Relato: Ella es Mía (capítulo 8)

jueves, 7 de julio de 2016
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Ella
Creía que el sexo iba a ser la solución a mis problemas, pero pronto me di cuenta que no. Así que pasé de desconocidas, de noches locas… Durante varios días pensé en por qué aquel día me marché para no volver. Porque, con tantas veces como nos había pasado, aquella fue diferente. No supe contestarme. Al final, dejé de preguntar.
El trabajo me ayudaba a pasar los días. Teníamos bastantes proyectos pendientes y tenía que dedicar tiempo a diseños, correos, reuniones por Skype. Mi jefa había puesto una intermediaria entre nosotras para derivar algunas cuestiones, agilizar el trabajo. Era una chica de mi edad, más o menos, responsable, ordenada, a mí me ayudaba mucho. El día que me pasaba por la oficina me tenía todo organizado. No nos habíamos visto mucho porque, la verdad, yo pisaba poco el despacho, me había acostumbrado a trabajar a mi aire. Desde el primer día que me crucé con ella, me dio la sensación de que quería ligar conmigo, aunque intenté no hacer mucho caso, lo achaqué a que era una buena trabajadora, y que a veces me imagino cosas donde no las hay. Tengo la autoestima bastante elevada en este aspecto. Además, lo último que necesitaba era incluir más variables a mi ecuación personal. Pero, ¿a quién no le gusta que le bailen el agua?
Tania cada vez era más directa con sus indirectas, y muy tonta tenía que ser yo para no pillar por donde iba. Hasta mi jefa se dio cuenta.

- Ella, contrólate o la mando a la calle. No quiero líos en el trabajo.
La chica era buena en su trabajo, supongo que a la jefa le daba pereza tener que volver a enseñar a otra persona. También, encontrar a alguien competente era una lotería.
Poco me duró hacerme de rogar. Empezamos a mensajearnos. Reconozco que cada vez le seguía más el juego. Al final las dos llegamos al mismo punto. Nos apetecía quedar, y de paso, comer alguna cosa.
La invité a cenar a casa. Por fin me había alquilado un pisito, y había dejado el hotel. Me gustaba jugar en mi terreno. Preparé una cena ligerita, el sexo con el estómago lleno se hace pesado.
Tania llegó puntual. Venía explosiva, hasta ese momento, no me había fijado en el espectacular escote que tenía.

- ¡Vaya! Vienes guapísima.
- La ocasión lo merece.
- ¿Quieres tomar algo?
- Una cerveza está bien.
Una cerveza llevó a otra. La conversación era muy cómoda, y empezamos por el postre. Al menos, no había sido con una desconocida. Le gustaba mandar en la cama, creo que era para vengarse de mi posición en el trabajo. Pero era igual de entregada en los dos ámbitos. Ni nos levantamos de la cama para comer algo. Seguimos hablando. Me gustaba hablar con ella, eso era nuevo para mí. Nunca hablaba con mis amantes, solo lo había hecho con Mía.
Acabamos de cenar, por decirlo de alguna manera, y decidimos repetir el postre. Se quedó a dormir, no me importó. Me sentía cómoda con Tania. Por la mañana, lo primero que hicimos fue meternos en la ducha. Estaba disfrutando, como hacía tiempo que no hacía. Luego preparamos algo para desayunar.

- De esto, ni una palabra a la jefa, ¿eh?
- Qué va! Seguro que me mandaría a la cola del Inem. ¿Repetiremos?
- Seguro.
Y repetimos. Repetimos algunas veces más, otras salíamos de bares, al cine (ni recordaba cuánto hacía que no pisaba un cine), a algún concierto…

- ¿Es tu novia?
- Paula, ¡mira que te gusta ponerle nombre a todo! Somos amigas.
- Tú y yo somos amigas, y no follamos.
- Chica, es diferente. Estoy a gusto con ella. No me he planteado nada más.
- Ahora que estás mejor, deberías hablar con tu hermano.
Paula llevaba razón. Tenía que empezar a cerrar frentes abiertos en mi vida. Uno era Marc, otro Mía. Empezaría por el que, yo creía, más fácil, mi hermano.

¿Cenamos?
Vale
Los dos, bastante parcos en palabras. Quedamos en el mismo bar dónde lo dejé la última vez que le vi. Le había odiado mucho, aún lo hacía, pero tenía tantas ganas de verle. Le echaba de menos. Esperaba que viniera solo.

- ¿Qué tal? Veo que vienes solo.
- Bien. ¿Y tú?
- Bueno, creo que mejor que la última vez que pisé este sitio. ¡No sé cómo puede seguir siendo uno de mis favoritos!
- Lo mismo pienso yo.
Sonreímos. No necesitábamos decirnos más. A los dos nos incomodaba hablar de sentimientos, perdón, amor. Nos conocíamos demasiado, ya nos habíamos disculpado. Aunque evitamos durante largo rato hablar de Mía, del bebé, relaciones. De repente, se quedó en silencio, bajó la cabeza, y me soltó:

- Tú vuelta ha trastocado mi vida.
- Eh…
- No. Déjame que te diga lo que quiero decir. Te he echado muchísimo de menos. Para mí no fue fácil lanzarme con Mía, sabía lo que significaba para ti. Pero yo siempre había estado enamorado de ella. Cuando vi la oportunidad, no quise dejarla pasar. Tú la dejaste porque quisiste…
- Marc…
- Espera. Quería contártelo. Me hubiera gustado que hubieras sido la primera en saberlo. Siempre has sido la primera para mí en todo. El bebé no estaba en nuestros planes, apenas hace un año que estamos juntos. Pero nos ilusiona la idea. Mía siempre ha querido formar una familia y, aunque yo ni me lo había planteado, por ella lo sacrificaría todo.
No sabía si lo estaba haciendo expresamente, pero me parecía que todo esto iba con una segunda intención. Un “te lo has buscado”. Pero no dejaba de hablar. Seguí escuchando sin interrumpirle.

- Pero desde que has vuelto… Desde que te vio, ya no ha vuelto a ser la misma. Ha intentado convencerme de que su cambio no ha sido por ti, sino por el embarazo. Pero sé que no. La he dejado. Me he ido de casa por un tiempo, al menos esa es mi intención, para dejarle pensar, para que se dé cuenta que yo soy su mejor opción. Yo sí que me comprometo.
Definitivamente, no era un monólogo para la cordialidad. Tenía dos opciones: decirle en ese momento cómo me estaba haciendo sentir, todo lo que me estaba pasando por la cabeza o, respirar profundo, mirarle como mi hermano, y no como el cabrón que quería quedarse con la mujer de mi vida.

- Eres un idiota por dejarla en este momento. Vais a tener un hijo. Y…
Como si los planetas se hubieran alineado, me sonó el móvil y me salvó de aquello. Paula quería quedar. No era nada urgente, pero me vino de perlas para decirle a Marc que tenía que marcharme.
Salí a medio cenar, dejándolo ahí sentado, solo. Unos meses antes, no hubiera tenido nada de raro, solíamos hacerlo, pero aquella noche pareció un desplante. Lo fue.
Le expliqué a Paula todo lo que me había dicho. No me gustaba nada que me recordase que no estábamos juntas porque me fui. No podía culpar a nadie. Que no era una persona comprometida, por eso la había perdido. ¿Cómo se atrevía? Pero mi vuelta la había cambiado. Quizá aún sentía algo por mí, quizá aún nos quedaba una oportunidad para nosotras.

- Ella no solo está con tu hermano. Están esperando un bebé. ¿Estás segura de que quieres estar en esta historia? Es un poco extraño. ¿Y Tania?
- Lo sé, lo sé. No dejo de darle vueltas. Tania… no sé, no es como Mía. Mía es la mujer de mi vida, quiero una familia con ella. Quiero todo con ella.
- Uffff, yo no lo veo, ¡eh! Piénsalo. ¿No será un arrebato porque Marc te ha dicho que no están juntos?
- ¿Qué? ¡No!
Dejamos de hablar del tema. Hablamos de otras cosas, nos reímos, pasamos un buen rato. Me alegré de tenerla en esos momentos.
No recuerdo lo que llegué a beber esa noche. Tampoco recuerdo como llegué a casa, ni como acabé en la cama. A la mañana siguiente, tenía una resaca considerable. Resaca de alcohol, emociones, dudas. El ibuprofeno no me lo iba a solucionar todo. Vi que tenía alguna llamada de Tania, y un mensaje:
Ei! Solo quería proponerte un plan para hoy. Cómo lo tienes?
Al principio no le contesté. Luego no me pareció justo, así que me inventé un plan con Paula, y le dije que lo dejábamos para otro día. Necesitaba descansar, pensar, hacer frente a algunas cosas que había estado evitando. Tenía que superar ya la historia con Mía, la vida loca que había llevado, Marc, Tania. A medida que pasaba el día, el dolor de cabeza cada vez era más intenso.
Hacia las siete de la tarde, me decidí, me di una ducha, me puse ropa cómoda, y salí. Iba a ver a Mía, iba a quemar el último cartucho. Le quería decir que me comprometería, que haría lo que fuera, que adoptaría el papel que me diera, pero que lo quería a su lado. Estaba segura de que ella aún sentía algo. No lo tendríamos fácil, pero podíamos conseguirlo. Tampoco era la vida que yo hubiera deseado pero, aunque me costó darme cuenta, todo me compensaría con ella.
A medida que me acercaba a su casa, una sensación de seguridad me invadía cada vez más, me estaba convenciendo de que todo saldría bien. Hasta que llegué a la esquina. La vi saliendo por la puerta con Marc. Estaban sonrientes, se les veía bien. Paré. De golpe, todos los pájaros que tenía en mi cabeza, echaron a volar. La vuelta a casa fue dura. Cuando llegué, escribí a Tania.

Qué tal ese plan para mañana?
No sé… claro! Estate lista a las 10, te pasaré a buscar.
Me pedí una pizza, y me preparé una maratón de Orange is the new black. Se había acabado el pensar.

- ¡Qué puntual eres! Cinco minutos. Coge algo de la nevera si quieres.
- Me acostumbraría a llegar más tarde, pero es que me encanta pillarte a medio vestir.
Me llevó al parque del Tibidabo. Pasamos un día genial. Por primera vez, en muchísimo tiempo, me había olvidado de todo, había disfrutado.

- ¿Lo has pasado bien?
- Lo he pasado genial. Me encanta que hagas planes.
- Me gusta que los planes salgan bien. - rió.
- Quiero que vengas mañana a cenar con unos amigos.
- Eso es muy serio. ¿Estás segura que es lo que quieres, Ella?
- Sí
Me sonó el móvil. No reconocí el número, así que contesté.

- ¿Hola?
- ¿Ella? Soy Mía.
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@MamaoMami

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