Relato: Ella es Mía (capítulo 15)

jueves, 25 de agosto de 2016
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Mía
Me pasé unos cuantos días cogiendo, y dejando el teléfono móvil. Quería llamarla, quería hablar con Ella. Mi intención, no era que nos encontrásemos para declararnos amor y fidelidad de por vida. Solo quería… no sabía lo que quería. Le daba muchas vueltas. Lucas estaba pasando unos días en casa de Marc, así que tenía más tiempo para pensar en ella.

- “Hola. Qué tal estás?”
Al final, en un momento de debilidad, de más debilidad de la que tenía últimamente, le escribí un mensaje. Quité la voz al teléfono, lo dejé lo más alejado posible de mí, como si así, me estuviera haciendo la fuerte, como que no me importaba si contestaba o no, o cuanto tardaba en hacerlo. No sirvió de mucho, ya que, cada medio minuto estaba mirando la pantalla, esperando que apareciera una respuesta.

Esperé… y esperé… Pero no contestó. Ni ese día, ni al siguiente.

- “Bueno, no quiero ser impertinente. Solo quería saber, cómo estás, y esperaba que nos pudiéramos encontrar en algún momento.”

Estaba segura de que no era la mejor manera de actuar, pero no se me ocurría otra. Después de cinco años sin saber nada de ella, no sabía que me estaba pasando. Solo sabía que no la había superado. Había puesto tiritas a una herida abierta.

Tampoco contestó.

- ¡Mami! ¿Sabes qué? Ha venido Ella a jugar conmigo, ¡muchas veces! Y me ha dicho que me va a llevar a un sitio que me va a gustar mucho, pero es sorpresa. ¿Podré ir?
- Claro. Claro que sí.

Fui a buscar a Lucas, y estaba contentísimo. Marc me explicó que había invitado a Ella un par de días a cenar, en lo que me pareció a mí, un intento de justificación.

- Es tu hermana, es normal que esté con el niño. Quiero que esté con él. No tienes que darme explicaciones de nada.
- Si no son explicaciones, es que como estáis así.
- Así… ¿cómo? ¿Has hablado con ella? ¿Qué te ha dicho?
 Nada. Sí, hemos hablado. Pero no me ha dicho mucho…
- ¿Te ha dicho por qué no contesta a mis mensajes?
- Mía, yo no quiero meterme. Ahora volvemos a estar bien, y no quiero tener problemas con ella. Y contigo tampoco. Además, son cosas vuestras.

Dejé la conversación. No nos estaba llevando a ninguna parte. Y yo estaba empezando a enfadarme.

Decidí volver a mi vida. Olvidarme de Ella, y de nosotras. Había conseguido vivir sin ella, dos veces. Lo volvería a hacer.

Pues sí. Con todo mi empeño, trabajaba, estaba con Lucas, con mi madre…sin pensar en Ella. Bueno, sería más honesto decir que dejé de escribirle, de pensar en ella no. Pero las dos veces anteriores, ya me había pasado. Y seguí adelante.

- ¿Hola?
- Hola Mía. ¿Qué tal?
- Bien. Dime Marc.
- Ella me ha llamado. Me ha pedido si puede llevarse a Lucas a un partido mañana por la tarde. Le he dicho que tenía que preguntarte a ti, porque estaba en tu casa.
- Ah…
- Si te parece bien, podría recogerlo por mi casa.

La llamada de Marc me pilló de improviso. Me quedé en silencio un rato. Ella era su tía, eso lo tenía claro. Ella iba a estar en la vida de Lucas, eso también lo tenía claro. Pero que Lucas y Ella tuvieran un plan, solos, me hacía aflorar un instinto primitivo e incontrolable. Tampoco es que me pareciera mal. Lo que no tengo claro, es si era instinto del amor de madre, o del amor de mujer.

- No. No pasa nada. Dile que puede pasar a buscarlo por mi casa.

Había teorías que defendían la terapia de choque. Pues nada, era mi turno de probar suerte. Cuanto antes empezara, antes acabaría esta tortura emocional en la que me veía sumergida.

- Lucas, ¿sabes quién vendrá mañana a buscarte?
- ¿Quién?
- Va a llevarte a un sitio sorpresa…
- ¡Ella! ¡Es Ella! ¿Verdad? ¿Dónde me va a llevar?

Se puso como loco. Estaba emocionadísimo. No le dije donde le iba a llevar, para que pudiera sorprenderle ella. Le costó dormirse, de lo nervioso que estaba. Lucas era un niño muy sociable, le encantaba conocer gente nueva. Y si a esa gente, tenía alguna titulación, como la de tía, en este caso, la importancia era mayor. Marc y yo, desde bien pequeño, intentamos que tuviera un gran sentimiento de familia, que sintiera que siempre podría contar con nosotros. Marc seguro que le daría un hermanito, me imaginaba que ya estaban en ello. Y yo, esperaba darle alguno más. Algún día.

Ella llegó a la hora que me había dicho Marc. Parecía que la puntualidad formaba parte de la nueva Ella. Reconozco que me puse un poco nerviosa. No había sabido de ella desde Navidad, y no había contestado a mis mensajes.

En cuanto apareció por la puerta, Lucas se le echó a los brazos. A Ella se le dibujó una sonrisa preciosa, que me encantó. Definitivamente, no podía evitarlo, Ella era superior a mis fuerzas. Deseé echarme yo en sus brazos también.

- ¿Dónde vamos? ¿Dónde vamos, Ella?
- Lucas, tranquilízate.
- No pasa nada. Vamos a ir a ver un partido, ¿qué te parece?
- ¡Bien! Mamá, quizá puedas venir otro día, con nosotros. ¿Vamos, Ella?
- ¿Quieres que venga mamá con nosotros?
- ¡Sí!
- ¿Te apetece venir, Mía? Aunque me parece que el deporte no es tu plan favorito.

Ella me miró y me sonrió. Me pareció que era una situación surrealista. ¡Ni siquiera había contestado a mis mensajes! Por un momento pensé en decir que no, entonces vi la cara de Lucas, y supe que no podía hacerlo

- Claro. Quizá algún día me podréis compensar, llevándome al cine.

Les sonreí, cogí mis cosas, y salimos.

Lucas iba encantado, no paraba de hablar, de hacerle preguntas a Ella, de hacerme aclaraciones a mí… Me alegraba de haber ido con ellos.

- No quería estropearos vuestro plan. Lucas estaba encantado de salir contigo.
- Tranquila. Está mucho más contento ahora que has venido tú. Seguro.

No estaba segura de que Lucas estuviera más contento conmigo, o sin mí, ya que la idea de que Ella le llevase a algún sitio le gustó mucho. Pero sí que estaba segura de que yo me alegraba de haber ido.

Cuando acabó el partido, Ella nos invitó a cenar. Algo de comida rápida. Tenía a Lucas, totalmente, en su bolsillo. Estuvimos hablando, jugando, riendo… Ella y yo no hablamos en ningún momento de nosotras, pero sí que hablamos entre nosotras. Me ilusioné pensando que podríamos empezar de cero, aunque fuera como amigas. Nunca había creído en la amistad después de la ruptura, cuando una de las partes sigue sintiendo algo. Pero, con las vueltas que había dado mi vida, no estaba como para ponerme quisquillosa.

Ella nos acompañó a casa. A Lucas ya se le notaba que empezaba a estar cansado. Se quedó dormido en cuanto llegamos.

- ¿Quieres tomar algo?
- Si tienes algún refresco, me irá bien.

No pensaba que fuera a aceptar mi invitación. Por supuesto, se lo dije con la intención de que lo hiciera, pero me sorprendió. Me sorprendió y me alegró, a partes iguales.

- Entonces, ¿serás socia de tu jefa?
- Pues sí. Una nueva aventura. No sé como saldrá. Estamos haciendo algunos cambios, hay competencia, y hoy en día no hay garantía de nada. Pero me apetecía, y creo que ahora es un buen momento para intentarlo.
- Seguro que te irá bien. Siempre has sido la mejor en tu trabajo.
- Jajajaja ¡Nunca habías estado muy puesta en mi mundo laboral!
- Pero sé cómo hacías las cosas. Y sé que siempre dabas lo mejor de ti. Para todo.
- Bueno, no siempre dar lo mejor de una misma, da el resultado esperado.

Noté algo de tristeza en sus palabras. Entonces dudé en cómo enfocar la conversación.

- Siento no haberte contestado a los mensajes. No estaba preparada para…
- No pasa nada Ella. Olvídalo. No tienes que justificarte. Ya me lo dijiste en Nochebuena, que solo querías tener relación con el niño. No debí escribirte.
- No digas eso. Puedes escribirme siempre que quieras. Y llamarme. Cuando quieras.

Se acercó, y se sentó a mi lado. Me miraba a los ojos. Y me ponía nerviosa. Me entraron ganas de llorar. Y no pude frenar.

- Mía, ¿por qué te pones así? No llores. Estamos bien. Hemos pasado una buena tarde. Podemos olvidarlo todo, y ser amigas. Seguro que podemos.
- ¿Amigas? Sabes que no podremos ser amigas. Yo no quiero ser tu amiga. ¡Yo te quiero, Ella! Es que… es que no he podido…
- Vale, Mía. Cálmate. No digas nada de lo que te vayas a arrepentir. Quizá aún quieras a la Ella que fui, hace unos años. Quieras el recuerdo de lo que tuvimos. Pero yo no soy la misma. Ni tú lo eres. Ha pasado mucho tiempo. Nos han pasado muchas cosas. Y hemos cambiado. Ahora, casi ni nos conocemos.

Intenté parar de llorar. La miré. Ella, realmente creía lo que me estaba diciendo. Ella ya no me quería. Y, entonces yo la amé aún más. Porque, seguramente, llevaba razón, ya no éramos las mismas. Tal vez, si conocía a la nueva Ella, no me gustaba tanto. Pero cuando la miraba, lo único que podía ver, era esa persona a la que tanto había querido, y a la que, todavía seguía queriendo. Me sequé las lágrimas. Cogí aire.

- Lo siento. Tienes razón, ya nos somos las que éramos. Supongo que no he sabido cerrar nuestra etapa. Seguramente, podremos ser amigas. Solo que necesitaré un poco de tiempo.
- No pasa nada. Todo lleva su tiempo. Total, ¡solo hace… como seis años que lo dejamos!

No había cambiado tanto, siempre sabía cómo romper los momentos con exceso de emotividad. Sonrió, y me abrazó. Entonces, ya no pude parar de llorar. Pero ya no me dijo nada más, solo me abrazaba, fuerte. Cuando me calmé, nos despedimos.

- Hablaremos, ¿vale? Iremos despacito. ¿Qué te parece?
- ¿Ahora te gusta ir despacio? – le sonreí.
- Buenas noches, Mía.
- Adiós, Ella.

Apenas pude pegar ojo en toda la noche. Le estuve dando muchas vueltas. Mis opciones eran claras, o estaba en mi vida como amiga, o no estaría. Sabía que podía vivir sin ella, pero no quería hacerlo. Sin mencionar la situación en la que quedaría Lucas y Marc, en todo esto.

Al mirar el teléfono móvil por la mañana, vi un mensaje de Ella.

. ¡Buenos días, amiga! J ¿Te apetece que vayamos al cine esta tarde?

Entonces, me di cuenta de que, en eso, no había cambiado. Seguía sin ir despacio.


- Tendré que preguntarle a Marc. Hoy recoge él a Lucas.
- Bueno, podríamos ir las dos, si quieres.

Ella no iba despacio, y yo me lancé de cabeza.

- Claro. Cómo quedamos?

Quedamos para ir a la sesión de media tarde, así la película acababa justo para ir a cenar. Por supuesto, también acepté la cena. Sabía que no era una cita, solo íbamos a ser amigas, pero no pude evitar ponerme nerviosa. Ella y yo nunca habíamos tenido una primera cita. Cuando empezamos nuestra relación, fue de rollo en rollo, quedadas en grupo… luego, nuestras citas, ya fueron cuando estábamos juntas.

Esta vez fui a buscarla yo. Intenté ser puntual. Vivía en una casa muy bonita, y la zona parecía tranquila. Cuando me abrió la puerta del jardín, una preciosa Golden me dio la bienvenida.

- Mía, ya acabo. Pasa un momento, por favor.

Cuando entré, Ella ya estaba lista, pero estaba sentada delante del ordenador, y al teléfono.

- Tania, en serio, ahora no puedo mirártelo. Tengo una cita. Mañana lo arreglamos… Sí, ya sé que es urgente, pero ahora no puedo… - tapó el teléfono con una mano – Lo siento, me acaba de llamar justo ahora, enseguida corto.
- No pasa nada. Espero. Acaba lo que tengas que hacer.
- No quiero que te pierdas la peli, por mi culpa.
 En serio, haz lo que tengas que hacer.

Me había llamado “cita”, seguramente lo hizo sin ninguna intención. Hay muchos tipos de citas. Pero no pude evitar la sonrisa al escucharlo.

Estuvo unos veinte minutos al teléfono, justo para que no nos diera tiempo de llegar a la sesión que habíamos pensado.

- Lo siento mucho, de verdad. Al final me he liado…
- No pasa nada. No me importa. El trabajo es lo primero.
- Bueno, no me ha ido muy bien, dándole ese privilegio…
- Ya iremos otro día. Hablamos, ¿vale?
- ¿Ya te vas?
- Bueno, como no vamos al cine, he pensado…
- Pero ya que te has hecho el viaje hasta aquí. ¡Qué menos que invitarte a algo!

Preparó algo para beber. No sé qué es lo que le echó, pero estaba buenísimo. Estuvimos hablando, de nuestras vidas, pero dejamos de lado los sentimientos. Empezó a gustarme lo de ser amigas. Sí que había cambiado en estos años, me pareció más madura, muy estable. Aunque en el fondo, seguía siendo la misma. El mismo humor, fortaleza, mirada…

Cada vez estábamos más cerca la una de la otra. Yo no tenía ninguna intención, y creo que ella tampoco. Parecía que teníamos una atracción contra la que no podíamos luchar.

- ¿Crees que lo conseguiremos, Ella?
- ¿El qué?
- Ser amigas.
- Lo estoy intentando.

Me acarició el pelo, se levantó y desapareció de mi vista.

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@MamaoMami

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