Relato: Ella es Mía (capítulo 4)

martes, 7 de junio de 2016
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Ella
Cuando salí por la puerta, me di cuenta de que no había pensado que hacer con mi vida a partir de entonces. Estaban los proyectos que me separaban de Mía, pero no los había planteado como una realidad. A partir de entonces ya no tendría excusa. Le fui dando vueltas mientras caminaba. No podía quedarme en Barcelona porque, tarde o temprano, nos encontraríamos y estaba segura que si eso pasaba volveríamos atrás. Así que aproveché la inercia para romper con todo. Seguí paseando hasta casa de mi hermano y le mandé un mensaje a mi jefa.
“Al final me he decidido y me voy. A partir del lunes te mandaré los diseños por email. Hablamos”
No tenía ganas de darle muchas explicaciones. Mi trabajo me daba la libertad de poder hacerlo desde cualquier sitio con un buen ordenador y conexión a la red. Mientras cumpliera los plazos de entrega, no me reclamaban mucho más. 

 ¿Marc?
¡Estoy aquí!

La relación con mi hermano era amor-odio en estado puro, pero siempre estaba ahí para mí. Cuando murió nuestra madre, nos prometimos que siempre nos apoyaríamos. No teníamos más familia cerca. Mi madre llegó a Barcelona cuando se separó de nuestro padre, nosotros éramos pequeños. Y con el tiempo fuimos perdiendo la relación con nuestras raíces. No tuvimos mala relación con mi padre, pero al final ya no teníamos relación, siempre pensé que mamá le hizo un favor yéndose y llevándonos con ella, no era mal hombre, pero prefería ocupar su tiempo en otras cosas. Lo que más echaba de menos eran las paparajotes de mi abuela, no las volví a comer.
Marc vivía solo y me acogía en algunas de mis crisis con Mía. Nos pasábamos horas hablando. Él me convencía de lo buena que ella era y que valía la pena sacrificar lo que fuera. Alguna vez llegué a pensar que él también estaba enamorado de Mía.


- Marc, me voy. Tienes que hacerme un favor.
 ¿Cuál?
- Tienes que pasar por casa de Mía a recoger mis cosas.
- Otra vez estáis igual… Pero ¿qué haces con la maleta?
 Te he dicho que me voy. Y no estamos otra vez igual. Ya no estamos.
- ¡Pero no pensaba que te fueras a ningún sitio que necesitaras la maleta!

Le fui dando explicaciones mientras iba poniendo algunas cosas en la maleta más grande que encontré en el armario. Marc me escuchaba sin decir nada y al final me dijo si me lo había pensado bien. Le dije que no, pero que lo iba a hacer igualmente. Entonces dejó de preguntar y yo de dar explicaciones. Me ayudó a buscar un vuelo a Nueva York. Ya que hacía una locura, la hacía a lo grande. Siempre había querido visitar la ciudad, así que qué mejor manera que instalándome a pasar una temporada.


- Si necesitas algo de dinero, te puedo prestar.
- Tranquilo nene, de momento estoy bien. A ver cómo va…

Cogí un vuelo para esa misma noche. Era un chollo de los de última hora y así seguro que no me daba tiempo de pensar mucho en lo que estaba a punto de hacer. De camino al aeropuerto no hablamos mucho. Lo poco de dijimos fue bastante trivial. Ninguno de los dos éramos de hablar de sentimientos y ese tipo de ñoñeces. Aunque reconozco que tenía un nudo en el estómago, no iba a montar ningún drama. Siempre confié en que los cambios son para mejorar, sea como sea. Evitamos una trágica despedida.

- Llámame cuando puedas y me dices qué tal.
- Sí. No sufras que estaré bien.
- Cuídate Ella.
- Y tú bro.

En menos de doce horas había dejado a mi novia, mi casa, a mi hermano, mi ciudad y estaba a punto de coger un avión que me llevaría a una ciudad dónde no conocía a nadie. Sólo tendría mi maleta. Cuando fui a poner el móvil en modo avión, entré en “Contactos”, “Mía”, “¿Eliminar?”, “Eliminado”. Toda la vida he sido de las que se aprendía los números de teléfono de memoria, pero desde que los guardaba directamente en la agenda ni me fijaba, y el suyo ya lo guardé en la nueva era. Pero era lo que necesitaba, si lo hacía, lo hacía bien. Quería evitar tentaciones.
Ladys and gentlemen, have a good evening. Welcome to flight B341of NYAirlines to JFKAirport in New York City…”
Después de ocho horas de vuelo, había llegado a mi nueva vida. No sabía si la aventura me saldría bien o no, pero sabía que ya nada iba a ser igual. A medida que el taxi se acercaba a la Gran Manzana, se podía ver el skyline de la ciudad. Era como en una película, me sentí excitada. Por un segundo me olvidé de todo y sentí que ahí era el mejor sitio donde podía estar en ese momento. Fue entonces cuando me juré que iba a disfrutar de mi nueva aventura.
Había encontrado un hotel cerca de Columbus Circle que estaba bastante bien. Tenía buena conexión WiFi y tenía habitaciones disponibles. Pensé en instalarme al menos una semana, me encantaba mi trabajo, pero lo que más era que el sueldo me permitiera hacer estas cosas, y ver qué hacía con mi vida.
Después de dedicar medio día y una noche a esquivar el jetlag. Me di una ducha y me fui a pasear por la ciudad. Nunca había estado antes en Nueva York, pero era tal como me la había imaginado. Pasear por sus calles fue como vivir mi propia sitcom. Entré en un bar a comer, hamburguesa típica de esas que se te desmonta en las manos mientras la muerdes, con ese cheddar que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo. En otras ocasiones repetí local para probar sus tortitas con sirope y sus tostadas francesas.
De vuelta al hotel, me paré en recepción a preguntar algunas cosas, gracias mamá por obligarme a ir a inglés. La recepcionista fue muy amable y me resolvió todo lo que pudo. Me dijo que si quería, cuando plegase podría explicarme cosas de la ciudad, tomando algo en el bar.
Por supuesto acepté, no estaba como para ponerme antisocial si quería adaptarme. Pero que inocente fui, sin darme cuenta estábamos en mi cama, desnudas y… ¿qué estaba haciendo? Hacía dos días había hecho el amor con mi novia apasionadamente, y ahora estaba follando con una desconocida en una ciudad a medio mundo de mi casa. Hacía años que no tenía sexo con nadie que no fuera Mía, y la culpabilidad asomó, hasta que la razón me volvió a la realidad: no tenía compromiso y podía hacer lo que me apeteciera. Y sinceramente, eso era lo que me apetecía en ese momento. Sexo sin compromiso, placer por placer, hormonas en éxtasis nublándome la razón. La chica estaba muy bien, además de hacerlo muy bien. Mía también era buena en la cama y los años nos habían ayudado a entendernos a la perfección. Pero para un polvo de una noche quedé bastante satisfecha.
La mañana siguiente no sé ni cómo pasaron las horas. La chica se había ido en cuanto nos despertamos. Me quedé en la cama sin hacer nada y, la verdad, tampoco quise pensar en mucho. Me compré un perrito caliente para comer y volví a la habitación. Estaba en una de las ciudades más fantásticas del mundo, y el tercer día ya me lo pasaba encerrada en mi habitación de hotel. La soledad me hizo acordarme de que le había dicho a mi jefa que le mandaría parte del proyecto el lunes, contando que ya estábamos a domingo por la tarde y con el cambio horario, tenía que espabilarme.

**

Pasé la primera semana y parecía que mi nueva ciudad me había acogido bastante bien. La recepcionista me ofreció una habitación en su piso, que era muy buena opción, ya que para mí era imposible poder aspirar a un alquiler en Manhattan. No nos habíamos vuelto a acostar, pero nos llevábamos bien, hablábamos a menudo. Alguna noche la había acompañado de bares y me presentó a sus amigos.
A mi jefa no le hizo mucha gracia mi locura de mudarme al otro lado del charco, pero mientras cumpliera con los plazos y con el trabajo, no me iba a molestar mucho. Al fin y al cabo no era de su incumbencia.
La segunda semana ya vivía con la recepcionista, tenía el trabajo al día y me dediqué a conocer la isla: Central Park, el Met, el Soho, el Museo de Historia Natural… Cada vez estaba más enamorada de la ciudad y menos de Mía, o eso es lo que yo quería creer.
Una tarde fui a comprarme una cupcake, de esas que tienes que probar casi por obligación, si pasas por la Gran Manzana. Había bastante gente esperando, pero no tenía prisa, así que me puse a la cola. Delante de mí había una chica leyendo un cómic. Nunca me han gustado los cómics, pero como tenía para rato, me lo empecé a mirar de reojo. La chica me pilló, yo le sonreí. Creo que me puse roja, siempre he pensado que leer en lo ajeno, es como entrometerse en su intimidad. Pero a ella pareció no importarle.

- Do you like it?
- Oh… Sorry… I don’t…
- It’s OK! I don’t care.

Estuvimos hablando lo que duró la espera y me invitó a la magdalena. La chica era maja, muy maja... y acabó en mi cama. No era así como quería que fuera mi nueva vida, pero estaba volviendo a mi antigua yo, a la de antes de enamorarme y sentar la cabeza. Siempre me había gustado disfrutar del sexo y ésta sería la segunda de muchas.
No salió huyendo por la mañana, me invitó a desayunar. Solo hacía unas horas que la conocía pero me sentí muy cómoda con ella. Estuvimos hablando muchísimo, contándonos prácticamente nuestras vidas enteras. Pero a medida que íbamos hablando, iba dándome cuenta de cómo había sido mi vida, toda la mierda que me había tocado vivir y las veces que me había compensado. Y, entonces lo supe… ¿qué había hecho?
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@MamaoMami

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