Relato: Ella es Mía (capítulo 14)

jueves, 18 de agosto de 2016
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Ella

Había perdido la cuenta de las vueltas que había dado por el centro comercial. Javier era muy complicado de complacer con un regalo, siempre acababa cambiándolos. Quizá hubiera sido mejor rendirme, cogerle cualquier cosa, y ponerle el tique en un bonito envoltorio. Desde que volví de mi escapada por el mundo, nos reuníamos el día de Navidad. Lo habíamos convertido en una tradición.

Al final me decidí. Cuando salí de comprarle un jersey, me encontré con Marc y su novia. Me costaba recordar su nombre, pero me parecía una buena tía.

-  ¡Ei!
¡Hola!
- ¿Qué tal?
- Bueno, haciendo unas compras para Navidad.

Nuestra relación no había sido la misma desde la pelea. Prácticamente no había habido relación. Me llamó cuando nació su hijo. Y nos vimos un par de veces, pero todo era muy frío. Después nos escribíamos de vez en cuando. Supongo que más por obligación, que por otra cosa.  Le echaba de menos, y más le había echado, con todo lo que había pasado durante los últimos tiempos.

Nos dijimos poco más, y cada cual se fue por su lado. Yo había quedado para comer con mi jefa. Quería empezar a negociar con ella, poder entrar como socia en la empresa. Llevábamos muchos años trabajando juntas, y yo era la que mejor, me adaptaba a las innovaciones, así que podía presionarla por ahí. Había tenido épocas de todo, pero nunca le había fallado. Aún no le había dicho nada, la comida sería un buen momento. O eso creía yo. Justo antes de sentarme en la mesa, me llegó un mensaje de Marc. Quería que pasara la Nochebuena con ellos. Me advirtió de que Mía también estaría, pero que estaban todos de acuerdo en invitarme.

El mensaje me dejó tocada. Se me quitaron las ganas de proponerle nada a mi jefa. Seguramente había sido idea de su chica. No sabía qué hacer. Si me negaba a ir, no favorecería para nada a la cordialidad entre nosotros, a no ser que tuviera una buena excusa, y no era el caso. Por otra parte, quería ir. Me apetecía conocer al niño, retomar un poco la relación con mi hermano, sentirme en familia. En los momentos más duros, había tenido a mis amigos, que me arroparon muchísimo, pero echaba de menos a mi familia. Y mi familia era Marc. El hecho de que Mía fuera en el pack...

Después de nuestro último encuentro, las cosas se me complicaron un poco. Me culpé de que no nos hubiera ido bien juntas, ni la primera, ni la segunda vez. Culpé a mi egoísmo, a mi incapacidad de compromiso, a mi lujuria… Cualquier cosa de mi vida empezó a ser susceptible de culpabilidad. La relación con Marc no ayudó. Todo era cada vez más oscuro. No quería ver a nadie, a pesar de eso, mis amigos no dejaron de estar ahí. Volví a trabajar desde la distancia, desde mi casa. No pisaba la oficina. Al principio ni siquiera intenté poner solución a la situación. Acabé creyendo que me merecía estar en el pozo en el que me encontraba.

Paula me insistía en que buscara ayuda, pero me negaba. Primero porque no creía que mereciera estar mejor, luego, por orgullo propio. ¡Menuda estupidez! Merecía lo mejor, tanto como cualquiera. ¿Por qué? Porque sí, porque con el tiempo entendí que, en la vida, hay cosas que están destinadas a no ser, y que eso no es culpa de nadie. Aprendí a volver a quererme. Cambié cosas que realmente quería cambiar, en vez de convertirme en una víctima de mí misma.

Acepté la propuesta. Estaba bien, había pasado lo peor. Era fuerte, y sería una prueba para no tener ninguna cuenta pendiente. Por supuesto, me ponía nerviosa la idea: Marc, Mía, el niño ¿y si no le gustaba a mi sobrino? Mi sobrino. Qué locura hubiera sido que Mía y yo estuviéramos juntas…

- ¿Quieres que cenemos juntos?

Recibí un mensaje para cenar con Marc. Aún quedaban unos días para Nochebuena. Al principio pensé en buscar alguna excusa. Cenar con más gente me protegía de que pudiera echarme cosas en cara, volver al pasado…Los dos solos, las últimas veces no había salido bien. Pero tenía dos opciones, seguir con el miedo a… no sabía bien a qué, o vivir, hacer lo que realmente me apeteciera. Opté por la segunda, y lo que me apetecía era cenar con mi hermano.

- Claro.

Llamé a Paula para contarle todo lo que me había pasado. Su conclusión fue que era lo mejor que me podía pasar, para sellar mi recuperación. Gracias a mí, se había vuelto una experta en terapias, recuperaciones, superación… Creía que estaba preparada para ello. La verdad es que todo me hubiera costado mucho más, sin tener a Paula cerca.

Quedé con Marc en el mismo bar de siempre. El que tan mal sabor nos había dejado las últimas veces.

El saludo fue, más bien, frío. Creo que ninguno de los dos sabía muy bien cómo comportarse, o cómo reaccionaría el otro. Reconozco que estaba nerviosa. Las pocas veces que nos habíamos visto, cuando nació su hijo, fueron encuentros bastante protocolarios.


Bueno, hacía tiempo que no nos veíamos solos.
- Pues sí…desde…bueno, ya lo sabes.
- Ella, me gustaría olvidarlo. Bueno, en realidad, primero quiero disculparme.
- No, no tienes que hacerlo. Yo…
- Sí que tengo que hacerlo. Tu vuelta trastocó mi vida, pero no fue tu culpa. No lo supe gestionar, y te provoqué. Ya sabes que nosotros no somos buenos gestionando emociones…
 Lo sé. Bueno, yo ahora lo hago mejor. He trabajado en ello este tiempo.
¿Y eso?
- Es una larga historia. Tuve que poner en orden algunas cosas en mi vida. Bueno, mi vida entera, en realidad. Pero ya está solucionado.
- Ella, te he echado de menos. Ahora ¿cómo estás?
- La verdad es que ahora estoy bien. Yo también te he echado de menos, y dar este paso, hará que esté mucho mejor, seguro.
- ¿Y Mía?
- ¿Qué quieres decir?
- Bueno, creo que fue un error que os separaseis. Aún no entiendo, como queriéndoos tanto, no conseguisteis la manera…
- Bueno, la vida son etapas. La nuestra fue…uf…fue especial. Pero se acabó.
- ¿Has conseguido dejarla de querer?
- Marc, hablemos de ahora. De tu chica, del niño, cuéntame.

Dejamos de hablar del pasado. No le encontraba sentido a seguir dándole vueltas a lo mismo. Los dos nos equivocamos, y los dos lo sabíamos. A mí, me bastaba con eso. Me estuvo explicando cómo era su vida. Le vi feliz. Estaba muy enamorado de Sonia, así se llamaba su chica. Y Lucas, su hijo, le tenía loco. Me alegré mucho por él. Tenía lo que quería.

- Quiero que formes parte de todo eso, Ella.
- A mí también me gustaría.

Nos despedimos con un abrazo. Uno de esos que te llegan, de esos que te llenan el alma. ¡Qué bien me sentó aquella cena!

Nochebuena. Llegué a casa de Marc, y lo tenían todo tan navideño. Nosotros desde pequeños que no hacíamos grandes celebraciones para Navidad, y mucho menos tanta decoración.

- A Sonia le encanta ponerlo todo de luces y villancicos.
- La verdad, es que siempre lo he vivido mucho, y ¡me encanta!

Me encantó el ambiente que se respiraba en esa casa. Se respiraba familia. Era, como la Navidad de las películas. Entonces supe que había hecho bien en aceptar la invitación.

Al rato llegaron Mía, su madre y Lucas. Marc me presentó al niño, que pareció quedarse mudo. Temí que no le había gustado, me habían dicho que era muy parlanchín.

- Hola Lucas. ¿Qué tal?
- Bien.
- ¿Ya tienes tu carta a los Reyes escrita?
- ¡Oh! ¡Sí! Ya la tengo casi lista. Pero quiero pedirles algo para ti. Mamá dice que me puedes dar una pista para pedirte un futbolín en casa.

Le duró poco la timidez. Y no entendía muy bien lo que decía, pero yo le escuchaba muy atenta. Me costaba la relación con los niños, nunca había tenido a ninguno cercano.

- Lucas, ayúdame un momento, por favor.

Marc se lo llevó, y aproveché para saludar a la madre de Mía. Hacía años que no la veía. Desde que Mía y yo rompimos. Era una mujer genial, y le tenía cariño. Pero, evidentemente, después de la ruptura, no me atrevía a decirle nada. Era su madre.

- ¿Qué tal, Ella?
- ¡Hola! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?
- Pues estoy bien. Algún achaque por ahí, pero no me quejo. ¿Y tú? Te veo muy bien.
- Estoy bien. Ha habido de todo en este tiempo, pero ahora estoy bien.

Cada vez quedaba menos para cruzarme con Mía. Sabía que ese momento tenía que llegar. Pero necesitaba tomar aire, prepararme. No me dio tiempo, se me acercó.

-  ¡Hola!
 ¡Ei! ¿Qué tal?

Creo que ella no estaba segura de que la quisiera saludar. Seguramente debió pensar que le guardaba rencor por cómo se fue. Aunque, después de todo, lo que menos me importaba fue la nota. Todavía tenía guardado el anillo en mi habitación, nunca se lo dije a nadie.

Me abrazó. Para eso no estaba preparada. Para volver a sentirla. Me flojearon las fuerzas. Por suerte, Lucas me salvó de la situación. Parecía encantado conmigo. No dejaba de explicarme cosas, de querer jugar…y yo encantada. Me enamoré de Lucas al momento. Sentí pena por habérmelo perdido durante tanto tiempo.

Estaba a cómoda. Marc me lanzaba miradas de complicidad, como antes, y Sonia me trataba como si nos conociéramos de tiempo. Lucas no dejó de hablar durante la cena, no imaginé que un niño tan pequeño tuviera esa capacidad en su cerebro. Pero me lo pasé genial con sus ocurrencias.

Cuando acabamos de cenar, llego el momento de los regalos. A Lucas ya no se le podía hacer esperar más. Marc me advirtió de que se hacían regalos para todos, aunque no tenía porque hacerlo, pero no me atrevía a aparecer sin nada. Así que compré unos detalles. A Mía le compré el perfume que siempre llevaba. No sabía si aún lo utilizaba, pero me permití esa caída en la melancolía.

Me acerqué a Mía para agradecerle la camiseta. La conversación acabó poniéndose personal. Me preguntó por mi vida, y le conté lo básico. Pero insistía, creo que lo que quería saber era si estaba con alguien. Me puse nerviosa. Le hubiera dicho tantas cosas. Le hubiera hablado del anillo, de lo que había pasado, de lo que la quería…

-  …No he estado con nadie, desde que desapareciste de mi vida.

Tal como lo dije, supe que me había salido algo de rencor en las palabras. Me di la vuelta, y me fui a hablar con lo demás, e hice todo lo posible para no volver a cruzármela en toda la noche. Hasta que nos despedimos. Me acerqué a darle dos besos, ella me dijo que podríamos vernos algún día. Yo le contesté que cuando Lucas quisiera. Procuré que quedase claro, que no tenía intención de quedar con ella a solas.
No me esperaba que, más tarde, me escribiera un mensaje.

-        - …a solas, tú y yo. Para hablar.

No me había escrito, llamado, buscado…nada, en cinco años. Pero entonces, quería hablar. Tuve el teléfono en la mano durante…no sé cuánto tiempo, pensando en qué podía decirle. No sabía si quería ser amable, o rencorosa. Si quería cerrarle cualquier opción de amistad, o dejar alguna posibilidad. Al final, pensé en todo lo que había pasado, en lo que habíamos pasado. En todo. En que no supimos encontrar la manera de seguir juntas la primera vez. Como lo estropeamos más en la segunda. En como acabé yo con un anillo y una nota plagiada. Y todo lo que vino después.

- Yo también me he alegrado de verte. Pero no quiero volver a lo mismo. No puedo. Buenas noches. Feliz Navidad.

Estuve dispuesta a ser suya. A comprometerme. A entregarme. No la culpaba. Ya no culpaba a nadie. Pero no podía volver ahí. La quería…¡vaya que la quería! Podría volver a querer, quizá no igual. Probablemente, nunca volvería a amar como amaba a Mía. Pero quizá el amor no lo era todo.
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@MamaoMami



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