Relato: Ella es Mía (capítulo 10)

jueves, 21 de julio de 2016
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Ella

No sabía muy bien para que me llamaba. Mi mente ni se molestó en planteárselo. Creo que llegué a transmitirle mi indiferencia. Sí, indiferencia. Se cumplía lo de ese cartelito, que había en un bar cercano, que siempre miraba: “Hoy hace un buen día, seguro que viene alguno y lo jode”. Así me sentí. Creo que por primera vez en mi vida, me llamaba Mía y no me saltaba el corazón.

¿Para qué?
- Eh…bueno…para vernos…
- Eso ya lo has dicho
- Para hablar

¿Qué querría decirme? ¿Qué se había reconciliado con Marc, y esperaban mi aprobación? ¿Pasar página, de una puñetera vez? ¡Pues eso quería yo! ¡Qué me dejasen en paz! Acababa de pasar un día genial, con una chica estupenda, a la que estaba conociendo, y que me ponía las cosas fáciles. Pero, pensé que merecía cerrar ese capítulo de mi vida con elegancia. Quedar para desayunar me pareció bien. La comida es muy seria, la cena romántica, el desayuno está bien.

¿Quién era? ¡Ups! Perdona. No debería…
- Tranquila. Era una vieja amiga.
- ¿Una vieja amiga con la que te acostabas? ¡Tu cara te delata!
 Bueno, fue más que acostarnos. Pero…nada. Todo era complicado. Se ha ido complicando más…
- ¿Aún se sigue complicando?
 No. Ya está. Es una historia acabada.

No tenía ganas de contarle toda la situación. Me daba confianza, y me gustaba hablar con Tania, pero no me gustaba hablar de Mía. Ya no. Estaba agotada.

Llegamos a mi casa. Paró el coche en la puerta.

- ¿Te quedas a dormir?
- La verdad es que estoy un poco cansada para…
- No he hablado de hacer nada. Te digo si te apetece quedarte a dormir.
- ¿En serio? ¿En plan romántico?
Jajaja ¡No estropees la magia!

Nos duchamos, preparamos lo primero que pillamos para cenar, y nos tiramos en el sofá a ver la televisión. Me sentí tranquila, relajada, sin preocupaciones. Ni siquiera pensé en el desayuno con Mía.

Tania tenía el día muy liado. Salió de casa antes que yo. Nos veríamos por la noche para cenar con Paula y compañía. Me apetecía que la conocieran. Aunque no necesitaba su aprobación.

Como si los segundos hubieran ido más lentos de lo normal, llegué puntual a la cita…al encuentro… a…no sabía cómo llamarlo.  No estaba nerviosa, hasta que entró por la puerta, entonces supe que tenía que dejar de verla. No sé qué es lo que encendía en mí, pero me trastocaba.

La recibí con dos besos, que aún no sé como atiné a darle. ¡Qué bien olía! No quería que notara que, por dentro, me estaba derritiendo por ella. Pero Mía, no tenía muchas ganar de andarse con rodeos.

-  Ella, te quiero. En realidad, no he dejado de quererte nunca. Bueno, no quiero que pienses que he utilizado a tu hermano, porque no ha sido así. A él también le he querido, bueno, aun le quiero…

Pero ¡si les vi salir tan contentos de su casa! ¿Qué había pasado? Mía empezaba a pisar una palabra con otra, mi cabeza no podía ir tan rápida. Tenía que calmarse. No estaba segura de querer tener esa conversación. No estaba preparada.

-  … Y sé que pedirte que volvamos a estar juntas, sería pedirte formar parte de cosas que tú no querías. Seguramente tendrías que renunciar a muchas cosas…

Definitivamente, no quería seguir hablando de eso. Le corté. Le propuse que pasáramos el día juntas. Yo me calmaría, ella se calmaría, y ya veríamos. Tania pasó por mi mente… fugazmente.

Al principio fue un poco incómodo empezar a hablar, después nos fuimos relajando. Le expliqué muchas cosas, eso era nuevo para mí. En nuestra relación, siempre era Mía la que hablaba, yo contaba poca cosa, muchas veces porque no me apetecía, otras porque ella acaparaba la conversación. Mientras hablaba, de vez en cuando, pensaba que mientras yo había estado viviendo todo eso, ella se había follado a mi hermano.

Intentaba no pensar en lo que me había dicho. Pero lo había hecho. Cuando parecía que mi vida empezaba a coger forma…Ni siquiera sabía que le contestaría. ¿Para qué íbamos a pasar el día juntas? ¿Al final, sabría qué decir?

Acabamos de desayunar y nos fuimos de compras. Reconozco que Tania cada vez estaba más presente, porque cada vez me sentía mejor con Mía. ¡Con lo que me gustaban a mí las cosas fáciles! Cuando conocí a Mía, me costó mucho ligarme a ella. Era una chica que quería una relación seria, se enganchó muy pronto de mí, y yo no estaba hecha para esas cosas. Hasta que, se lo curró tanto, que caí. Desde que lo habíamos dejado, todo volvía a ser fácil (o eso quería creer yo), sin complicaciones, promesas, compromisos.

Llamaron a Mía para cambiarle una cita con el ginecólogo. Marc no podía acompañarla, así que me ofrecí. Sabía que no era la manera de hacerlo todo más sencillo. Sabía que me iba a meter en problemas conmigo misma. Pero, al fin y al cabo, sería la tía. Intenté convencerme de que lo hacía como tía, pero yo lo sabía, y seguro que el bebé también sabía, que lo hacía por ella.

Mientras comíamos, estaba a gusto, estaba bien. Recordaba lo que estaba viviendo con Tania, y se me hacía un nudo en el estómago. Con Tania estaba empezando, debía sentir esa euforia del principio, elegir la novedad, todo era genial, y no teníamos problemas a la vista. Pero no. No era lo mismo. Quería seguir en ese mar de complicaciones y ataduras que me ofrecía Mía.

Le dije que la quería. Conseguía sacar mi lado más ñoñas. No podía ni mirarle a la cara. Sabía que no era la mejor elección. Tenía muchos números para que fuera todo un desastre. Pero, la quería. La quería de verdad. Me quería más con ella, que con cualquier otra persona. Esta vez fue Mía la que no quiso darme una respuesta. Aunque, seguramente, era yo la que estaba contestándole a lo que me había dicho en el desayuno.

Cuando íbamos camino al médico, se agarró de mi brazo. Me puse nerviosa, pero intenté disimularlo. Realmente, iba por muy mal camino para pasar página a esta historia. Más bien, parecía que estaba empezando a escribir un nuevo capítulo.

Al llegar a la consulta, lejos de calmarme, me puse más nerviosa aún. ¿Cómo tenía que comportarme? ¿Estaría todo bien? ¿Le cogía la mano o no? Lo mejor fue, que Mía también se puso un poco nerviosa cuando tuvo que decirle al doctor quien era yo. Algo que no pareció importarle en absoluto.

Apagaron las luces, y se vio en la pantalla, lo que supuse que era el útero, y una forma pequeñita que se movía. No entendía muy bien qué eran los pies y qué las manos, lo que se veía claro era el corazón latiendo. Miré a Mía, parecía nerviosa.

- Todo irá bien.

Creo que en esa habitación, algo cambió en mí. En ese momento, no sabía el que.

El doctor nos dijo que todo estaba bien, y Mía respiró tranquila. Al salir, la llevé a una tienda de ropa infantil. Quise hacerle mi primer regalo. Me sentía genial. Como si esta fuera mi vida desde siempre, para siempre.  Como si Mía fuera mi mujer, y ese nuestro bebé.

La acompañé a casa. Me invitó a subir, pero, me pareció más sensato que cada una descansáramos por separado. Subir a su casa solo podría haber llevado a dos cosas: acostarnos, o hablar de sentimientos. Y quería ir despacio, para cualquiera de las dos opciones. Pero no me reprimí de besarla. Deseaba hacerlo. Lo hice.

Llegué a casa. ¡Tania!

- ¡Ei! ¿Dónde has estado? He podido venir antes. Quería prepararme bien para la cena con tus amigos.
- ¡Hola! Pues… He salido… Con… con Mía.
- ¿Mía? ¡De esa no me has hablado!

Me dijo mientras me besaba y se metía en la ducha.

-  En realidad, sí lo he hecho.

Dije, consciente de que no podría escucharme.

No estaba preparada para hablar. Para contarle la historia de Mía, para contarle lo que había pasado durante el día, para contarle lo que quería que pasara. ¡Ni siquiera yo sabía que quería que pasara! Pensé que lo mejor sería ir a la cena, pasar una noche tranquila, y al día siguiente ya intentaría poner un poco de orden a todo el caos que me rondaba la cabeza.

- ¿Vienes a ducharte conmigo?

Por un segundo, me pareció que no era buena idea. Ya sabía para que quería que nos ducháramos juntas. La duda me duró poco. Tania me encantaba, y, la verdad, el beso con Mía, me había puesto cachonda. Fui a la ducha.

Empezamos a besarnos, tocarnos. Cada vez estábamos más excitadas. Quería ir rápida. Quería un polvo fácil y rápido.

- ¿Qué te pasa, Ella?
- No hables. Fóllame.
- Para…para…
- No.
- ¡Para! ¿Qué coño te pasa?

Salí de la ducha. No me sequé. Fui directa a la cama. Estaba agotada. Había tenido el polvo más corto, y fallido, de toda mi vida, y estaba más cansada que nunca.

- ¿Quieres contarme que te ha pasado?
 No. Lo siento. No tendría que… Lo siento mucho.
- Da igual. No pasa nada. ¿Quieres ir a la cena?
- Sí. ¿Todavía quieres acompañarme?
- ¡Claro!

Se estiró conmigo, me abrazó, y me besó en el hombro. Si hubiera sabido lo que estaba pasando por mi cabeza, seguramente, hubiera pensado que no merecía tantos mimos. Me alegré de que no lo supiera. Me reconfortó su calor. Tanto que, cuando me sentí mejor, empecé a besarla, esta vez con más calma. Le acaricié desde las nalgas hasta los hombros. Mientras, seguía besándola. Ella se dejaba hacer. Las dos seguíamos desnudas, así que fue fácil que nuestros cuerpos reaccionasen. Los besos se hicieron más intensos. Las caricias también. Cada vez más.

- Me encanta el sexo contigo, Ella.

Solo pude mirarla, y sonreírle. Había estado muy bien. Pero me pareció haber traicionado a Mía. Aunque no estábamos juntas, no le debía explicaciones.

- Deberíamos ir preparándonos. Entre una cosa y otra, se nos va a hacer tarde.
- Sí. Una cosa, lo de antes… de verdad que lo siento…
- Da igual. Olvídalo. Ya está. Cámbiate, ¿vale?

Eso me gustaba de Tania, no quería explicaciones. Me lo ponía fácil. Eso quería. Quería las cosas fáciles.

Mientras me vestía, mientras iba hacia el restaurante, no dejaba de pensar. Pensaba en lo bien que estaba con Tania, lo maja que era, divertida, lo que funcionábamos en el sexo… Pero, también Mía, no sabía que pensar, porque éramos dos personas diferentes a las que habíamos dejado en la cama, más de un año atrás, solo sabía la conexión que teníamos, la complicidad, el no haber sentido con nadie lo que sentía con ella. Quería las cosas fáciles, pero las quería con Mía.

Llegábamos al restaurante. Intentaría relajarme, disfrutar de la compañía. Entramos. Parecía que la noche no iba a ser tan tranquila como esperaba. Mía estaba en la mesa con los demás. Me quedé parada. No podía avanzar.

¿Entramos o cenamos en la puerta?

Tania me besó y me hizo entrar. Creo que mi cuerpo no atinaba a dar los pasos. A mis amigos también parecía que les costaba reaccionar. ¡Qué gran noche para presentarles a Tania! Javier, Paula y María se levantaron a saludar, y se presentaron. Hicieron que el momento fuera menos incómodo. Yo no dejaba de mirar a Mía. Vi como Tania se le presentaba. Quise acercarme para saludarla, e intentar darle alguna explicación. Pero no me dejó. En cuanto me aproximé, se levantó y se fue al baño. Nos quedamos todos parados. Se podía palpar la tensión en el ambiente. Tania preguntaba si pasaba algo.

- Nada. Ven siéntate aquí a mi lado. Cuéntame…

Le dijo María. Y Paula quiso ir tras Mía. Entonces, adiviné que les habría contado lo de nuestro día juntas.

Espera Paula. Ya voy yo.
- No creo que sea buena idea.

No le dejé que dijera nada más. Fui a buscarla. Quería calmar la situación. Intentar arreglarla.

- Lo siento. No sabía que vendrías.
- ¿Esa es tu explicación? Pensabas que no vendría, y no me daría cuenta de que eres una cabrona.

La cosa no iba bien. Yo estaba nerviosa. Mía estaba nerviosa y cabreada. Muy cabreada. Solo quería abrazarla. Abrazarla fuerte.

-  …¡Ya no somos las mismas! ¡Es una puta locura! Esto…

La abracé, y cada vez lloraba más.

- Cálmate, por favor. No quiero verte así.

No había manera. Me vine abajo. Y empecé a hablar, casi sin pensar lo que estaba diciendo.

- Mía. Mírame. Yo tampoco sé si esto saldrá bien o no. No sé si será lo mejor para nosotras, para tu bebé, o será un error. Pero confío en lo que siento, y confío en lo que sientes tú. Lo nuestro no ha sido la más bonita y romántica historia, pero sí que ha sido de amor. Ha habido cosas que no hemos hecho bien. Yo he hecho muchas cosas mal, aun estoy haciéndolas. Pero intento aprender. Quiero aprender a amarte bien. Porque te amo, Mía. Te quiero. Y quiero intentarlo.

Se me quedó mirando. Llegué a pensar, que me mandaría a la mierda. En lugar de eso, me besó. Fue un gran beso. Yo se lo devolví. Nos encendimos con cuatro arrumacos. Nos teníamos ganas. Nos metimos en un váter. Y nos comimos a abrazos, a besos, a lametones… A Mía no le costó correrse. Cuando estaba a punto de correrme yo, entró alguien al baño.

¿Ella? ¿Hola?

¿Nadie pudo retener a Tania en la mesa?
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@MamaoMami

2 comentarios:

  1. Hola chicas, en cuanto tiempo nos llega el nuevo capitulo? o hay que esperar por el fin de las vacaciones de verano?

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    1. Hola Marina,
      Actualmente, este relato se está publicando semanalmente cada jueves.
      Gracias por seguirnos. Un saludo.

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