Relato: Ella es Mía (capítulo 11)

jueves, 28 de julio de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 10          "Ella es Mía"


<------------------------->
Mía
No reconocí la voz que se había escuchado fuera, pero por la cara que puso Ella, deduje que era la de Tania. Así que paramos, nos arreglamos, pero antes de que saliéramos, se oyó la puerta. Se había ido. Salimos. Me di cuenta, de que no había manera posible de disimular lo que había pasado dentro del baño. Tania estaba en la mesa. No entendí como no había cogido sus cosas y se había ido.
Nos sentamos a cenar, e intenté evitar a Ella durante toda la cena. Tania ni me miraba. Creo que no le di una buena primera impresión. Cualquier guionista en busca de tramas, y dramas, hubiera estado encantado en aquella mesa. Hablamos poco más que del tiempo, el trabajo, y alguna de las locuras de Javier. Por suerte no se alargó mucho la cena.
Al salir, Ella y Tania dijeron que se iban para casa, supuse que tendrían mucho de qué hablar.
- Te llamaré. - Me dijo Ella mientras me daba dos besos.
Estaba nerviosa. Nunca había estado a favor de las infidelidades ni sucedáneos, y aquella era una situación, que aunque no sabía cómo describir, me hacía sentir mal. Javier, Paula, María y yo queríamos continuar la noche. Empezamos a caminar, y no dije ni una palabra, por miedo a que ello diera pie a que me preguntaran, juzgaran, aconsejaran… Pero no lo necesitaron.
- ¿Qué narices ha pasado en el baño?
- Aish Paula… Es que se ha puesto tierna, y yo no he podido resistirme, y…
- No me digas más, por favor.
- Pero, ¿por qué te pones así? Me ha dicho que hablaría con Tania después. De verdad quiere...
- Mía, ¡llegaron tarde porque habían estado follando!
- ¡Javier! Tampoco hacía falta que se lo dijeras así.
- ¿Qué? ¿Quién os lo ha dicho? ¿Os lo ha dicho Ella?
- Nos lo dijo Tania. Aunque no con esas palabras. Yo creo que la chica estaba nerviosa, y no sabía cómo romper el hielo. Se ha quedado sola, con unos desconocidos, mientras su novia corría detrás de su ex, al baño de un bar.

No podía creer lo que me estaban contando. Después del día que habíamos pasado. Había llegado a casa, y se había tirado a otra. Sabía que no nos habíamos prometido nada, pero, es que ¿no tenía remordimientos? ¿No podía haberme dejado este día para mí? Y lo que me había dicho en el baño, después de lo que había hecho…
- Mía ¿estás bien?
- Creo que me voy a casa. No me encuentro bien.
- Espera.
- ¡He dicho que me voy a casa!
- Mía, cálmate. Te acompañamos.
- ¡No hace falta!

Estaba cabreadísima. Empecé a andar, y notaba como los tres seguían mis pasos. No les oía hablar, pero podía adivinar cómo se intercambiaban miradas y gestos. Al poco de ir caminando, empecé a desacelerar, a calmarme, y a alegrarme de que mis amigos estuvieran ahí. Acabamos todos en mi casa.
Por suerte, hablamos de otros temas, que no eran mi drama. Javier, parecía que había sentado la cabeza con la chica casada con la que ya había tonteado, al final se decidió a dejar al marido. Paula nos sorprendió diciendo que estaba empezando una historia, con una tal Astrid, parecía muy ilusionada, así que nos alegramos por ella. A María no le gustaba hablar de ella, ni siquiera con nosotros. Al final nos dormimos entre el sofá y el suelo del salón.
Nos despertó el timbre de la puerta del piso. ¿Quién había subido sin llamar desde abajo?
- Hola Mía.
- ¡Marc!
- ¿Te he pillado durmiendo? Lo siento. Quería hablar contigo.
- Marc, no estoy sola.
- Claro, supongo que Ella estará contigo. No lo he pensado.
- No. No es Ella. Están Javier, Paula y María, ayer salimos a cenar, y…
- Bueno, lo siento entonces. Me voy.
- No. Pero pasa. Prepararé algo para desayunar.

Al entrar, los demás ya estaban arreglándose, y recogiendo. Hicimos café, unas tostadas, y poco más. Javier y las chicas, enseguida dijeron que se marchaban. Y nos quedamos Marc y yo, solos.
Mientras recogía la cocina, Marc se me acercó por detrás y me abrazó. Al principio no sabía qué hacer, me quedé helada. Luego empezó a acariciarme, a tocarme…
- Marc, para.
- Te he echado de menos, Mía.

No dejaba de tocarme. Empecé a sentirme incómoda, me estaba poniendo nerviosa. No quería que hiciera eso. No quería hacer nada con él. Debía ser cosa de hermanos, arreglarlo todo con sexo. Pero yo no era así, y no quería serlo.
- ¡Te he dicho que pares!
- ¡Joder, Mía! ¿Cómo puedes preferirla a ella? No puede darte lo que yo. ¡Ni tampoco te hará lo que te hago yo! ¿Te folla mejor? ¡No lo creo!
- Marc, o te calmas, o te vas a tener que ir de mi casa.
- ¿De tu casa? ¡Esta no es tu casa! ¡Es la mía! ¡Y ese niño también es mío! ¡Nunca será de Ella! ¡Nunca!

Marc estaba irreconocible, y yo estaba asustándome. Quería que se fuera, pero me daba miedo decírselo. Me senté en una silla, a esperar a que se calmara, a que se callara, o a que se fuera.
- ¿Crees que esto será bueno para nuestro hijo? ¿No crees que se reirán de él en el colegio? ¡Y de mí!
- ¿Por qué se reirán? ¿Por tener dos madres?
- ¡No! ¡No tendrá dos madres! ¡Se reirán porque su madre prefiere a la tía bollera, antes que a su padre! No vuelvas a decir que tendrá dos madres ¡Nunca!
- Marc, como esta es tu casa. Me voy a ir. Cuando estés más calmado, ya hablaremos.

Salí por la puerta. Me había cansado de escuchar estupideces a gritos. Era demasiado temprano, la noche había sido dura, y el día pintaba peor. Le mandé un mensaje a Ella, para hablar. Iba a empezar a poner orden a toda la mierda que tenía encima. Me fui a casa de mi madre. ¡Cuántos días sin hablar con ella! No quería preocuparla. Desde que le expliqué lo de Marc, no habíamos vuelto a hablar más de relaciones. Hablábamos del embarazo, y cuando me preguntaba cómo estaba yo, siempre le decía que bien. Pero, ahora, necesitaba contarle todo lo que estaba pasando. Lo necesitaba.
- Hija, pero ¿cómo no me habías dicho nada? Mía, tienes que estar tranquila. Ahora tendrías que estar disfrutando del embarazo. Esa tendría que ser tu preocupación.
- Ya lo sé. ¿Qué hago? Si cuando quiero estar tranquila, hacer las cosas bien… ¡los demás lo mandan todo a la mierda!

Estuvimos hablando, mucho. Lo que me gustaba es que no me decía por lo que tenía que decidirme, ella me exponía lo que había, desde otro punto de vista. Evidentemente, tenía una opinión, y no era difícil adivinar cuál era, pero intentaba ser imparcial, y eso me ayudaba.
Me quedé a comer. Ella me contestó. No podía quedar, y supe que era lo mejor. No tenía claro nada de lo que le diría. No quería echarle en cara que se acostara con Tania, no quería culparla de todo lo que me pasaba por la cabeza. Quería hacer caso a mi madre, y estar tranquila. Me marché a mi casa, bueno, a casa de Marc. Me puse a buscar ofertas de viajes. No sabía donde quería ir. Lo que sí que sabía era cuando y con quien.
Encontré un crucero por el Mediterráneo, zarpaba en dos días. Me gustó que no tuviera que coger un avión, y que saliera en tan poco tiempo. Empecé a prepararme la maleta. Las maletas.
Hice una maleta para el viaje. Luego hice unas cuantas más, para casa de mis padres.
Pasé, prácticamente, los dos días desconectada de todo, y de todos. Había parado el móvil. Llamé a mi madre desde el fijo de casa, la noche antes de embarcar. Le dije que me marchaba una semana de viaje, sola, y que pediría a Javier que le llevara mis cosas a su casa, donde me instalaría durante un tiempo. También le pedí que cuidara de Grey por mí, ella encantada, y la perra también. No le hizo mucha gracias lo de viajar, sola, embarazada. De lo de mudarme a su casa no me dijo nada.
A la mañana siguiente cogí un taxi, temprano, que me llevaba al puerto. Nunca había hecho un viaje sola. Siempre pensé que me daría miedo, me sentiría ridícula, en qué pensaría la gente… Esta vez me dio igual, no me importó nada de eso. Quería no pensar en nada, y empecé por no pensar en nada de eso.
Era un barco espectacularmente grandioso. Bueno, quizá no era para tanto, pero a mí me lo pareció. La tripulación era muy amable. Todo el mundo sonreía. Nadie sabía nada de mi vida, nadie me preguntaba, nadie me juzgaba, ni me aconsejaba. Empecé a estar segura de que había sido una buena idea.
Ya había visitado las ciudades en las que hacía parada el crucero, así que mi intención era no moverme del barco, o bajar a pasear. Desde el primer momento, disfruté del viaje.
La segunda noche, ya hubo un camarero que se había percatado de que viajaba sola, de lo que no se había percatado era de la barriguita. Intentó tirarme los tejos varias veces. Reconozco que yo me dejé querer un poquito, pero para nada con intención de añadir más nombres a mi vida sentimental. Yo le eché el ojo a una socorrista, pero, más de lo mismo, no me quedaban ganas.
Pasaban los días, y disfrutaba del sol, el mar, la tranquilidad…a pesar de estar rodeada de miles de personas, también disfruté de la soledad. Bajé a visitar Florencia, y Roma. Florencia me parecía una ciudad muy serena, y Roma…no podía pasar sin volver a la Fontana, la bella Di Trevi. Esa fuente que me enamoró, desde el momento en que entré a esa pequeña plaza por primera vez.
Y pasó la semana. Y el viaje llegó a su fin. Y yo volvía feliz, calmada, aclarada.
Conecté el teléfono móvil, apagado desde hacía más de una semana. Había mensajes de Ella, de Marc, del grupo de los del trabajo. Los de Ella y Marc, directamente los borré, los del grupo los salté. Paula y María no me habían dicho nada, supuse que Javier las había puesto al día. Fui directa a casa de mi madre. ¡Qué ganas de abrazarla! De camino, le mandé un mensaje a Marc.
- ¿Cenamos?
- Vale.

No tardó en contestar. Estaba agotada, pero intentaría descansar durante el día. Quería hablar con él. Había vuelto con las cosas claras, y quería ir aclarándoselas a todos, uno a uno.
- Ella, comemos mañana?
- ¿Ya has vuelto? Ya me dijo Paula que te habías ido de viaje. Vale, nos vemos mañana.

Mi madre me esperaba ansiosa. Aunque creo, que más ansiosa estaba la pequeña Grey.
- ¿Estás bien, hija? ¿Cómo ha ido?
- Estoy genial, mamá. Vuelvo nueva.

Le expliqué el viaje. Lo que había pensado, como me había sentido… Me fui a descansar. Ya recuperada, me di una ducha, y me preparé para cenar con Marc. Fui a su casa, no quería cenar en un sitio público, estaba escarmentada de las últimas veces…
- ¡Hola! ¡Qué morena y guapa estás!
- ¡Hola!

Nos abrazamos. Ni me acordé de lo que pasó la última vez que nos vimos en su casa, ni tampoco quería hablarlo.
- Llamé a tu madre, pero no me dijo mucho, solo que me pasara por aquí. Y que te habías ido de vacaciones. Vi que habías recogido tus cosas.
- Sí. Voy a vivir un tiempo con ellos, hasta que encuentre algún sitio para vivir con Grey y el bebé.
- ¿No vivirás con Ella? Mía, sobre lo que te dije el otro día…lo siento. Sabes que no pienso esas cosas. Yo quiero que seas feliz. Y creo que también quiero que lo sea ella. Y sé que harás lo mejor para nuestro hijo. Y será muy afortunado de tener dos madres y un padre.
- Marc, he venido a hablar de nosotros. No de Ella, ni de mí con Ella.
- ¿De nosotros?
- Bueno, no de nosotros, nosotros. Quiero que dejemos claro que ya no estamos en un tiempo de reflexión. Lo nuestro está acabado. Eres el padre del bebé, y eso nos unirá para siempre. Pase lo que pase en mi vida, si no estoy con nadie, o si estoy con alguien, con quien sea, tú eres su padre. Quiero ser feliz, y quiero que tú lo seas. Y quiero estar tranquila. No quiero que a mi hijo le rodee una vida de caos.
- Lo sé. Yo también quiero que mi vida vuelva a parecerse a la de antes.

Estuvimos conversando durante mucho rato. Tranquilamente. Aclaramos muchas cosas. Íbamos a ser padres, y eso era lo principal.
Cuando me metí en la cama, parecía que el alma me pesaba menos. Había cerrado una etapa. Me quedé tan relajada, que ni la cita con Ella me quito el sueño.
Ella también me invitó a comer a su casa. Mientras esperaba a que me abriera la puerta, me repetía a mí misma lo que iba a decirle. Lo tenía claro. Cuando abrió la puerta se me nubló, un poco.
- ¡Hola!
- ¡Hola! Pasa.

Empezamos hablando de nada, y de todo. No quería sacar el tema de Tania, el sexo en el baño…ya lo había superado.
- Mía, quería hablar contigo desde hacía días. Dejamos algo pendiente, y…
- Lo sé…

La cogí y la callé con un beso. El sexo con ella siempre había sido muy bueno, y no es que yo hubiera sido una puritana, pero la verdad, es que era Ella la que marcaba el ritmo. Me dejé llevar. Y creo que se sorprendió. Ni siquiera fuimos al dormitorio. Lo hicimos en el sofá. Cuando Ella se levantó para ir al baño. Cogí un lápiz y un papel.
“Estoy segura de que nuestros caminos se volverán a encontrar. No sé cuándo, ni dónde, ni cómo. Entonces estaremos juntas. Hasta pronto.”

Nunca olvidé esas palabras. Aunque las dos hablamos de separar nuestros caminos, en el fondo no creí que lo fuéramos a hacer. Y ella lo hizo. No era venganza, era…quizá sí, fue mi venganza. Me marché.
<------------------------->


Ir a:     Inicio          Capítulo 10            "Ella es Mía"          Capítulo 12

@MamaoMami

1 comentario:

  1. Mia no podía haber hecho nada mejor que eso, ha tomado una buena decisión 😁

    ResponderEliminar