mano. ¿Estaba preparada para esa cita? Seguramente estaba jugando con fuego, y ya sabemos como acaba el refrán… Pero, quería hacerlo. Además, solo íbamos a ser amigas. Aunque no había conocido a ninguna expareja que le hubiera funcionado, al menos, no una con una historia como la nuestra.

Empecé a prepararme con tiempo, no quería hacerle esperar. Aunque, me llevó su tiempo decidir que me ponía. No quería ir muy repuesta, pero sí quería que me viera guapa. No sé por qué.

Cuando casi era la hora de que llegara, ya estaba lista, me sonó el teléfono. Tania quería que le buscara unos mails, sobre el último proyecto en el que estábamos trabajando. Se habían acortado los plazos, y habían empezado las prisas.

Entre tanto llegó Mía. Le tuve que hacer esperar. Me parecía fatal, quería demostrarle que no era la misma irresponsable que había dejado atrás, y en la primera oportunidad que tenía, lo estropeaba. Por suerte, pareció no importarle.

- ¿Una cita? ¿Tienes una cita? ¿Con quién?

Me aparté un poco de Mía para no molestarle con la conversación de trabajo, pero parecía que Tania quería aprovechar el tiempo de espera, cotilleando.

- Con Mía. He quedado con Mía.
- ¿En serio? Pero, ¿cómo ha sido? ¿Dónde me he perdido?
- Tania, no es nada. Solo hemos quedado para ver una peli y cenar. Y por tu culpa no voy a llegar a nada.
- ¡Lo siento! Ahora sí que me sabe mal, pero lo necesitamos, ¡para ya!

Al final, se nos hizo tarde para llegar al cine. Por un momento, pensé que Mía se marchaba. No quise parecer desesperada, pero quería que se quedara. La convencí, y preparé algo para tomar. Nos hice un cóctel. Me lo inventé un día que me faltaba algún ingrediente para hacer cualquier bebida con nombre, así que lo mezclé todo, y salió la mía.


- Hace mucho tiempo que no viajo. Al menos no me marcho por mucho tiempo. Me estoy haciendo mayor, y estoy echando raíces.
 Vaya Ella, quien lo iba a decir. Jajaja Con Marc, todo mejor, ¿verdad?
Sí, estuvimos hablando. Y olvidamos todo lo que había pasado. Ahora me da pena haberme perdido muchas cosas.
- Seguro que a él también.

Cada vez me acercaba más a ella. No pensaba en besarla, ni siquiera en tocarla. Solo quería tenerla cerca. La miraba, y me daba cuenta de que cada vez me estaba haciendo más vulnerable. Me estaba perdiendo en sus palabras. No quería. No quería estar en ese punto. Las amigas no se miran así, no se sienten así…

- ¿Crees que lo conseguiremos, Ella?
- ¿El qué?
- Ser amigas.
 Lo estoy intentando.

Entonces la acaricié el pelo, y hubiera seguido. Quizá no estaba preparada para ser su amiga. Supe que tenía que salir de aquella habitación, o no podría controlarme.
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@MamaoMami

4 comentarios:

  1. ¡Que mala! ¿Cómo lo dejas ahí? Bueno excelente relato, me encanta, espero la continuación pronto..
    Saludos.

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  2. Mnnnnn este letargo de la relación entre Ella y Mia hasta cuando, por favor la célibe, ecuánime y todo la maravilla de persona que quieras, y Mia no entiendo me esta desesperando....

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