Relato: Ella es Mía (capítulo 5)

martes, 14 de junio de 2016
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Mía

-  ¡Marc! ¡Llegamos tarde!
- ¡Ya voy!

No sé cómo lo hacía para que siempre tuviera que esperarlo. Normalmente es el chico el que tiene que esperar, pero con él no había manera. A última hora le faltaba peinarse, la colonia… siempre había algo.

Llevábamos un par de meses viviendo juntos. Dejé mi piso y me fui al suyo, era más grande, tenía una terraza en la que Grey se lo pasaba genial. La cosa iba bien. Al principio todo parecía un poco extraño, saliendo con el hermano de mi ex, pero no lo pensaba mucho, cuando mi madre o Javier intentaban sacar el tema lo evitaba, y él nunca me hablaba del tema. Marc no hablaba mucho de sentimientos ni nada parecido, muchas veces, lo agradecía.

Estaba segura de que Ella ya era historia en mi vida, ahora formaría parte de ella pero de otra manera. No había tenido ningún contacto desde que se había ido, y cuando hablaba con su hermano tampoco se decían gran cosa. Marc me ofrecía la estabilidad que yo quería, pensé que con eso me bastaba. No puedo decir que lo amara como a su hermana, siempre creí que nunca volvería a amar igual, así que me conformaba, era feliz a mi manera. Además, desde esa mañana veía la vida de otra manera, ya no podía pensar sólo en mí.

- ¿Quieres que lo digamos esta noche?
 Me gustaría esperar un poco más, aún es pronto. Casi ni nos hemos hecho a la idea nosotros.
- ¡Pues tenemos nueve meses para ir preparándonos!

No lo habíamos planeado. No era el momento ideal. Quería tener hijos, pero esperaba que fuera más adelante, aún así me ilusionaba la idea…nos ilusionaba la idea.

Habíamos quedado a cenar con unos amigos. Desde que empezamos a salir juntos, los amigos de Marc me habían tratado como a una más del grupo, creo que ninguno sabía que antes de ser su novia, había sido su cuñada. Cuando quedábamos, hablábamos de temas bastante superficiales, así que nadie me había preguntado sobre mi vida, no eran cotillas, al menos de frente.

Después de una cena, como tantas otras, volvimos a casa. Cuando llegamos, la llave no estaba echada, algo que nos extrañó porque pocas veces, por no decir ninguna, dejábamos la puerta sin cerrar del todo. No podía imaginarme lo que encontraríamos, o a quién.

Ella estaba sentada en el sofá, justo al lado de una foto en la que Marc y yo salíamos besándonos como quinceañeros.

- Hola. Por aquí, todo bien, ¿no?

No esperaba que fuera así cómo nos volveríamos a ver. Qué guapa estaba. Se me revolvió el estómago y salí corriendo al baño. Marc se quedó petrificado. Mientras estaba en el baño, desee quedarme allí encerrada, desee no tener que enfrentarme a nada, a nadie, ni siquiera a mí misma. Oía como hablaban en el salón, y de fondo a Grey lloriquear, habíamos olvidado abrirle la puerta. Saludar a mi peluda me calmó un poco.

- Mía, ¿estás bien?

Cogí aire y dejé de esconderme. Los vi sentados uno al lado del otro, Marc me miraba, Ella me miró, me sonrió. No le pude devolver la sonrisa, sólo tenía ganas de abrazarla y de llorar... tenía ganas de llorar…

- No pasa nada Mía. La verdad es que me ha sorprendido mucho, pero si vosotros sois felices yo también lo soy.
- Gracias.

No sabía qué más podía decirle. Sentí vergüenza, por vivir en su casa, por acostarme con su hermano, por no habérselo dicho, por pensar que la había superado.

Marc me cogió de la mano, y me sentó a su lado.

 Ella, hay algo más que deberías saber.
 ¡Sí! Tenemos una perra.
- No era…
- Se llama Grey. Como Lexie, ¿sabes?

Marc me miró, se dio cuenta de que yo no quería decir nada más. No era el momento, no estaba preparada, aún estaba intentando procesarlo todo. Se me estaban acumulando las emociones, y no tenía ni idea de cómo gestionarlas.

Le dijimos que podía pasar la noche en casa, pero no le gustó la idea. Decidió irse a un hotel, al día siguiente ya nos veríamos para comer. Me decepcionó que se fuera, quería…no sabía ni qué quería, sólo que no se fuera. Marc la despidió y desapareció, siempre he pensado que lo hizo para dejarnos solas.

- Te veo muy bien.
- Lo siento. No era así cómo esperaba que nos volviéramos a ver.
- Tranquila, será que aún no ha llegado nuestro momento.

Y se fue. Me quedé parada detrás de la puerta. Empezaron a caer las lágrimas incontroladas por mi cara. No lloraba yo, creo que era mi corazón.

- Es normal que estés así. Yo tampoco me esperaba que viniera. No me había dicho nada. Mañana estaremos todos más tranquilos.
  
Me metí en la cama sin decir ni una palabra. Mi corazón volvió a llorar. Marc intentó calmarme, pero no quería que me hablara ni que me tocara, no entendía nada, no era yo la que estaba llorando. Yo estaba bien, la había superado, tenía la vida que quería. Al final, cuando vio que no le contestaba, se rindió y dejó de decirme nada.

Era imposible conciliar el sueño, en un día me habían pasado tantas cosas. Una era la más importante, en la que me tenía que centrar, iba a tener un bebé… íbamos a tener un bebé. A eso dedicaría toda mi energía, quería ser madre. Ella sería una tía genial, la típica tía que juega, se los lleva al parque, les compra golosinas… Marc sería un buen padre, un poco infantil, pero lo haría genial. Me pasé la noche pensando en Ella, en Marc, en el bebé, y me olvidé de mí.

Al día siguiente, me levanté agotada, apenas había descansado. Marc hacía como si nada, empezaba a cabrearme su actitud. Pero ¿por qué me enfadaba? ¿por qué tenía que cambiar algo? Nosotros teníamos nuestra vida, estábamos bien. Me repetí eso varias veces, para intentar creérmelo.

Habíamos quedado a comer con Ella en un bar, era mejor un terreno neutral, una comida en casa hubiera sido más incómoda, si cabe.

Estábamos sentados en la mesa cuando llegó, tampoco era muy amiga de la puntualidad. Marc se levantó a darle dos besos, me vi en la obligación de hacer lo mismo. Los dos besos más extraños de mi vida. La última vez que habíamos estado tan cerca, fue la última noche que pasamos juntas. Más de un año después, nos saludábamos con dos besos.

La conversación durante la comida fue normal, sin entrar en detalles. Supongo que ninguno de los tres queríamos saber, ni dar, detalles. Mi cabeza seguía dándole vueltas a los dos besos, porque en realidad me supieron a poco.

- Mía está embarazada.

Marc lo soltó como si nada. Ella se lo quedó mirando, él sonreía. Yo la miraba a ella. Luego lo miré a él.

- ¿Qué te parece?

Y seguía sonriendo. Creo que él se había creído esta aura de normalidad que estábamos fingiendo, como si todo fuera bien y la situación no nos superase a ninguno de los tres.

- ¿Qué que me parece? Pues me parece que me has jodido, pero bien. Volví por ella. Volví por ti, para decirte que no he podido pasar página, que ninguno de mis sueños tiene sentido si no es contigo, que renunciaría a lo que fuera por no volver a separarnos. Y llego y me encuentro, no sólo que te tiras a mi hermano, sino que encima sois felices, y vais a formar una familia. ¿Qué me parece? ¡De puta madre!

Se levantó y se fue. A mi dejó de correrme la sangre por las venas. Ni con el tiempo he podido poner palabras a cómo me sentí en ese momento.  
  
- Pues no sé porque se pone así. Lleva más de un año haciendo lo que le da la gana con su vida. Se pensaba que estaríamos aquí todos con nuestras vidas paralizadas hasta que decidiera a sentar la cabeza. Cómo si fuera tan especial como para que no pudieras superarla.
- Marc, a veces pareces tonto.
 Pero ¿dónde vas?

La seguí. 

Fui detrás de Ella, cada vez caminaba más deprisa. Ni siquiera pensé en llamarla, sólo esperaba que parase y poder alcanzarla. Pero ¿qué le diría? ¿qué lo sentía? No sentía estar embarazada, era lo que yo quería. Ella había hecho lo que quería, viajar por el mundo, crecer en su empresa. Y yo lo que quería, una familia, estabilidad. Las dos teníamos lo que deseábamos, no quería sentirlo. Pero me sentía más triste que nunca.

¿Cómo gestionar esa contradicción de sentimientos? Ni lo sabía, ni tenía tiempo para pensarlo. Ella cada vez se alejaba más, tenía que ir más rápida, pero me faltaba el aliento. Llegamos al puerto, o se paraba en algún sitio o daba media vuelta, fuera como fuese nos encontraríamos, así que empecé a respirar.

Vi como se sentaba en un banco, empezó a llorar. Me quedé quieta. No sabía qué hacer. Quería acercarme, abrazarla, decirle que lo sentía. Sí, lo sentía, sentía que estuviera así, sentía no querer quererla, lo sentía. Quería calmarla. Pero tenía miedo de qué me rechazase, de qué me odiase.

- Lo siento.

Ni siquiera me miró. Seguía llorando.

- Ella cálmate, por favor. No quería que esto fuera así, no quería…
- ¡No querías que volviera! ¡Dilo! Os hubiera ido mejor que no hubiera vuelto. Os hubierais ahorrado tener que pasar por el trago de enfrentaros a explicármelo todo.
 No es eso. Me alegro de que estés aquí.
- ¿De verdad? Yo no lo creo.
- Me dijiste que tarde o temprano nos volveríamos a encontrar, pues aquí estamos.

Me besó. Qué bien besaba. Creo que provocó un cortocircuito en mi sistema nervioso. Me quedé en blanco. Por unos segundos le devolví el beso, luego volví a la realidad y me separé.

- Para. Para. Las cosas han cambiado. Nos hemos encontrado, pero tendrá que ser como amigas. Ahora no puedo.
- Entonces déjame en paz. Ahora no voy a ser tu amiga, y mucho menos tu cuñada.
 ¿Estarás bien?
- ¡Vamos Mía! Nadie se muere por desamor.

Se levantó. Me miró.

- Por cierto, enhorabuena. Es un bebé afortunado.

Mientras miraba como se iba, se me entelaron los ojos. Estuve más segura que nunca, que Ella era el amor de mi vida, pero a veces, el amor no es suficiente. Me quedé mirando el mar, hasta que me fui calmando. Supe que había hecho lo que debía. Era una persona comprometida. No era una persona infiel, y mucho menos en la situación en la que estaba.

Cuando llegué a casa, Marc estaba viendo la televisión.

- ¿Has ido a buscarla?
- Sí. Lo mejor será que estemos un tiempo sin verla. Que pueda digerir todo esto.
- Es mi hermana.
- Lo sé. Estoy segura de que pronto todo estará más calmado.
- ¿Me quieres?
 ¡Claro tonto! ¿Por qué preguntas eso?
- Porque has corrido tras ella, en vez de quedarte conmigo.

Llevaba razón. Ni me había molestado en llamarle en toda la tarde. Sinceramente, no me preocupaba lo que él sentía ni pensaba. Lo que sí estaba segura, era de que él era mi pareja, era mi compañero, mi amante, y no quería que eso cambiara. Me acerqué y le abracé. Él me besó, yo… no sentí nada.

- Deberíamos centrarnos en nosotros. Aún no hemos celebrado el embarazo.

Pensé que se refería a una buena cena, algo romántico, pero cuando empezó a tocarme, supe que estaba pensando en otro tipo de celebración. Como cuando celebrábamos el Año Nuevo, el Carnaval,... las grandes ocasiones, para él. No me apetecía nada, pero me dejé llevar. Le dejé hacer. Supongo que porqué no tenía ganas de que me pidiera explicaciones, no quería que sospechase que mi cabeza estaba en otro sitio, con un poco de suerte podría pensar en nada durante un rato.

Marc no tenía ganas de romanticismo, nada de caricias. Eso sí, me avisó de que había leído que el sexo no era peligroso durante el embarazo. Debió decirlo para que me relajara y le dejara hacer. La verdad es que no me preocupaba el embarazo, que no era peligroso ya lo sabía, lo que me preocupaba es que su manera de celebrarlo fuera follando, sin ni siquiera un beso. Acabó rápido y se olvidó de mí, igual se olvidó de leer la parte en la que ponía, que si yo tenía un orgasmo tampoco pasaba nada. En ese momento supe que le pasaba algo, era un buen amante y pocas veces se olvidaba de mí. Pero no tenía ganas de hablar, así que hice como si nada. Nos dormimos.
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@MamaoMami

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