Relato: Ella es Mía (capítulo 12)

jueves, 4 de agosto de 2016
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Ella
Intentamos adecentarnos, para poder salir del baño. No sabía ni con qué cara podría mirar a Tania. Mía se tapaba la cara con las manos. De repente, oímos la puerta del baño, otra vez. Silencio. Me asomé, Tania ya no estaba.

Salimos del baño. Estaba en deuda con Tania. La había cagado, y mucho. La vi sentada en la mesa con los demás. Seguía la conversación y sonreía. Me miró. Me acerqué a la mesa.

- Tania, ¿podemos hablar un momento?
- Ahora estoy bien aquí. Tal vez luego.

Tal cual, continuó hablando con Javier. Paula y María tampoco repararon mucho en mi presencia. Me senté. Detrás de mí llegó Mía. Nadie preguntó. Nadie dijo. Pero todos lo sabíamos.

Pasé la cena más incómoda de mi vida. En los últimos tiempos, iba de incomodidad en incomodidad. Estaba empezando a acostumbrarme a estas situaciones. Tania ni me miraba, así que nada de hablarme. Mía esquivaba dirigirse a mí directamente. Todo de lo más embarazoso. Lo mejor, que las conversaciones fueron superficiales y fáciles.

Al acabar, era impensable continuar la noche juntos, hubiera sido de lo más extraño. Nos despedimos. Al darle dos besos a Mía, le dije que la llamaría. No me contestó. Cuando pensaba que no se me podían complicar más las cosas, ahí estaba yo.

Tania empezó a caminar a paso ligero. Intentaba seguirle el ritmo.

- Tania, ¿podemos hablar ahora? Quiero explicarte…
- Ella, - se paró en seco – no quiero que me expliques nada. Tú y yo no somos nada. No me debes nada – siguió caminando.
- ¿Puedes pararte un momento? Quiero contarte qué ha pasado. Quiero contarte quien es Mía. Quiero contarte…
- No. Tú no quieres contarme nada. Las dos sabemos que a ti no te gusta contar las cosas. A ti te gusta hacer. Te gusta que los demás pensemos por ti. Y de paso que también sintamos, y eso que te ahorras.

Para lo poco que llevábamos viéndonos, me había calado bien.

-  Lo siento. Llevas razón. Suelo cagarla muy a menudo…
Te he dicho que no quiero hablar. No quiero que te disculpes, y me cuentes historias que no sientes de verdad. Sabía cómo eres. Sabía dónde me estaba metiendo. Y no me importaba. Pero no esperaba que lo hicieras tan jodidamente mal. ¡Qué te la has follado, poco más que en mi cara!
- Lo sé.
- Me voy a casa. Ya hablaremos.

Paró un taxi, y desapareció. Creí que sería para siempre. Mi jefa me mataría. Sí, en ese momento me acordé de mi jefa, y me imaginé la situación en la oficina. Todo el mundo sabiendo que soy una folladora compulsiva, que no reparo en los sentimientos que provoco. O quizá, eso era lo que ya pensaban de mí.

Fui andando hasta casa. Necesitaba que me tocase el aire, respirar profundo, pensar. No, pensar no era lo que necesitaba en ese momento. Pero lo hice. Al llegar, me metí en la cama. Desconecté.

A la mañana siguiente tenía un mensaje de Mía.

- Quiero que hablemos. Tenemos que vernos.

Otro de Tania.

- Cuando puedas pásate por casa.

Apagué el teléfono, y me fui a la biblioteca con mi ordenador. Allí no me molestaría nadie, y el trabajo me mantendría la mente ocupada.

Me senté en una mesa, apartada. Me puse los cascos, con mi música favorita. Me ayudaba a trabajar mejor. Revisé los correos electrónicos, en los que tenía las instrucciones de mi jefa. Empecé a trabajar. Al rato, ya necesitaba apartar la vista de la pantalla y reponer fuerzas. Cuando miré al frente, vi a una chica, guapísima. La verdad es que su cara me resultaba familiar. Parecía que sí que nos conocíamos, porque ella me saludó con una tremenda sonrisa. Yo se la devolví. Se levantó, y se acercó a mí.


Hola, ¿Ella? ¿verdad?

Me dijo susurrándome, para no molestar. Definitivamente, sí que nos conocíamos.


No recuerdas mi nombre. Tranquila, no me ofende. – Se acercó más a mi oído – Espero que sí recuerdes el polvo que echamos.

Solo con decirme eso, me puso cachonda. La miré.


Tendrás que recordármelo.

Me cogió de la mano, y me llevó al baño. No me resistí. Yo la había provocado. Ya había echado a perder el poco sentido común que me quedaba. Si no pensaba, hacía las cosas mal. Si pensaba, las hacía peor. Así que, me rendí a mis instintos.

Tres polvos. Tres tías. Dos baños. Dos días. Había batido cualquiera de mis records, y eso que, en mis viajes por el mundo, había dejado el listón bastante alto. Esta vez, me ahorré el sentimiento de culpabilidad.

No intercambiamos número de teléfono, nada. No me dijo su nombre. Sabíamos que no nos íbamos a llamar. Recogí mis cosas, y me volví a casa.

Al llegar me metí en la ducha. Al salir, seguía sin querer pensar. Llamé a Marc. Al principio, no me cogía el teléfono, pero insistí. Supuse que Mía le habría explicado lo que sentía, y lo que me había dicho a mí. Estaría dolido, o enfadado. Al final me lo cogió.


¿Te apetece un futbolín?

Siempre que nos apetecía echar una partida al futbolín, íbamos a un bar cerca de donde habíamos vivido de pequeños.


De verdad, Ella. No me apetece. Las cosas ya no son como eran. Ahora todo se ha complicado.
- ¿Por qué? ¿A caso ya no somos hermanos? Eres la única persona que tengo en mi vida.
 No. También tienes a Mía. Eso era lo que querías, ¿no?
Marc, sabes que en realidad, solo nos tenemos el uno al otro. Siempre será así. Y no hagas que me ponga cursi.

Estuvo un rato callado. Hasta que cedió, y quedó conmigo.

Nos encontramos en el bar. Estuvimos jugando al futbolín durante bastante rato. Era un bar de barrio, donde solo iban algunos vecinos a tomarse el carajillo, y jugar a las tragaperras, así que teníamos el futbolín para nosotros. Cuando nos cansamos, salimos del bar, y nos sentamos en un banco, en un parque cercano.

- Ella, estoy cansado. Hace unas semanas mi vida era normal. Vivía con una chica genial, íbamos a tener un bebé, salíamos con nuestros amigos…Mía me ha dejado por ti. ¡Mi bebé lo quiere criar contigo! Y los dos sabemos que no serás la mejor de las madres.
- Mira, ya vale. No haces más que hablarme de lo que he jodido tu puñetera vida perfecta. Pero, ¿tú sabes que Mía y yo estuvimos juntas antes de esto? Quizá eres tú el que lo jodió todo. Igual si no hubiera sido porque te echaste encima de ella, como un buitre, hubiera venido a buscarme.
- Pero, ¿qué dices? Vivíais una mentira. Una película de arcoíris y unicornios, que sabes perfectamente que iba a acabar. Ni siquiera tengo claro que no te follases a ninguna otra mientras estabais juntas. Pero te aseguro, que cuando me la follé yo, no te echó de menos.

Le solté un puñetazo. Le rompí la cara, literalmente. Empezó a sangrar. Me dio igual. Me levanté y me fui. Sentía tanta rabia… Lo que más me había dolido, no es que dijera que él lo había hecho mejor, si no que hablara de follársela como si fuera una cualquiera.

Nunca le había sido infiel a Mía. Nunca, desde que nuestra relación fue oficial. Tuve tentaciones, muchas. Pero nunca lo hice.

Ahora sí que estaba perdida. Fui hasta casa de Tania, corriendo. No sé bien, a cuanta distancia estaba. Seguramente mucha. Pero necesitaba quemar lo que me corroía por dentro.

- ¿Qué te pasa? ¿De dónde vienes así?
- La he cagado. La he cagado mucho. Ayer me acosté contigo, sabiendo que quiero estar con Mía. Después Mía y yo, lo hicimos en el baño. Esta mañana me he tirado a una tía en el baño de la biblioteca. Y ahora, acabo de partirle la cara a mi hermano. Esa soy yo, Tania. Un puto desastre.
- Cálmate, ¿vale? Date una ducha. ¿Has comido?
 No.

Me metí en la ducha, y dejé caer el agua sobre mí. Me calmé. Salí desnuda, Tania ya había visto todo lo que había por ver. Me había preparado algo para comer. Le dije a Mía que no podíamos vernos, no quería verla en ese estado.

- ¿Estás mejor?
- Sí. Gracias. ¡Vaya loca te has ligado, eh!
- No te creas… He tenido de peores.

Me sonrió, y me acarició el pelo.

- Ya sé quien es Mía. Ayer, cuando volví del baño, Javier me lo contó todo. Y no quiero que me cuentes más, ni me des explicaciones. No nos juramos amor eterno. Tampoco lo quiero. No creo que esté hecha para eso.
 Ya…pero no lo hice bien.
No. No lo hiciste bien. Pero tampoco creo que lo hicieras con mala intención.

Hablando se nos hizo tarde, así que me quedé a dormir con ella. No hicimos nada. Aunque no nos lo dijimos, las dos supimos que habíamos pasado a ser solo amigas. Yo quería poner orden en mi vida. Siempre había sido un poco cabra loca, difícil de tratar, pero ya iba siendo hora de cambiarlo. Había tocado fondo.

Por la mañana me marché a mi casa, y me puse a trabajar. Estuve tres días encerrada, poniendo al día mi trabajo, y poniendo en orden mi cabeza. Me extrañó no saber nada de Mía, pero me venía bien, para aclararme. Cuando quise llamarla, su teléfono estaba apagado.

Hablé con Paula, me dijo que Mía se había marchado una semana de viaje, sola. También me contó que le habían dicho lo que había pasado con Tania, que no se lo había tomado bien… Me dijo cosas que hicieron flaquear las fuerzas de poner en orden mi vida, pero bueno, tendría que enfrentarme al caos, para hacer reinar la calma.

Decidí que esperaría la vuelta de Mía, sanando mi alma. Mi jefa era fan de todas esas cosas espirituales, el karma… y siempre me decía que debía probar. Pues había llegado el momento, y Youtube era el maestro perfecto para no tener que salir de casa.

Hice un repaso a toda mi vida. A toda. Había tenido épocas de todo, antes de conocer a Mía, había vivido al límite. Con ella, llegó una etapa de calma. Después, mis viajes por el mundo, en ellos hubo de todo. Y desde que había vuelto, todo había sido bastante desastroso. La conclusión a la que llegué fue que iba a luchar por Mía. Quería formar una familia con ella, con el bebé que venía en camino, y quizá alguno más nuestro. Cualquier cosa que tuviera que dejar por ello, no valía tanto la pena. Sabía que con Mía podía ser feliz. Ya lo habíamos sido. Puede que hubiéramos cambiado un poco, pero seguíamos siendo nosotras, en esencia.

Contaba los días para que llegase. Y lo confirmé con un mensaje suyo, en el que quería que comiéramos. Lo tenía decidido. Lo tenía claro. Después de una semana encerrada en casa, me duché, me vestí y salí. Recorrí algunas de las joyerías más conocidas de la ciudad, hasta que en un escaparate vi lo que andaba buscando. Entré y compré el anillo más bonito que había visto nunca. Sencillo, pero elegante.

La mañana siguiente la pasé nerviosa, esperando a que llegase Mía. Quería esperar hasta después de comer, para hacerlo. Guardé el anillo en un cajón de la habitación. No es que esperase que acabáramos allí en la, podríamos decir que era, nuestra primera cita. Pero estaba escarmentada de escenas de película, y pasaba de ponérselo en el postre, ni nada de eso.

Desde que llegó, que estuve como un flan. Intenté que no se me notara.

- ¿Qué tal el viaje?
- Muy bien. Me ha sentado genial. He vuelto nueva.
- Me alegro mucho.

Parecía que no estaba enfadada por lo de Tania. Las vacaciones le habían sentado genial. Estaba muy guapa. De todas formas, quería disculparme por todo lo que había pasado. Quería empezar de cero. Pero no me dejó. Cuando empecé a hablar me calló con su lengua. Me sorprendió bastante. Sí que en el baño, había estado bastante fogosa. Pero, ni siquiera pude reaccionar y ya me tenía sentada en el sofá, con ella encima de mí. No me resistí. Me moría de ganas de hacerlo con ella. Sin duda, el sexo con Mía era diferente a con cualquier otra. Nos entendíamos, y se notaba que había sentimientos entre nosotras.

Cuando acabamos, me fui al baño. Pasé por la habitación a coger el anillo. Pensé que ese sería un buen momento para pedirle que se casara conmigo. Le demostraría que había cambiado, que era suya, que me comprometía.

Antes de salir, oí la puerta del piso. Salí corriendo, pensando que había tenido alguna urgencia para salir disparada, sin decirme nada. Cuando ojeé el comedor, vi una nota en el sofá. Me acerqué a leerla, y me bastó con las seis primeras palabras.

Me senté. Miré la nota. Miré el anillo en mi mano. Ni siquiera me dejó decirle que lo sentía.

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@MamaoMami

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