Relato: Ella es Mía (capítulo 7)

martes, 28 de junio de 2016
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Mía
Las últimas semanas no habían sido las mejores para nosotros. A pesar de estar pasando una de las mejores experiencias de mi vida, la vuelta de Ella había calado en nuestra relación. Marc, cada vez más distante. Ninguno de los dos decía una palabra al respecto. En casa hablábamos poco, nos tocábamos menos, pero cuando salíamos con amigos hacíamos como si nada.

No puedo culparle solo a él. Aunque no había vuelto a ver a Ella, no olvidaba que había vuelto. No podía olvidar que había vuelto por mí. Tenía momentos de éxtasis pensando en el bebé, todo iba bien, apenas tenía síntomas. Luego estaban los momentos en los que me venía abajo, pensando en todo lo demás. Empezaba a volverme loca. No podía hablarlo con nadie. Desde que empecé con Marc, había abandonado bastante a mis amigos, la relación con Javier ya no era la misma, Paula y María habían encontrado pareja. Sinceramente, después de haberme distanciado, me daba vergüenza llamar para contar mis penas.

A mi madre tampoco le contaba gran cosa, la mujer enseguida empezaba a preguntar, y sacar sus propias conclusiones. La verdad, es que pocas veces se equivocaba. Estaba contentísima con lo de ser abuela, así que yo le demostraba que todo estaba bien, y ella contenta.

Llegó el primer aniversario con Marc. Para mi sorpresa me dijo que me invitaba a cenar. Me gustó la idea. No sólo no había olvidado nuestro día, sino que además íbamos a celebrarlo. Me puse las mejores galas que encontré en el armario, que aún me cabían. De camino al restaurante no mantuvimos una conversación de más de dos frases, cada vez que le preguntaba me contestaba con monosílabos. La noche no pintaba muy animada.

- Mía, esto no funciona.

¡Qué frase tan típica! Lo tenía por un chico más original, y si era para dejarme, se podría haber currado más el discurso.

- Los dos lo sabemos. Desde que volvió mi hermana, has cambiado mucho.
- ¿Desde que volvió tu hermana? ¿No puedes pensar que ha sido desde que sabemos que vamos a tener un bebé? No sé qué me quieres decir. Bueno, me lo imagino, porque no estás siendo muy original. ¡Has elegido el mejor día, eh!
- Sí, claro que pienso que el embarazo te ha afectado. Pero creo que no tanto como que Ella esté por aquí.
- Pero ¿por qué hablas sólo de mí? ¿Y tú?

La conversación cada vez me estaba cabreando más. Me había sentado como un jarro de agua fría. Ya veía como estaban las cosas, pero no me esperaba la conversación. No entonces, no así. Los dos habíamos cambiado, pero solo me culpaba a mí. No tenía muy claro adonde quería llegar con lo que me estaba diciendo.

- He pensado que lo mejor será que me marche de casa. Al menos durante un tiempo. La situación cada vez es más incómoda para mí y…
- ¿En serio me estás diciendo que me vas a dejar? ¿Embarazada? ¡Porque estás incómodo! Pero ¿qué clase de cabrón eres tú?

Sabía que estaba empezando a dar la nota en el restaurante, pero no me podía creer lo que me estaba diciendo. Antes de seguir hablando vino un camarero, nos llamó la atención, y pidió que no hablásemos tan alto. Era un restaurante bastante bueno, las parejas normalmente iban a celebrar su amor, no a romperlo.

Nos disculpamos. No estaba segura de poder controlarme, me hervía la sangre, así que me levanté y me fui. Dudaba sobre qué era lo que más me estaba enfadando si que me dejara, que nombrara a Ella o que pasara del embarazo.

- No voy a pasar del bebé. Es nuestro hijo, no tengo intención de desaparecer de su vida, ni de la tuya. Pero creo que últimamente ya no somos nosotros. Te noto ausente.
- Eso es lo que tú crees, y has tomado una decisión unilateralmente. Podríamos haber hablado de lo que pensabas, que aún no tengo muy claro que es. O de lo que pensaba yo. Pero no. Has ido por el camino fácil.
- ¿Fácil? ¿Crees que ha sido fácil tomar esta decisión y decirte esto?
 Creo que ha sido más fácil que afrontarlo como adultos.

Me fui, pensando que vendría tras de mí. Pero no. Tampoco vino a dormir esa noche a casa. Parecía que iba en serio. Decidí no llamarle, esperar que se calmara un poco la situación, y yo.

Al día siguiente le mandé un mensaje.

“Esto va en serio? No vas a volver a casa?”

“Te dije que lo había pensado mucho. Así podrás pensar en lo que quieres de verdad”

“Qué quieres decir?”

No me volvió a contestar. No sabía que quería decir con eso. ¿A caso insinuaba que quería otra cosa que no fuera lo que teníamos?

Me fui a casa de mi madre. Me recordó el día que fui después de que Ella se marchara. Empecé a explicarle lo que estaba pasando, cada vez me encendía más. No le encontraba sentido a nada, cuando atisbaba alguna razón, me indignaba que no lo hubiéramos hablado, y hubiera tomado su decisión, sin más. Mi madre escuchaba atenta, pobre mujer, no me interrumpía, ni siquiera quiso calmarme, dejó que me desahogara. Cuando me empezó a faltar el aliento, y ya no tenía ni pies ni cabeza lo que decía, me interrumpió.

-  Mía, ¿es que aún la quieres?

Siempre había tenido a mi madre como la voz sabia que a mí me faltaba. Era la que me ponía los pies en la Tierra, y en orden mi desorden. Pero ahí estaba muy equivocada. Por supuesto que lo estaba.

- ¡Mamá yo no la quiero! Bueno, sí que la quiero, pero no como antes. Ahora todo es diferente. Ahora quiero lo que tengo. Lo que voy a tener con Marc.
- ¡Pero no te pongas así, mujer! Es que parece que ha sido volver ella, y volverte loca tú.

Le dije que no quería seguir hablando. No insistió. Empecé a odiar a Ella por haber vuelto y haberme puesto la vida patas arriba. No dejaba de pensar en “lo que quieres de verdad”, “¿la quieres?”. ¿A caso no estaba claro que era lo que quería? Iba a tener una familia, tenía una relación estable, lo que había deseado desde siempre, no podía pedir más. En las últimas semanas me repetía mucho eso.

Marc y yo estuvimos unos días sin vernos. Reconozco que me fue bien el respiro. En casa no se respiraba la tensión de los últimos tiempos, yo estaba más tranquila, incluso Grey estaba más tranquila. Los días sola, el no trabajar, me dieron para mucho, para pensar, lo que más.

Ella y yo habíamos intentando dejar la relación muchas veces, unas por discusiones, otras porque cada una quería cosas diferentes. Pero siempre volvíamos. ¿Por qué esa vez fue diferente? Las dos supimos que lo era, pero no conseguía descifrar el por qué. Nunca me había gustado reflexionar sobre el pasado. Casi siempre lleva a arrepentimientos, a “y si”…pero quería organizar el caos sentimental en el que me estaba hundiendo.

La verdad era que nunca había querido a Marc como la había querido a ella. Y desde que había vuelto, yo no era la misma, sin querer se colaba en mis pensamientos. Recordaba el beso que nos habíamos dado. No se me quitaban las ganas locas que tenía de abrazarla y decirle que para mí también tenía todo más sentido a su lado. Muchas veces pensé en llamarla, pero aún no tenía muy claro que era lo que le quería decir. Lo más probable es que hubiera cambiado de opinión respecto a nosotras. Ella no tenía instinto maternal, mucho menos si era el hijo de su hermano. Cuanto más lo pensaba, más cuenta de me daba de que mi vida se había convertido en una telenovela digna de la sobremesa. Si me hubieran preguntado en la adolescencia, cómo me veía con 30 años, ni siquiera me podría haber acercado a lo que tenía. Por aquel entonces, no hubiera acertado ni con el bebé. Por entonces, pensaba que las lesbianas solo podríamos adoptar. Por supuesto, tenía muy clara a que etiqueta pertenecía yo: lesbiana 100%. ¡Qué inocente era! Aunque una vez leí que poner etiquetas es una necesidad de nuestro cerebro. Supongo que con tantas cosas por gestionar, mejor tenerlo todo ordenado.

Mi vida personal estaba en modo montaña rusa. No tenía vida profesional porque estaba de vacaciones, así que pasaba las horas intentando mantenerme ocupada. Javier me llevó a cenar. Me llamó él. Me alegré muchísimo de que no me pidiera explicaciones ni me echara nada en cara. Fue encontrarnos y como si los meses no hubieran pasado. Me ayudó hablar con él, me relajó.

- Cariño, si tú ahora tienes otra prioridad en tu vida, olvídate de Ella y de Marc. Bueno, con Marc me refiero a como pareja. Es momento de estar tranquila, y lo que hagas estará bien, si es lo que sientes. Te espera un gran cambio, te tienes que preparar.

Me prometí hacerle caso. Iba a dejar pasar el tiempo, no quitarme el sueño con nada que no fuera mi vejiga presionada a media noche. Todo lo tenía bajo control, entonces, organizamos una cena, como en los viejos tiempos, Javier, María, Paula y yo.

¡Cuánto los había echado de menos! Lo pasábamos genial juntos, todo era fácil. En una de las veces que Javier y María salieron a fumar, Paula me dijo:

- He estado viendo a Ella. Está intentando superarte, pero creo que no lo está llevando muy bien.
- Paula, no me digas eso. Estoy intentando estar tranquila.
- Perdona. No quería…sólo pensaba que debía decírtelo.
- El hecho de que esté esperando un hijo, de su hermano, seguro que se lo pone más fácil.
- La verdad es que no.
- ¿Qué quieres decir?
- Me has dicho que no querías…
- ¡Explícate!
- Pues piensa que le encantaría formar una familia contigo, que si las cosas hubieran ido diferente…

Me quedé callada. Entraron Javier y María, y no tenía ganas de hacer un debate con el tema. Pero ya no pude dejar de darle vueltas a lo que me había dicho. Pensar que Ella me odiaba y me estaba olvidando, me lo ponía más fácil a mí. Ahora volvía a complicarse todo.

Me empezaba a agotar la situación. Lo que me había dicho Paula me había trastocado, no esperaba que Ella siguiera en ese punto. Pero Marc era el padre de mi bebé. Mentalmente no paraba de hacerme listas de pros y contras de cada uno.

Ella: era la mujer de mi vida, nunca había querido tener familia, nos entendíamos perfectamente, le costaba comprometerse…

Marc: me había dado estabilidad, a veces no hablábamos el mismo idioma, me quería, no le quería como a Ella…

Después de darle muchas vueltas, tomé una decisión. No sabía si era la correcta, no estaba segura al cien por cien, pero casi nunca lo estaba de nada. Me daba miedo equivocarme, temía que yo me estuviera montando mi película y no obtuviera lo que esperaba de la otra parte. Pero me lancé.

“Hola. Te gustaría quedar?”

No contestaba. Pasaban las horas y no contestaba. Cuando ya me di por vencida:

“Te paso a buscar, y cenamos?”

“Vale”

Sentí ese cosquilleo en el estómago como si fuera a tener una primera cita. No tenía muy claro por qué, nos conocíamos demasiado. Me metí en la ducha, sabía que tenía tiempo, no le iba la puntualidad. Dejé el agua caer e intenté relajarme. Sabía lo que quería decirle, lo había pensado mucho, lo iba a hacer. Pero no dejaba de dar vueltas a todas las posibles reacciones por su parte.

No me puse mis mejores galas, no quería que pareciera nada serio. Sonó un mensaje en el móvil.

“Ya voy”

Acabé de prepararme y bajé a la puerta. Por más que lo intentaba no podía dejar de estar nerviosa.

-  Estás muy guapa.
- Gracias. Tú también.
- ¿Guapa?
- Guapo. Estás muy guapo.
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@MamaoMami


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