Relato: Ella es Mía (capítulo 13)

jueves, 11 de agosto de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 12          "Ella es Mía"

<------------------------->
Mía

No puedo decir que nunca me arrepentí de dejarla. En realidad, fueron muchas las veces en las que había pensado que podríamos haber empezado una vida juntas. Pero ya hacía mucho tiempo que no lo pensaba. Entonces tomé una decisión. Necesitaba aclarar mi vida. Dejarme de tanto culebrón.


Y no me había ido mal. Tenía mi pisito en primera línea de mar. En uno de los pueblos más bonitos de la costa mediterránea. Eso sí, cerca de la gran urbe. No podía separarme mucho de mi madre, no sé qué haría sin ella. Aunque a Cupido no le debí dar bien mi nueva dirección. Ni me trajo el amor de nuevo, ni se llevó la flecha de Ella.

- Lucas, cinco minutos más y nos vamos. ¿Vale?
 ¡Vale! ¡Pero los cuento yo!
-  ¡Qué listo es este niño! En eso ha salido a mí.
- Sí, claro. ¡Ya quisieras tú, Marc!


Marc y yo, con el tiempo, aprendimos a llevarnos bien. Él había rehecho su vida, con una chica estupenda, que adoraba a Lucas. Hacíamos planes todos juntos, eso nos permitía, que ninguno nos perdiéramos momentos con el niño. Lo nuestro nos costó llegar hasta aquí. Al principio, Marc no entendía que me mudara, que lo dejará todo. También tardó en aceptar que no volveríamos a estar juntos. Ya que había sacado a Ella de mi vida, no comprendía porque no lo volvía a meter a él. Cuando conoció a Sonia, todo se puso más fácil.

Lucas seguía jugando en la zona de piscina de bolas del centro comercial. Cuando contaba él los minutos, podían ser eternos. Marc y Sonia aprovecharon para ir a comprar algunos detalles que les habían quedado pendientes. Mientras esperaba, me pareció verla, a los lejos. Se me heló la sangre. Como cinco años hacía que no la veía. Los primeros meses hice todo lo posible para no cruzarme con ella, ni saber de su vida. Después, el tiempo, y el distanciamiento con mis amigos, hicieron el resto.

-  ¡Mami! Creo que ya han pasado los cinco minutos.
- Sí. Vamos a buscar a papá y a Sonia, y nos vamos ya.

Cogí al niño y salí de allí. En todo ese tiempo, no me había mentalizado para volver a verla. 

-  La has visto, ¿verdad?

Supongo que Marc me lo vio en los ojos. Él sabía que yo no quería que me dijeran nada de ella. Al niño lo había visto de bien pequeño, Marc de vez en cuando le mandaba alguna fotografía, y poco más. Ellos tampoco tenían la relación de antes.

- Sonia me ha dicho que podríamos invitarla para Nochebuena. Que ya han pasado muchos años. Y al fin y al cabo, es mi única familia. ¿Qué te parece?


Nosotros celebrábamos la Nochebuena juntos, desde que Lucas tenía dos años. Pero sumarle a Ella… no sabía si estaba preparada. Sonia tenía buena intención. Sabía la historia de Marc y Ella, pero no tenía mucha idea de mi historia con Ella. Solo que habíamos estado juntas un tiempo. Y entendía perfectamente, que quisiera que su novio hiciera las paces con su hermana, y que Lucas conociera a su tía. Entonces, pensé que yo debía de poner de mi parte, para que eso pasara.

- Sí, claro. Seguro que a Lucas le gustará la idea.

Sutilmente los saqué del centro comercial, no fuera a ser, que nos la cruzásemos.


Tenía clara una cosa, no iba a permitir que mi vida volviera a tambalearse. Ella había sido una etapa, que ya tenía superada, o eso creía. Era normal que me pusiera nerviosa volver a verla. No hubo ni una palabra después de que le dejara la nota. Sabía que aun sentía por ella. En el fondo, sabía que todavía la quería. Lo supe siempre. Pero era una puerta cerrada.


Lucas volvió de pasar tres días con su padre. Habían estado hablando sobre la tía Ella. Estaba emocionadísimo por conocerla.

- ¿Tú la conoces, mami?
- Sí, sí que la conozco.


Lucas sabía que me gustaban las mujeres, no habíamos tenido una gran conversación sobre el tema, simplemente con los años, naturalidad, y las respuestas a las preguntas típicas de los niños, resolvieron sus dudas. Pero, entonces, no creí que fuera el mejor momento para contarle mi historia con su tía.

- Creo que debería incluirla en mi carta a los Reyes Magos, mami. ¿Qué crees que le gustaría que le trajeran? A ver, ayúdame a pensarlo.


Lo miraba, buscando su carta, escrita desde hacía casi dos semanas, no se le iba a hacer tarde, y tan eufórico por incluir a Ella en la familia.

- Papá dice que me lo voy a pasar genial con ella. ¡Qué le gusta el futbolín! ¡Cómo a mí! ¿Le pido un futbolín a los Reyes? ¿Crees que tendrá? O podría pedirlo aquí, en casa, para que venga a jugar conmigo.
- Bueno, quizá ya tiene. ¿Por qué no esperas a hablar con ella? Igual te da pistas de lo que le podría gustar.
-  ¡Buena idea!


Tal cual, se fue a jugar. Olvidándose de Ella, de mí, de los Reyes Magos…que envidia me daba su inocencia.

Ella vendrá a cenar para Nochebuena. He estado hablando con Lucas de ella, pero no le he contado nada de vosotras.

Me lo ha contado. Está muy emocionado. Mejor, quizá más adelante se lo cuente yo.


A la mañana siguiente llevé al niño a casa de mi madre, para poder ir a hacer algunas compras navideñas. Le dije que Marc y Sonia habían invitado a Ella a cenar. Al principio se quedó parada. Pero al rato, le pasó como a mí, acabó entendiendo la situación.

-  Va a ser una Nochebuena, ¡pero buena!
-  Mira que eres graciosa, cuando quieres.


Me fui a comprar por el centro. Cada año nos hacíamos regalos para todos, era una locura, pero nos gustaba, y Lucas disfrutaba viendo que había para todo el mundo. Lo que no sabía es si cogerle alguna cosa para Ella. Estuve dándole vueltas, mientras compraba lo de los demás. Ni siquiera sabía que comprarle, no sabía si le seguían gustando las mismas cosas, no sabía si querría un regalo mío. Opté por cogerle una camiseta, algo básico, y que se podría cambiar, si quisiera.


Y llegó el gran día. Nochebuena. Había estado pensando en ello tantos días, que ya tenía ganas de que llegara. Había pasado del pánico, a las ganas de verla. Y se habían abierto todas las puertas que creí cerradas.


Cenábamos en casa de Marc y Sonia. Pasamos antes por casa de mi madre. Lucas cada año se quedaba a dormir allí, porque Marc y yo nos negamos a hacer, también, Papá Noel, así que mi madre se lo adjudicó. A los dos les hacía tanta ilusión, que Marc y yo no le pusimos pegas.

- ¡Yayi! ¡Yayi! ¡Vamos a conocer a la tía Ella! ¡Y cagaremos el Tió! ¡Y vendrá Papá Noel! ¡Hoy es un gran día!


Estaba muy nervioso. Ni todo el azúcar del mundo, lo hubiera excitado más.

-  Pues venga, ¡vamos! Tú ¿cómo estás?
-  Estoy bien. La verdad es que estoy bien.


De camino a cenar, no hablamos mucho. Más bien, Lucas hizo un monólogo. Estaba en esos años, en los que las fiestas navideñas te dan un subidón, que no acaba hasta el 7 de Enero. Que si veremos, que si cartas, que si regalos, que si vacaciones, que si iremos… Mi madre y yo nos mirábamos, sabiendo que poco podíamos hacer para pararle.


Y llegamos. Para mi sorpresa, Ella ya estaba ahí. De repente, Lucas enmudeció.

- Ven, Lucas. Esta es tu tía, Ella.


Marc cogió a Lucas, que, de repente, le había entrado la timidez. Se le acercó a Ella, y ella le sonrió. Pareció no querer atosigarlo, empezó a preguntarle antes de acercársele demasiado. Al niño le duró poco la timidez, y enseguida empezó a hablar por los codos.


Mientras yo hablaba con Sonia de la cena, regalos y demás, vi como Ella se acercaba a saludar a mi madre, y hablaban un poco. Aún no me había saludado a mí. Pensé que quizá seguía enfadada conmigo, por haberla dejado, como lo hice. Así que decidí acercarme yo. Estaba nerviosa, pero lanzada. Me podían las ganas.

-  ¡Hola!
-  ¡Ei! ¿Qué tal?
- ¿No pensabas saludarme?
- Sí, claro que pensaba hacerlo.


Me acerqué, y le di un abrazo. Pasaba de besos convencionales y por compromiso. Quería abrazarla, sentirla cerca. La había echado mucho de menos. No pareció importarle la confianza que me había tomado.

- Tienes un hijo muy guapo y simpático. Se parece a ti.
- Gracias.
-  ¡Ella! Ven, mira que tengo.


Lucas se la llevó. Empezó a enseñarle juegos, dibujos, sacó toda su colección. Quería ganársela bien. Marc me miró, y me sonrió. Le devolví la sonrisa, para que supiera que todo estaba bien. Mi madre se acercó.

- ¿Todo bien?
- Sí, ¿y tú? He visto que habéis estado hablando.
- Bueno, nos hemos saludado, y poco más. Parece que está estupendamente.
- Sí. Parece que está mejor que nunca.


Empezamos a cenar. Hablábamos, reíamos, comíamos… fue de las mejores Nochebuena de los últimos años. La miraba, miraba a Ella. Parecía feliz. Estaba guapísima, le brillaban los ojos.  Miraba a Lucas, encantado siendo el rey de la casa.


En cuanto acabamos la cena, Lucas empezó a pedir un palo. Estaba ansioso por abrir regalos. Los pusimos todos juntos. Y después de picar al tronco, Lucas levantó la manta y empezó a repartir paquetes. Había para todos. Pero, como siempre, esperábamos a que él abriera los suyos. Disfrutábamos viendo su cara de felicidad.


Mi madre me regaló un libro que le había pedido, Marc y Sonia, como era tradición, la ropa interior de Fin de Año. Y había otro paquete, un perfume que había dejado de utilizar algunos años atrás.

-  Marc me dijo que os hacíais regalos todos. No sabía si aún utilizarías este, pero te sentaba muy bien.
- Gracias. Hacía tiempo que no lo compraba. Pero, a mí, también me gustaba mucho.


Dejé de ponerme ese perfume, porque me recordaba mucho a Ella, después a Marc, después a Ella y a Marc. Había llegado a sentir el caos, cuando lo olía. Pero sin duda, me lo volvería a echar.

- Y gracias por la camiseta. Me gusta.
- Bueno…no sabía que podía gustarte…
- Jajaja ¡No he cambiado tanto!
- La verdad es que no lo sé. Y me gustaría saberlo. Cuéntame.


Ni yo misma me reconocía diciendo esas cosas. No tenía ni idea de su vida. No sabía si estaba con alguien, si me guardaba rencor, si seguía siendo la misma… Pero pensé: ¿qué puedo perder?

- ¿Qué quieres saber, Mía?
- ¿Cómo estás? ¿Qué es de tu vida?
- Uf… Pues ahora estoy bien. Sigo con el mismo trabajo de siempre, pero con las innovaciones que hay hoy en día, no me aburro nunca. Vivo en una casa en la montaña, con Indiana.
- ¿Indiana?
- Mi perra.
-  ¡Ah! Y… y ¿con alguien más?
- Si lo que quieres preguntarme, es si estoy con alguien, la respuesta es no. No estoy con nadie. No he estado con nadie, desde que desapareciste de mi vida.


No podía creerme lo que acababa de decirme. Esa sí que no era la Ella que yo conocía. La Ella de antes, hubiera sido incapaz de estar un mes sin acostarse con nadie.

- ¿Y Tania?
- Rompí con Tania antes de que nos acostáramos.


Se dio media vuelta y se fue a hablar con Sonia. Estaba claro que no me había perdonado. No podía echárselo en cara, yo tampoco la perdoné a ella.


Cuando nos despedíamos. Se acercó y me dio dos besos, de los más cordiales.

- Podríamos vernos algún día.
- Claro. Cuando Lucas quiera.


Me dolió. Pude ver en sus ojos lo que había querido decir. Conmigo, a solas, no iba a quedar.


Llegué a casa, cogí el móvil, y le mandé un mensaje. En ese tiempo, muchas veces había dado a su nombre para escribirle, pero nunca había mandado nada.

Me he alegrado de verte esta noche. Te he echado de menos durante este tiempo. Me gustaría que nos viéramos algún día, a solas, tú y yo. Para hablar.


Tardó, lo que me pareció un siglo, en contestar.

Yo también me he alegrado de verte. Pero no quiero volver a lo mismo. No puedo. Buenas noches. Feliz Navidad.
<------------------------->


Ir a:     Inicio          Capítulo 12            "Ella es Mía"          Capítulo 14

@MamaoMami



2 comentarios:

  1. hola buenas, cuando pinchas para leer este relato dice que hay 20 capitulos y yo solo he podido leer hasta el trece, y dice publicandoce pero este ultimo capitulo se publico el año pasado no van aseguir? gracias!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenos días Alejandra.
      Gracias por tu comentario. Efectivamente, por un error nuestro, no modificamos el enlace hacia el capítulo 14. Ya lo hemos cambiado y puedes seguir la historia sin problemas.
      Discúlpanos y gracias por avisarnos. Espero que disfrutes de la historia.
      Saludos.

      Eliminar