Relato: Ella es Mía (capítulo 9)

jueves, 14 de julio de 2016
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Mía
- Tenía ganas de hablar contigo. Quería decirte…
- Espera Marc. Te dije de quedar porque yo también quiero decirte algo.
- Dime, ¿pasa algo? ¿el bebé?
 No, el bebé está bien. He estado pensando. Pensando en nosotros, en nuestra relación, en mí… y también he estado pensando en Ella.
Ah… ya…
- Quiero que sepas, que de verdad lo he pensado muchísimo. Te quiero. Y quiero a nuestro bebé. Pero Ella… ella es diferente. No sé qué pasará. No sé absolutamente nada, y tengo mucho miedo de estar haciendo las cosas mal. Pero no me parecería justo seguir contigo. No ahora. No con lo que siento. Creo que sería egoísta pedirte que nos llevemos bien, porque sé lo complicado de la situación en la que te pongo, el bebé, tu hermana… pero de verdad, lo que deseo, es que podamos ser amigos.
- Uf… ser amigos… que típico, ¿no crees? En realidad, no creo que a nadie le funcione.

Estuvimos en silencio, lo que a mí me pareció una eternidad.
- Te estás equivocando, Mía. Ella no dejará de querer hacer su vida, no se comprometerá, como yo lo hago, nunca. El amor no es suficiente en la vida real. Eso solo sirve en las películas.

Se levantó, y se fue. Cada vez tenía menos claro que había tomado la decisión correcta. Quizá estaba siendo una egoísta, no estaba pensando en el daño que podía estar haciéndole a Marc, no pensaba en la situación en la que ponía al bebé. Solo pensaba en mí, en lo que yo quería, en lo que sentía. Quería a Ella. La quería.
Me acabé la cena, a pesar de la situación, mantuve la calma. Estuve pensando. Me dediqué ese rato a mí. Le pedí el teléfono de Ella a Paula. Lo borré cuando se marchó, y no lo había vuelto a utilizar. Me armé de valor, cuando salí, la llamé.

- ¿Hola?
- ¿Ella? Soy Mía.

Parecía que ella tampoco tenía mi número. No se esperaba mi llamada, de eso estoy segura.


- Ah…Hola… ¿Qué tal?
- Bueno, me preguntaba si podríamos vernos mañana.
- ¿Para qué?

¿En serio, me preguntaba para qué? La verdad es que no sabía que contestarle, no me esperaba esa respuesta.


Eh…bueno…para vernos…
- Eso ya lo has dicho.
- Para hablar.

Estaba empezando a arrepentirme de haberla llamado, de haberla elegido, ¡de todo! Al final, accedió. Quedamos para desayunar juntas.

Casi no pude pegar ojo en toda la noche. Sabía lo que quería decirle, pero me había dado tan mala sensación por teléfono, que tenía mucho más miedo del que tenía antes. Me tomé un café, descafeinado, por supuesto, y salí. No me gustaba salir con el estómago vacío.

Cuando estaba llegando a la cafetería, la vi entrar por la puerta, no podía creerme que hubiera llegado puntual. Me paré un momento, y respiré profundo. ¿Le tenía que dar dos besos? ¿Un abrazo? Me temblaban las piernas.

- Hola Ella.
- Hola.

Se levantó, y me dio dos besos. Yo quise parar el tiempo, poder retenerla en mis brazos, sin tener que decirle nada.

- ¿Qué tal estás? ¿Qué tal el embarazo?
- Bien. Todo está bien. Bueno, en realidad, el embarazo está bien, pero yo no.
No me apetecía seguir dando vueltas al ruedo, que me continuaran sudando las manos, se me acelerase el corazón… Así que fui al grano.

- ¿Qué pasa, Mía?
- He pensado mucho en cómo decirte lo que quiero decirte, pero la verdad es que ahora no tengo nada claro. Así que seré directa, y, quizá después, poner un poco de orden.

Esperaba que Ella me ayudase un poco, me dijese algo, pero nada, no decía ni una palabra. Me miraba fijamente. Esa mirada…

-  Ella, te quiero. En realidad, no he dejado de quererte nunca. Bueno, no quiero que pienses que he utilizado a tu hermano, porque no ha sido así. A él también le he querido, bueno, aun le quiero…
Mía, cálmate.
- Lo siento. Es que no sé…- Paré. Respiré - Ella, sé que la situación es muy complicada. Estoy embarazada, de un bebé de tu hermano. Hemos estado separadas mucho tiempo, seguramente hemos cambiado. Y sé que pedirte que volvamos a estar juntas, sería pedirte formar parte de cosas que tú no querías. Seguramente tendrías que renunciar a muchas cosas. Pero es que, desde que has vuelto… desde que has vuelto me he dado cuenta de que creo que separarnos fue un gran error. La vida contigo era mejor. Yo era mejor.
- ¿Puedes comer jamón? ¿Quieres compartir un bocadillo?
- ¿Qué? ¿Eso es lo que tienes que decirme?
- Pasemos el día juntas, ¿vale? Pasemos el día juntas, sin hablar de nada de esto.

No me esperaba esa respuesta. Sabía que a Ella no le gustaba hablar de estas cosas, pero, ¿de verdad no tenía nada que decirme? Empecé a pensar que, seguramente, no se atrevía a decirme que no, e intentaba que me diera cuenta a lo largo del día. Así que tenía dos opciones: hundirme, marcharme, y pasar página; o, quedarme, relajarme, y ver que me deparaba el día. Me decidí por la segunda.

En cuanto me relajé, empecé a disfrutar de la Ella de siempre. Era la de siempre, pero diferente. Se le notaba que había aprendido mucho por el mundo. Empecé a pensar en cuantas habrían pasado por su cama en ese tiempo. Lejos de sentir celos, sentí envidia. Envidia por no haber sido yo. Era como una quinceañera con su primer amor.

Me acompañó a comprar ropa, comenzaba a no caberme la que tenía. Por momentos, parecía como si no hubiera pasado el tiempo. Nos reímos mucho con los modelitos que proponen a las futuras mamás, ya que es como si, por quedarte embarazada, tuvieras que empezar a vestir como si fueras una señora de ochenta años.

Me sonó el teléfono. Tenía una ecografía esa semana, y me pedían, desde la consulta, si me importaba adelantarla a ese mismo día. Esperaba que a Ella no le importase que el bebé le robase un ratito de nuestro día. Lo que no tenía muy claro sería como se tomaría Marc, que estuviese pasando el día con su hermana. Pero, tenía la esperanza, que en lo que respectaba al bebé, todos mantuviéramos las formas. Lo llamé varias veces. No me cogía el móvil. Opté por mandarle un mensaje diciéndole lo que pasaba, entendía que no quisiera hablar conmigo, pero no quería que se perdiera nada de su hijo.

-                            No puedo.

Eso me contestó. Sin más. Después del chasco inicial, decidí que no me iba a estropear el día. Estaba con Ella, y tenía una cita con mi bebé, ¿qué más podía pedir? Yo hice lo que debía, avisarle. Cuando se lo conté a Ella, me dijo que, si no me importaba, me podía acompañar. Le dije que me parecía bien, intentando disimular la euforia que me corría por dentro.

Fuimos a comer pronto, para ser puntuales en el médico. Comíamos, charlábamos, reíamos…y de golpe:

- Te quiero, Mía… Te quiero tanto…

No me miraba a los ojos, ni siquiera apartó la vista del plato. Le cogí la mano, y entrelacé nuestros dedos.

- ¿Te apetece compartir el postre?

Le sonreí, me miró y sonrió.

- Vale.

Salimos del restaurante, camino a la consulta. Hablábamos de nada, y de todo. Me agarré a su brazo, me miró. Le dije que estaba agotada, me guiñó el ojo. Me volvían loca sus guiños.

Cuando llegamos, no tuvimos que esperar mucho hasta que me tocó entrar. Me puse nerviosa cuando quise presentar a Ella al doctor.

- Es…bueno es mi…bueno es Ella.

Se saludaron. Comenzamos. Era mágico cada vez que escuchaba su latido. Tan rápido y tan fuerte. Empezaba a tener forma de personita, incluso se le veían movimientos. El doctor siempre tardaba mucho rato, en decir si todo estaba bien, así que me fijaba en su cara intentando descifrar alguna señal. Ella me cogió la mano, la miré.

- Todo irá bien.

¿Cómo podía conocerme tanto? Sabía lo que necesitaba, cuando lo necesitaba. Me volvió a guiñar el ojo. Siempre conseguía calmarme.

Todo estaba bien. Medía como…no sé, algo que me pareció muy diminuto para tener una forma tan definida. Me dieron dos ecografías. Me encantaba colgarlas en la nevera. En cuanto salimos, Ella me llevó a una tienda de ropa infantil, y compró un conjunto precioso, muy neutro, porque todavía no sabíamos si era niño o niña. Tampoco creíamos mucho en lo de los azules y rosas. La vi tan ilusionada. No tenía ni idea de cómo saldría todo esto, si estaríamos juntas, si no, si Marc estaría bien, si como vería el bebé toda esa locura… Pero en ese momento, era feliz.  Era muy feliz.

- Creo que me iré para casa. Estoy agotada. No soy lo que era…
- Tranquila. Te acompaño.

Llegamos al portal. Le dije si quería subir, pero me dijo que lo mejor sería que descansara.

- Gracias por este día, Ella. De verdad que…

Me calló con un beso. Pensé que me desmayaba. Luego mi cuerpo, sabio, dedujo que si caía, no podría disfrutar de esos labios, que tanto había añorado. Fue un beso suave, con sus manos en mi cara. Cuando, medio reaccioné, la abracé por la cintura. ¡Cuánto la había extrañado! Ese beso me supo a hogar.

- Te llamaré. Ahora ve a descansar.

Llegué a casa, lo dejé todo tirado por el suelo, y me eché en el sofá. Estaba nerviosa, contenta, confusa, excitada… No sabía bien, que sentir, ni que pensar. Al final, me quedé dormida.

Me despertó el móvil. Paula.

- ¿Te apetece venirte a cenar? Con Javier y María. Bueno… sí que vas a venir. Arréglate, que paso en media hora.
- Paula, estoy agotada. Me acabo de despertar y…
- Te acabas de despertar, eso es que has descansado. ¡Nos vemos en un rato! Un beso.

Me daba una pereza tremenda, pero con lo cabezotas que eran los tres, pasaba de ponerme a discutir. Me duché, me preparé, y me prometí que una cena ligera, y para casa.

Paula pasó puntual a buscarme. De camino al restaurante, me dijo que también estaría Ella.
No te lo he dicho antes, para que no tuvieras excusa para decirme que no.
- ¿Es una encerrona o algo así?
 No, en realidad no, porque no tenemos muy claro, ninguno de los tres en qué punto estáis, ni que rollo raro os traéis. Pero queríamos que intentaseis, un poco, volver a la normalidad.
¿Los tres? Habéis estado debatiendo sobre el tema, ¿no?

Paula me sonrió pícaramente.

- Hoy hemos pasado el día juntas.
- ¿Qué?
- Ayer, después de cenar con Marc, y decirle que, en realidad, a quien amo es a su hermana. La llamé. Y hoy quedamos para desayunar. Me he declarado, y ella me ha dicho que pasásemos el día juntas. Lo he pasado genial. Hemos estado genial. En serio, ha sido como antes, pero diferente. Nos hemos despedido con un beso. Creo que lo intentaremos. Despacio. Tendrá que ser despacio. Pero, creo que sí.
- ¡Uf! Pues sí que será divertida la cena, con toda esa tensión sexual no resuelta entre vosotras. Que a mí me han contado, que las embarazas estáis muy cachondas todo el día.
 Pero, ¿quién te ha dicho eso? ¡Anda! ¡No digas tonterías!

Llegamos, ya estaban María y Javier esperando. A Paula le faltó tiempo para obligarme a contarle lo que había hecho durante el día. Reconozco que cada vez que lo recordaba, sentía ese hormigueo nervioso en el estómago, y se me dibujaba una sonrisa de oreja a oreja. Paula me escuchaba atenta, como si fuera la primera vez que oía la historia. Javier de tanto en tanto miraba a María, que le hacía un gesto con los dedos índice, queriendo decir que estábamos juntas.

Entre tanta expectación y emoción, se abrió la puerta del restaurante. Entró Ella, haciendo gala de su puntualidad. Se quedó blanca al verme. Detrás de ella, entró una chica que le dio un toquecito en el culo para hacerla pasar, y apartarse de la puerta. Ella no reaccionaba. La chica le dio un beso fugaz, y le dijo algo que no pude entender. Al ver la estampa, también nos quedamos blancos nosotros. Me sentí una estúpida. Creyéndome que volveríamos a estar juntas, que había cambiado, que esta vez sería diferente. Pero resultaba que estaba con alguien, encima la traía para hacer una presentación oficial a los amigos.

Javier, muy cortés él, se levantó a saludarlas. Se presentó. Lo mismo hicieron María y Paula. Ella no dejaba de mirarme, mientras se saludaban todos. Yo ni me había levantado de la silla.

- ¡Hola! ¡Tania!
- Eh… Perdona. Mía.
- Encantada.

La chica me pareció encantadora de primeras. Pensé: pobre inocente, también has caído en sus garras.

Ella se me acercó, quiso darme dos besos y decirme algo. Pero, me levanté y me fui al baño. Me entraron unas ganas incontrolables de llorar. Por nada lo haría delante de ella y su nueva novia.

Esperaba que Paula viniera detrás de mí. Al poco de estar en el baño se abrió la puerta, pero la que apareció fue Ella.

- Lo siento. No sabía que vendrías.
- ¿Esa es tu explicación? Pensabas que no vendría, y no me daría cuenta de que eres una cabrona.
- Mía, de verdad. Voy a hablar con ella esta noche. Pero ya habíamos quedado en venir. No quería hacer un drama, y…
- Pues ¡toma drama! ¡Ya te lo monto yo! Si es que es culpa mía, por haberme hecho ilusiones. Seguro que es lo mejor. Lo nuestro no nos iba a llevar a ninguna parte. ¡Voy a tener un bebé! ¡De tu hermano! Hace meses que ni nos vemos. ¡Ya no somos las mismas! ¡Es una puta locura! Esto…

Ella me abrazó. Al sentirla tan cerca, no pude más que callarme, y llorar desconsoladamente. Intentó calmarme, pero no había manera. Quería quedarme entre sus brazos para siempre, pero sentía que podía ser, que no iba a ser. Ella no cambiaría nunca. Podía notar cómo se resquebrajaba mi corazón.

- Mía. Mírame. Yo tampoco sé si esto saldrá bien o no. No sé si será lo mejor para nosotras, para tu bebé, o será un error. Pero confío en lo que siento, y confío en lo que sientes tú. Lo nuestro no ha sido la más bonita y romántica historia, pero sí que ha sido de amor. Ha habido cosas que no hemos hecho bien. Yo he hecho muchas cosas mal, aun estoy haciéndolas. Pero intento aprender. Quiero aprender a amarte bien. Porque te amo, Mía. Te quiero. Y quiero intentarlo.

Pocas veces Ella había hablado así. Me quedé mirándola, no podía dejar de mirarla. La besé. La besé con toda la pasión que sentía en ese momento. La besé como si se nos acabara el mundo. No era la primera vez que un baño era testigo de nuestra fogosidad.

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@MamaoMami

4 comentarios:

  1. Muy interesante tu novela, realmente me atrapo. Te recomiendo subirla a esta comunidad que posee muchos lectores: wattpad

    Te invito a pasarte por mi blog: http://librospuenteaotrosmundos.blogspot.com.ar/

    Un saludo.

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  2. Me encanta, espero que pronto la termines y sea un gran éxito. De hecho sé que lo será. Suerte.

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    1. Muchas gracias! Un placer que te guste!

      Un abrazo!

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