Relato: Ella es Mía (capítulo 6)

martes, 21 de junio de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 5          "Ella es Mía"

<------------------------->
Ella
“Bienvenidos al vuelo LCG0610 de BCNLines. Les saluda…”

Me puse los cascos con la música bien alta, no me había tocado a nadie sentado al lado, eso en un vuelo de doce horas es una suerte. Estaba deseando que despegara el avión para que empezaran a pasar repartiendo algo de comida. Había llegado tan justa al aeropuerto que no pude cogerme nada para cenar y estaba hambrienta. Aunque luego no me gustaba nada comer en los vuelos, porque no disfrutaba igual de la comida.

Había pasado más de un año desde que había salido de Barcelona, me había pasado de todos esos meses recorriendo el mundo. Sobre todo viví cómo quise. Nueva York se me quedó pequeño pronto, fui a Canadá, California, a la India… Está claro que cuando no sabes lo que quieres, no hay manera de encontrarlo, por más que busques, pero me costó un tiempo darme cuenta de ello. Tuve más sexo que en toda mi vida. Rara vez repetía con la misma persona, ninguna me llenaba lo suficiente como para engancharme. No podía olvidar a Mía, eso también me costó otro tiempo más asumirlo.

Nunca me habían gustado las comedias románticas, pero no sé si fue por tanto cambio horario o qué, dos días antes me había levantado con la idea de volver a Barcelona, declararle a Mía todo lo que sentía, que había sido un error, que estábamos hechas la una para la otra, que sacrificaría lo que fuera por estar con ella, porque era la que daba sentido a mi vida. Como el guión de cualquier película con final feliz.

Durante el vuelo, pensé en algo que hasta ese momento se me había pasado por alto, ¿y si era tarde? Mi corazón se paró por segundos. No es que no hubiera pensado en que ella no habría estado con alguien, no era yo quién para juzgarlo, pero ¿y si tenía una relación estable? En seguida me quité la idea de la cabeza, nos queríamos demasiado como para poder pasar página de lo nuestro. Éramos nosotras.

Dormí durante casi todo el viaje, así que me ahorré seguir pensando. Al llegar a Barcelona, el aire ya olía a hogar. El mundo me había tratado muy bien, pero como Dorothy en El mago de Oz, se está mejor en casa que en ningún sitio.

Decidí pasar primero por el piso de mi hermano, dejar las cosas, darme una ducha, una puesta a punto para la ocasión. Cuando entré noté que había algo diferente en el ambiente. La verdad es que no había hablado mucho con él en estos meses, pero si hubiera habido algún cambio importante, me lo hubiera dicho. O no.

Fui al baño, vi la colonia que usaba Mía en el estante. En ese momento no até cabos, no pude prepararme para lo que me esperaba. Me acerqué al salón y empecé a fijarme en los detalles. La vi. Allí estaba, en una foto. Estaba guapísima,  y besando a mi hermano.

Oí como se abría la puerta, aparecieron los dos, se quedaron mirándome.

- Hola. Por aquí, todo bien, ¿no?

Mía salió corriendo al baño, en ese momento yo también hubiera salido corriendo, pero mi cuerpo no respondía. Marc se me acercó.

- Ella…
 Dame un abrazo ¿no?

Tenía un conflicto interno que no podía controlar. Quería abrazarlo porque era mi hermano, le había echado de menos y necesitaba un abrazo después de ver lo que había visto; pero también, le estaba odiando con todas mis fuerzas pensando en él y Mía juntos. Me abrazó, creo que el abrazo le sentó mejor a él que a mí. Parecía que se había relajado. Debió creer que lo había perdonado.

- Quería decírtelo, pero no sabía ni cómo ni cuándo. Apenas hemos hablado, pensé que era mejor hablar en persona y…
- Déjalo Marc. No hace falta que te justifiques. Ha sido culpa mía por estar tan ausente. No me lo esperaba.
 No lo planeamos, desde que te fuiste…
- Vale. No quiero explicaciones ni detalles.
- Te he echado de menos hermana.
- Yo también bro.

Mía volvió. Tras ella apareció un perro revolucionado. Supe que la cosa era seria, habían formado su pequeña familia. La miré y le sonreí, pero no hizo ni un gesto, se me quedó mirando. Quise decirle: “He vuelto por ti, porque me he dado cuenta que puedo vivir sin ti, pero que no quiero. Que todo es mejor contigo, y que todo tendrá sentido a tu lado.” Pero no. Callé.

Me dijeron que era una perra, se llamaba Grey, sabía que eso debía haber sido idea suya, le encantaba Lexie Grey. Aunque me dio la sensación de que Marc iba a decirme otra cosa, y Mía se lo impidió. Esperaba que no fuera que se iban a casar, no creía que pudiera soportarlo. Ni siquiera iba a soportar pasar la noche en el mismo piso que ellos. Quedamos en comer al día siguiente. Disponía de unas horas para buscar alguna excusa y anularlo. No estaba preparada para una comida familiar con mi hermano y mi… cuñada.

- Te veo muy bien.
- Lo siento. No era así cómo esperaba que nos volviéramos a ver.
- Tranquila, será que aún no ha llegado nuestro momento.

Lo que realmente sentí es que nuestro momento ya no llegaría nunca. Ya había sido, y lo dejamos.

La noche se me presentaba larga, así que decidí escribir a algunas amistades que había dejado aquí, a ver si alguien me contestaba. Tuve suerte, Paula me llevó a tomar algo a uno de los bares de nuestra juventud. Sabía que quedar con Paula, no era el mejor remedio para no pensar en Mía, ya que eran muy buenas amigas, pero hablar me iría bien.

- Cuánto tiempo. No tienes perdón.
- Lo sé, y aunque no me creas, he pensado en ti.
- ¡Claro que te creo! ¡Nadie se olvida de mí fácilmente!

Estuvimos hablando cómo si no hubieran pasado los meses. Me contó que Mía, al principio, le costó bastante acostumbrarse a su nueva vida, pero que con los días lo fue llevando mejor.

- Y entonces empezó a salir con…
- Con mi hermano.
- Sí…pero ¿sabes qué? Creo que no le quiere cómo te quería a ti. ¿A ti que te ha parecido?
- ¿Sabes qué? He vuelto por ella, quería declararme en plan película romántica, decirle que es el amor de mi vida, y esas cosas. Así que parecerme…pues no sé lo que me parece. Pero sentarme, me ha sentado fatal. No esperaba que me hubiera estado llorando durante más de un año, pero ¿con mi hermano? Y a él no puedo culparle, quién no se enamoraría de Mía. Además creo que siempre le ha gustado.
- Desde que están juntos, no la vemos mucho.

Después de hablar con Paula, me alegré de haber vuelto, a pesar de lo que me había encontrado. Me fui a dormir más tranquila.

A la mañana siguiente, estuve dando vueltas en la cama, intentando pensar que me inventaba para no ir a comer con los tortolitos, pero pensé que lo más maduro sería darles mi aprobación, o al menos intentarlo. Iría a comer, e intentaría hacer como si nada.

Cuando llegué ya estaban allí. Hacían buena pareja. Mía estaba más guapa que nunca. Estaba diferente, le había sentado genial estar separada de mí. Al darle dos besos pude oler su perfume, me di cuenta de cuánto lo había echado de menos, cuánto la había echado de menos.

Hablamos de los sitios en los que había estado, del trabajo, un poco de todo. Empecé a sentirme cómoda, sin pensar mucho en la situación en la que estábamos. Pero entonces, Marc…

- Mía está embarazada. ¿Qué te parece?

Creo que en ese momento las conexiones de mi cuerpo dejaron de funcionar. El muy imbécil sonreía.

- ¿Qué que me parece? Pues me parece que me has jodido, pero bien. Volví por ella. Volví por ti, para decirte que no he podido pasar página, que ninguno de mis sueños tiene sentido si no es contigo, que renunciaría a lo que fuera por no volver a separarnos. Y llego y me encuentro, no sólo que te tiras a mi hermano, sino que encima sois felices, y vais a formar una familia. ¿Qué me parece? ¡De puta madre!

Me levanté y me fui.

Empecé a caminar, cada vez más deprisa. Intentaba descifrar que era lo que estaba sintiendo, una mezcla de celos, rabia, decepción, arrepentimiento… Un montón de cosas, ninguna buena. Comenzaron a caerme lágrimas por la cara, y eso hizo que me enfadara aún más. ¡No quería entrar en eso! Pero me di cuenta que ya no había vuelta atrás, un bebé era algo demasiado importante.

Llegué hasta el puerto, me senté en un banco mirando al mar, y empecé a llorar. A llorar con rabia. La cabeza me iba demasiado deprisa, no pensaba en nada con claridad. Quise poner un poco de orden y poder calmarme, pero me permití unos minutos de desahogo.

Antes de acabar nuestra relación, Mía y yo habíamos hablado mucho de cómo compaginar nuestros deseos y nosotras. Con el tiempo nos dimos cuentas de qué no podría ser, siempre alguna tendría que renunciar, entonces estaba segura de qué era lo mejor, de qué era lo que quería. Como también estaba segura de que algún día volveríamos a estar juntas. Ahora estaba segura de que eso no podría ser, y me arrepentí de haber elegido mis deseos antes que a ella. Mía era mi mayor deseo.

- Lo siento.

Reconocí su voz. Mi corazón se alegró de qué hubiera venido a buscarme, pero otra parte de mi no quería que estuviera ahí, estaba enfadada, decepcionada, triste, me había hecho daño. Supongo que no con esa intención, pero así era.

- Ella cálmate, por favor. No quería que esto fuera así, no quería…
- ¡No querías que volviera! ¡Dilo! Os hubiera ido mejor que no hubiera vuelto. Os hubierais ahorrado tener que pasar por el trago de enfrentaros a explicármelo todo.
 No es eso. Me alegro de que estés aquí.
 ¿De verdad? Yo no lo creo.
- Me dijiste que tarde o temprano nos volveríamos a encontrar, pues aquí estamos.

Mientras me hablaba sólo podía mirar sus labios. Sin pensarlo la besé. Seguramente lo hice pensando que eso pondría fin a todos nuestros problemas, siempre funcionaba en las películas. Me devolvió el beso, así que empecé a pensar que íbamos por buen camino. Hasta que se separó. Con razón yo no creía en las películas románticas, en la realidad no suceden las cosas así. Ahora estaba en una relación comprometida, un bebé en camino, no podía cargar conmigo también. Siempre había sido tan responsable… eso me encantaba de ella. Pero supe que necesitaría mi espacio para adaptarme a todo eso. No quería volver a irme, así que tendría que tomarme mi tiempo. ¡No moriría de amor! Aunque, en ese momento sentí mi corazón destrozado.

- Por cierto, enhorabuena. Es un bebé afortunado.

Me alegraba por ella. Era lo que quería. Quería echar raíces, una familia, tener hijos. A pesar de sentir una tristeza enorme por mí, estaba feliz por ella, por estar consiguiendo lo que deseaba.

Me fui. Necesitaba calmarme, dejar de pensar en Mía, en Marc, en el bebé, en mí. Pasé de llamar a nadie, porque lo más probable sería que no podría desconectar. Así que cogí el metro y me fui a la otra punta de la ciudad.

Después de pasear un rato y mirar algunas tiendas, entré en un bar de ambiente. Por supuesto, entré con una clara intención. Primero me pedí algo para comer. Al rato ya estaba compartiendo copa con una chica. En mi vuelta por el mundo me había funcionado, por qué no lo iba a hacer aquí. Acabamos la noche en mi habitación de hotel.

La chica no se andaba con rodeos, nada más entrar a la habitación se desnudó y se metió en la ducha. La idea me gustó, fui detrás de ella. Estuvimos besándonos y tocándonos bajo el agua. Estuvimos follando durante horas. No recordaba haber tenido tanto sexo de una vez, ni sabía que el cuerpo podía aguantar tanto. Pero no quería parar. Mientras follaba no pensaba en otra cosa. Después de ducharnos, esta vez primero una y luego la otra, me dijo si podía quedarse a dormir, para no tener que salir a esas horas. No me pareció mal. Nos metimos en la cama. El cansancio me hizo un favor y no tardé en dormirme.
<------------------------->

Ir a:     Inicio          Capítulo 5            "Ella es Mía"          Capítulo 7

@MamaoMami

No hay comentarios: